Negarse a cambiar el rumbo económico es una amenaza

The Economist critica a los Kirchner.

22deAgostode2008a las07:19

A continuación se reproduce un artículo publicado en la última edición de la revista semanal inglesa The Economist sobre la situación económica en la ArgentinaDespués de seis años de rápido crecimiento, la economía de la Argentina se encuentra en su familiar "momento decisivo", en el cual la negativa de la Presidenta a cambiar el rumbo amenaza con volverla más pobre.

Desde que la Argentina comenzó a recuperarse, a mediados de 2002, de un devastador colapso financiero, parece haber desafiado la gravedad económica. El gobierno de izquierda que conduce el país, liderado primero por Néstor Kirchner y luego por su esposa, Cristina Kirchner, violó muchas fórmulas económicas estándar: evitó al FMI y perjudicó a los tenedores de bonos privados; expulsó a las compañías extranjeras y estableció nuevas firmas estatales; impulsó controles sobre los precios e incluso adulteró las cifras de la inflación. No obstante, durante los últimos seis años, la economía de la Argentina creció a una tasa anual promedio del 8,3% (más rápido que cualquier otra economía grande, con excepción de China).

Al fin, parece haberse llegado a un momento decisivo. La desaceleración está cerca, y los oponentes de Kirchner la han predicho durante mucho tiempo. Al compararlas con el mismo período del año último, las ventas minoristas (medidas según el volumen) se redujeron un 10%. En Florida, la calle comercial más importante de Buenos Aires, prácticamente todas las cuadras tienen, al menos, una vidriera vacía. En el sector privado, el empleo todavía crece, pero a la mitad de la tasa del año anterior, según Nicolás Bridger, de la consultora Prefinex. Mientras tanto, se disparó la inflación. Prácticamente nadie cree en el índice oficial, que muestra que los precios aumentaron un 9% en los últimos 12 meses, hasta julio. Las cifras creíbles, que no son las oficiales, establecen que la inflación es del 25%. Al subestimar la inflación, las cifras oficiales también pueden exagerar el crecimiento económico.

Si se suma la reciente caída (de hasta un cuarto de su valor) en los precios de los productos básicos ( commodities ) del país en el mundo, se obtendrán mercados que repentinamente "hacen mucho ruido". Después de años de comprar dólares para frenar la revalorización del peso, el Banco Central ha estado vendiendo la divisa estadounidense para impulsar la moneda. El 11 de agosto, la agencia de calificación Standard & Poor s bajó la calificación crediticia de la Argentina. La prima de riesgo de la deuda pública argentina ascendió a 670 puntos básicos, por encima de la tasa de interés que se paga por los bonos del Tesoro estadounidense. La cifra equivalente para la deuda de Brasil es apenas 240 puntos básicos.

Los temores de que se produzca otro colapso económico similar al del que la Argentina se ha hecho especialista son, de hecho, exagerados. La mayoría de los pronosticadores espera que la economía continúe creciendo, pero a una tasa más moderada del 4-5 por ciento, en el año 2009.

"El período de hipercrecimiento de la Argentina finalizó", dice Miguel Bein, un consultor dedicado a la economía. El país todavía disfruta de un superávit presupuestario y comercial. Pero, por consentimiento común, mantener estos superávits y planificar un suave aterrizaje requiere cambios en la política. Y allí yace la duda.

El Gobierno infló el crecimiento, estimulando así la demanda con aumentos de sueldo, controles de precios, un peso subvaluado y obras públicas. Esta fórmula funcionó durante mucho más tiempo de lo que esperaban los críticos. Pero esto generó grandes distorsiones. La inflación afectó el valor real de los salarios y de las ganancias, provocando un nuevo incremento de la pobreza.

Las políticas energéticas y agrícolas del Gobierno ocasionaron problemas p

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