El Congreso no quiere dar un cheque en blanco y el mercado se impacienta

Paulson y Bernanke pidieron ayer al Congreso que apruebe “urgentemente“ el plan de salvataje financiero. Aun así, hubo objeciones al proyecto, tanto de republicanos como de demócratas. Muy volátil, el Dow Jones cayó 1,5%.

24deSeptiembrede2008a las07:46

El jueves pasado, cuando anunció el plan de salvataje financiero más grande de la historia, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, esperaba que la medida se aprobara al día siguiente. La situación era desesperada: había quebrado Lehman Brothers y los más legendarios bancos de inversión estaban en terapia intensiva. Varios días después, sin embargo, el ambicioso plan de rescate sigue sin obtener el visto bueno del Congreso. La situación ya genera dudas entre los inversores de Wall Street, que temen que el Senado congele el plan de Bush. En este contexto, los principales índices accionarios caen con fuerza. En los últimos dos días esos activos han acumulado bajas que rondan el 6% –la caída más fuerte de los últimos seis años–.

Ayer, el Dow Jones perdió 1,47%, el Nasdaq retrocedió 1,18% y el S&P 500 cedió 1,56%. La volatilidad volvió a ser la característica sobresaliente de la rueda: el índice S&P 500 pasó de terreno negativo a positivo –y viceversa– al menos 25 veces, mientras el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, defendían el plan de salvataje ante el Senado. Mientras tanto, el dólar y los bonos del Tesoro –que habían sido muy castigados el día previo–, repuntaron. La tasa del bono a 10 años cayó de 3,81% a 3,80%, y el dólar se apreció levemente frente al euro y ganó terreno frente a los commodities (ver pág. 2).

“No es algo que he querido pedir, pero es mucho mejor que la alternativa”, dijo Paulson, quien solicitó al Congreso que “antes de que finalice la semana” se autorice el uso de u$s 700.000 millones para adquirir la deuda de mala calidad que intoxica las cuentas de los bancos. Mientras tanto, Bernanke señaló que “los mercados financieros están en una posición bastante frágil, y sin un plan de ayuda, empeorarán”. Para el presidente de la Fed, la situación actual es “muy impredecible y preocupante”, y el plan del Gobierno “es una condición previa para que se recupere la economía”.

Pero aún después de los ruegos de ambos funcionarios, los senadores manifestaron de forma unánime sus dudas e, incluso, un abierto escepticismo ante el proyecto. El senador demócrata de Ohio, Sherrod Brown, dijo que él y su equipo tienen una opinión “universalmente negativa” respecto de la propuesta de Bush. Mientras tanto, el senador republicano por Kentucky, Jim Bunning, dijo que el plan “sacará el problema de Wall Street pero se lo pasará a los contribuyentes”.

Pese a los desacuerdos, en la audiencia de ayer hubo algunos avances. Paulson aceptó que haya algún tipo de supervisión del uso del dinero, algo que habían exigido los demócratas y que no estaba incluido en el plan original. También dijo que los bancos extranjeros con operaciones en EE.UU. podrán beneficiarse del programa, puesto que ofrecen servicios a los estadounidenses. Lo que aún se debate es cómo se valorarán las deudas de mala calidad que el Gobierno comprará a los bancos. En este sentido, Paulson dijo que usará diversos métodos para marcar el precio de esos títulos, pero evitó ofrecer detalles al respecto. “Va a haber cierta experimentación”, dijo. Los senadores no quieren arriesgar el dinero de los votantes en una operación tan incierta.

El debate continuará en los próximos días, y aunque la discusión se ha puesto difícil, los inversores no pierden las esperanzas de que para fines de la semana el proyecto se aprobará. “Es clave que el plan obtenga el visto bueno pronto: la situación financiera requiere ayuda inmediata”, dijo un operador.

 

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