En nombre de la ley, liberen las rutas
Ante una multitud, la Presidenta atacó a los ruralistas en paro: "Son cuatro personas a las que nadie votó"; también acusó a los manifestantes de las ciudades: "Con cacerolas y bocinas no se arreglan las cosas"; llamó a "respetar la democracia".
De repente, el reloj atrasó dos meses y medio. Igual que el 1° de abril, la presidenta Cristina Kirchner se presentó ayer frente a una Plaza de Mayo llena para exigir a los ruralistas aún en rebelión que liberaran las rutas. Los desacreditó, los emparentó con movimientos golpistas y al final los convocó con tono épico a debatir "el acuerdo del Bicentenario".
Tal cual como aquel día la aplaudieron más de 50.000 personas (movilizadas, en su mayoría, por el PJ del conurbano, la CGT y grupos piqueteros oficialistas). También Néstor Kirchner, todo el gabinete, Hugo Moyano, Luis D Elía y casi todos los gobernadores peronistas.
Pero la ilusión de viaje en el tiempo se diluía allí. El conflicto con el campo ya es una crisis política; entre los antagonistas apareció en el discurso "la clase media", que estalló en cacerolazos esta semana; entre los ministros ya no estaba Martín Lousteau, promotor de las resistidas retenciones móviles, y esta vez al matrimonio presidencial el gesto de poder le costó un esfuerzo mayor.
