Apuesta integrada al cultivo de la colza

Juan Rusinek empezó el año pasado con 20 hectáreas, hoy siembra 800 e instaló una planta elaboradora de aceite en su estancia de Entre Ríos. Procesan 4.000 toneladas anuales y obtienen 1,20 M de litros.

01deDiciembrede2006a las08:48
Todo al mercado local.Hace un año y medio, Juan Rusinek decidió apostar por el desarrollo agropecuario, y en su estancia Santa María, de 1.300 hectáreas, ubicada en Gualeguaychú (sur de Entre Ríos) emprendió una producción diversificada con soja, ganadería y helicicultura. Buscando una planta similar al nabo, pero que esté disponible en invierno, para la alimentación de los caracoles, descubrió la canola, y este cultivo cambió todo su planteo. Del ensayo de 20 hectáreas realizado en la campaña pasada con la oleaginosa, pasó a sembrar 800 hectáreas, el 62% del total, y a instalar en medio del campo una planta elaboradora de aceite.

En enero de este año lanzó al mercado el producto con el nombre de Krol en dos presentaciones de 250 ml y 500 ml que se vende en dietéticas e hipermercados de todo el país. Hoy la empresa de Rusinek Amerika 2001 es la única abastecedora de este aceite en el mercado interno (produce 1,20 M de litros) y la única que integra toda la cadena de valor: la producción, industrialización y comercialización de la canola, con la certificación ISO 9.000.

Rusinek asegura que el aceite se está vendiendo muy bien, a un precio inferior al de extra virgen de oliva (que tiene un valor superior a los $12) pero más alto que el de girasol (que está entre $4,50 y $6), pero por el momento no hay perspectivas de exportarlo porque si bien la planta no está trabajando con su capacidad a full (actualmente procesa 4.000 toneladas anuales de grano, operando en un solo turno diario), es difícil abastecerse de la materia prima. Este año, le compró toda la producción a sus vecinos entrerrianos, con quienes formó "el club de la canola", una especie de cluster que se reúne mensualmente. Además, salió a comprar en San Luis y Buenos Aires para completar la molienda, pagando un precio más que interesante, unos u$s280, cuando otros demandantes del mercado pagaban u$s260.