Qué pasa en la city porteña: las mil caras de la fiebre del dólar

Vuelven los coleros. Hay casas de cambio que venden más barato pero con cupos o que exigen pedir turno previo para comprar dólares. Los bancos cobran más en filiales.

30deOctubrede2008a las07:47

Que los argentinos pensamos en dólares es, a esta altura, una máxima irrefutable. Más, en momentos de turbulencia como el actual, en los que el tipo de cambio sube unos centavos y enseguida atrae a los ahorristas, con el mismo magnetismo con el cual en la literatura las sirenas embriagaban a los navegantes con sus cantos. No más basta con ver lo que está sucediendo en estos días en la city porteña. En el último mes y medio, el peso se devaluó un 11% a $ 3,39 para la venta –nada comparable lo que perdieron monedas de la región, como el real que ya se depreció más de un 30% frente al dólar–, y ya en los bancos y casas de cambio la dinámica se modifica por completo. Volvieron los coleros a circular por las abarrotadas calles del microcentro y la operatoria de compraventa de divisas se llena de particularidades. A saber:

- Las casas de cambio ofrecen dólares más baratos, pero con cupos. En el microcentro se pueden encontrar pizarras bastante más atractivas que las que muestran algunos de los grandes bancos o incluso de las casas de cambio más tradicionales. Sin embargo, no pocos se sorprenden, después de alguna que otra hora de cola, con que en el mostrador no venden más de u$s 1.000 por cabeza, y en algunos casos, hasta no más de u$s 500. “Esto es porque a veces del Banco Central llaman y sugieren que las pizarras no se suban demasiado. Y nadie quiere regalar sus dólares”, deslizaba un cambista entrado en años. “Aunque también hay otras que lo hacen por su propia lógica de negocios”, agregaba.

- Otras entidades más organizadas directamente les piden a sus clientes que les anticipen las órdenes (cuánto van a comprar o vender) antes de que arranque la rueda. A partir de las 10, ya directamente se los atiende por turno. El “improvisado” que cae a la casa de cambio atraído por el precio que figura en la pantalla o de pura casualidad, y que no tiene un número de reserva, sale tal como entró: con las manos vacías.

- Aunque más allá del precio (muchas veces más caro que el de casas de cambio), muchos individuos se mantienen fieles a los bancos de los cuales son clientes. De ahí que, en varias entidades financieras que tienen grandes redes de sucursales reconocían ayer estaban vendiendo en estos días casi tantos dólares billete como lo hacían en una jornada cualquiera del 2001. “La gente está acostumbrada a comprar dólares en momentos de incertidumbre. Ahora piensa ‘esta película ya la vi’ y, ante la duda, se vuelca al dólar. Esta vez, además, no ayuda el contexto internacional, que es espantoso”, explicaba un operador.

Un poco más lejos de la city porteña (pero no tanto como el Gran Buenos Aires), el dólar que figura en las pizarras se encarece desde 3 hasta 5 centavos. Ayer, por caso, en una sucursal de una entidad extranjera en el barrio de Devoto, en Capital Federal, el dólar se vendía a primera hora de la mañana a $ 3,46, casi cuatro centavos más que lo que podía conseguirse en el mismo banco de primera línea en el microcentro. “En las sucursales se está vendiendo un montón. Pero a los dólares no los puedo regalar. Como banco, tengo que importar los dólares billetes de EE.UU., poner las divisas por adelantado para comprarlos, esperar que lleguen, después trasladarlos a cada sucursal, entre muchas otras cosas”, explicaba el jefe de la mesa de una entidad bancaria de primera línea.

Hasta esta semana, los individuos que, huyendo de la crisis crediticia internacional, querían repatriar parte de los ahorros (la mayoría en negro) que tenían en Europa o EE.UU. se encontraban con que tenían que pagar en casas de cambio comisiones del orden del 8,5%. Esto implica que por cada u$s 100.000 tenían que sacrifica

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