Retenciones: errores políticos y técnicos con alto costo oficial
Jugadores de ajedrez ni siquiera muy adelantados saben que cada movimiento propio debe contemplar el que pueda ejecutar el contrincante, y así de seguido mientras dure la partida.
El campo no debiera ser un contrincante del Gobierno, pero está visto que más de un funcionario se plantó ante el tablero como si allí no existieran otros. Y la impericia se pagó con un enorme costo político.
Alguien con más poder que Martín Lousteau compró el primer y generalizado aumento de las retenciones a la soja, sin ver otra cosa que la oportunidad de engrosar la caja oficial. Acaso se hizo con la idea de achicar los fondos que será necesario conseguir para pagar deuda pública, en un mercado visiblemente endurecido. Tal vez, para seguir sosteniendo la cotización del dólar. Siempre, con el conocido principio de que la plata da poder y sujeta aliados.
Se llegó a estimar que, con las nuevas retenciones, este año el complejo sojero podría aportar al Fisco unos 31.000 millones de pesos, cerca de 10.000 millones de dólares. Y que así se cumpliría con una de las aspiraciones primarias de la Presidente: alcanzar un superávit fiscal equivalente a 4 % del PBI.
Inesperada para el Gobierno, la notable reacción del campo, el modo como ella empezó a desgastar a dirigentes y gobernadores oficialistas y a fisurar el frente propio, forzaron una marcha atrás parcial con la medida original. Lo notable fue el discurso con que se pretendió encubrir el repliegue:
