Intensificación: una opción para la rentabilidad del tambo

Los productores lecheros adoptan distintos sistemas intensivos en respuesta al avance de la agricultura sobre superficies que antes se dedicaban a la ganadería; es una salida para enfrentar la baja de los precios y la suba de los costos.

01deNoviembrede2008a las08:27

La recría como parte estratégica de la intensificación

El incremento del valor de la tierra y el avance de la agricultura sobre hectáreas dedicadas a la ganadería configuran un escenario cada vez más obligado para la lechería: la intensificación.

Es una tendencia mundial, y también sucede en la Argentina. Los productores lácteos cambian los sistemas extensivos, basados en pastoreo, por los intensivos de alta suplementación de sus vacas, que buscan aumentar la carga animal por hectárea.

En la cuenca lechera cordobesa, algunos tamberos mostraron a LA NACION su estrategia. Sistemas de corral seco, estabulados, tambo rotativo calesita, riego suplementario o recría intensiva: no hay una receta única; las alternativas para hacer más competitiva a la lechería son variadas.

Intensificar implica hacer un excelente uso de los recursos que se tienen: suelos, instalaciones, forrajes, vacas, personal, administración, etcétera. La elección de la forma depende de las debilidades y fortalezas de cada establecimiento. Hay que tener en cuenta el personal con que se cuenta, el clima, los suelos, la inversión inicial y los costos operativos que demandará.

"Es un proceso que en la Argentina arranca con más demora. El panorama en el corto plazo es incierto y los productores tienen temor de hacer inversiones importantes", dijo Ezequiel Cabona, presidente de la firma DeLaval Bosio.

En la Argentina, el promedio nacional de producción de un tambo por hectárea es de 5200 litros de leche anual, con una carga de 0,8 vaca por hectárea y un rendimiento individual diario de 18,8. En un sistema intensivo, hay una producción anual por hectárea de 15.000 litros, con una carga animal de 1,7 vaca por hectárea y un rendimiento individual de 25 litros diarios. El precio controlado por litro de leche que recibe el productor, la suba de insumos y las retenciones a las exportaciones se conjugaron con el avance de la agricultura para cambiar la ecuación de los tambos.

Corral seco con pendiente
En Las Varillas, Córdoba, Mariano Truccone apostó a un sistema de corral seco en el establecimiento Laguna de Vaca. Es un corral único y las vacas ya no tienen que rotar por los potreros; y es "seco" porque hay pendiente en el suelo que evita que se produzca barro.

"La premisa de este tambo era liberar superficie para la agricultura y aumentar la carga animal para hacer al tambo más eficiente", dijo Truccone. El objetivo de duplicar la carga animal ya se logró: actualmente tienen 1,85 vacas por hectárea. Ahora, aspiran a lllegar a 2,5 vacas por hectárea, una vez que se estabilice el régimen de lluvias.

"Estos sistemas son mucho más rentables pero hay que tomar la decisión de invertir", opinó Trucone y contó que hubo un importante costo por el movimiento de tierra. En total, calcula que hubo una inversión de $700 por vaca. "Ya empezamos a ver los resultados con las 200 hectáreas que se liberaron para la agricultura", agregó.

Los primero a tener en cuenta para este sistema es la pendiente en el terreno. Hernan Re, veterinario asesor, explicó: "La pendiente evita que las lluvias lo transformen en un corral normal donde se producen pisaderos".

En la que solía ser la zona más baja del campo de los Truccone, donde frecuentemente se producían inundaciones, se obtuvo, a partir del movimiento de tierra, una altura de 1,15 metro en el pasillo central con pendientes hacia ambos lados. Se hicieron dos corrales de 60 metros de frente, por 100 de fondo, a cada lado de la calle central.

Los comederos son frontales y, a causa del pisoteo intenso, se hizo una base de cemento de cuatro metros par

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