Pago al FMI y al Club de París: del ‘viento de cola’ a la ‘tormenta de frente’

¿Por qué tanto los precios de los bonos y las acciones no han respondido positivamente luego del anuncio de una futura cancelación de la deuda con el Club de París?.

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05deSeptiembrede2008a las07:52

En el gobierno se pensaba que el anunció generaría una fiesta en los mercados similar a la que provocó el anuncio de la cancelación con el FMI. Pero el momento del anuncio no ha sido el adecuado dado que el escenario financiero internacional y el local se han modificado drásticamente. El gobierno y sus asesores no han advertido que el “viento de cola internacional” que había a principios del 2006 se ha transformado en una especie de “tormenta perfecta de frente” que amenaza no sólo a la Argentina.

La cancelación de la deuda con el FMI en enero de 2006 implicó una mayor confianza. Eso se tradujo en una reducción del riesgo país y un crecimiento a tasas chinas. Luego del pago el gobierno recompuso sus reservas internacionales en solo 9 meses. En ese entonces el gobierno argentino colocaba títulos a Venezuela a una tasa del 7,5% anual y mientras que en la última colocación debió pagar 15,5%.

En aquel entonces el dólar se apreciaba frente al euro mientras que ahora se devalúa, el precio de las commodities subía constantemente mientras que en la actualidad cae sin piso a la vista, el mundo crecía a tasas anuales superiores al 6% en promedio y la inflación estaba bajo control en el mundo. Hoy el temor está centrado en un escenario mundial complejo. Esta especie de “tormenta perfecta de frente” se compone de a) una crisis financiera hipotecaria en EE.UU. y Europa sin resolver, b) la abrupta caída en las tasas de crecimiento en la mayoría de los países del mundo, c) un aumento generalizado de la inflación.

En el ámbito local, la teoría del desacople que esbozaba el gobierno desde los tiempos de Martín Lousteau se ha caído. La tasa de interés BADLAR para grandes depósitos está en el 15% anual, el triple de la del 2006, el superávit fiscal se ha reducido de 4 a 2,5 puntos del PBI, la tasa de crecimiento económico cayó luego del conflicto con el campo y el tipo de cambio ha perdido competitividad por la suba de la tasa de inflación que no mide el INDEC. Por otra parte, las reservas se reducen a diferencia de aquel entonces en que crecían desmesuradamente por las compras del BCRA.

En lo que respecta a las reservas, se debe advertir que hace solo unos días el presidente del BCRA, Martín Redrado, expresó que el país debía tener “colchones de liquidez para afrontar momentos futuros difíciles”. En los 20 días posteriores al arreglo con el FMI el valor del dólar pasó de 3 a 3,12 pesos. Ante tanta incertidumbre es probable que la situación se repita.

¿Cómo se entiende entonces que el gobierno se quiera desprender de una parte de sus reservas líquidas en un momento en que caen? Una baja en el monto de las reservas puede implicar una devaluación del peso en el futuro por una caída en el respaldo que las reservas le dan a los pasivos del BCRA. Tampoco ayuda que en el futuro el 80% de las reservas sean papeles que el Tesoro sin cotización en los mercados. Si no se recupera la confianza es probable que la especie de prueba de amor de voluntad y capacidad de pago que ofrece el gobierno no alcance y los mercados le pidan más. Una normalización del INDEC o un arreglo con los holdouts son las asignaturas pendientes luego del anuncio del pago al Club de París que no es un organismo financiero internacional sino tan solo un conjunto de países deudores. Esto es algo que el gobierno tampoco tuvo en cuenta a la hora de decidir el pago. 

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