El dólar del 2009, la gran angustia de los argentinos

Los economistas creen que es en este contexto es muy probable que el tipo de cambio suba. Sin embargo, pocos prevén que Redrado lo deje trepar de golpe. En el Central reconocen que, más allá de las ventajas fiscales y comerciales de un dólar alto, no hay que perder de vista el impacto que una escalada de la divisa tiene sobre la inflación, los salarios y depósitos. Arriesgan $ 3,60 para todo 2009.

17deOctubrede2008a las07:52

“Pensá en verde” es el eslogan que usa una conocida cerveza, pero que se aplica a la perfección entre los argentinos a la hora de ahorrar, incluso hasta exacerbarse como principio indiscutido en los momentos de turbulencia. Ahora, ¿qué creen los expertos que puede suceder con el dólar en el mediano plazo? Con un escenario internacional que está plagado de incógnitas aun para los hacedores de política de los principales países del mundo, es ingenuo pensar en proyectar hoy un número ideal de tipo de cambio para el próximo otoño (la historia reciente nos muestra que las tendencias empiezan a definirse en el mercado local en los últimos meses en el verano). Lo más probable, coinciden los economistas locales, es que después del verano tengamos un dólar algo más fuerte. Pero, al mismo tiempo, prácticamente ninguno cree que el Banco Central (BCRA) favorezca saltos abruptos.

“Lo que sucede es que el BCRA está en una trampa: hay miedo de que una devaluación rápida haga disparar la inflación, que complique aún más la necesidad de financiamiento y que produzca una corrida hacia el dólar. Deslizar el dólar más rápido puede traer más problemas que soluciones”, explicó Gabriel Sánchez, de IERAL Fundación Mediterránea. “Pero hay que ver también qué pasa con las monedas de Brasil y de Chile. Si el dólar se queda en 2 reales, la presión para devaluar se va a contener en el mercado local, pero si alcanza los 2,20 o 2,30 reales, habrá que acentuar la depreciación del peso”, advierte, por otro lado.

Hoy el tipo de cambio real multilateral está en torno a los $ 1,65 (contra $ 2,25 de hace algunos meses), mientras que el bilateral con Brasil volvió al promedio histórico, que prácticamente no deja ventaja cambiaria para la Argentina. Francisco Susmel, socio de la consultora Río Bravo Inversiones, es de los que cree que la evolución del peso estará atada a la de las monedas de nuestros socios comerciales. “Por estos días, los países como Brasil están viendo como el valor de sus monedas se derrumba, pero en la plaza local vivimos una situación distinta. El Gobierno optó por una política de lento deslizamiento del dólar, y es probable que mientras tenga los recursos y la voluntad política seguirá por ese camino”, explica.

En el BCRA, entretanto, defienden a capa y espada la política de “flotación administrada”, que implica amortiguar cualquier suba o baja natural del tipo de cambio. La historia, aseguran en la autoridad monetaria, muestra que el hecho de que el argentino piense en dólares es una traba no menor a la hora de pensar en una devaluación más rápida. “Es una ilusión pensar que con un dólar más alto vamos a tener más recaudación por retenciones, que va a mejorar la balanza comercial y que van a valer más las reservas del BCRA. Porque por otro lado hay que mirar el impacto que una suba podría tener sobre la demanda de dinero y los salarios”, apuntaron desde el BCRA. “A finales de los ‘80 ya vivimos lo que pasa cuando se deja correr demasiado rápido el tipo de cambio”, deslizaron.

Para Dante Sica, titular de Abeceb.com, “la posibilidad de empujar un poco más el tipo de cambio va a estar en función de los precios. Si aflojan y tienden a desacelerarse como ahora, el BCRA tendría margen para empujar más la banda cambiaria para arriba. Ahora, si suben, no hay tanto margen”. Según Sica, la banda para el corto plazo estará en torno a los $ 3,20-$ 3,30.

Pero el éxito de la política

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