El agro-clima tiende a normalizarse

El semestre que abarcó el otoño y el invierno de 2008 marcó uno de los episodios de sequía más notables de las últimas décadas en la Argentina, pero aún cuando el agro-clima tiende a normalizarse, existen factores de riesgo, como una nueva carencia de precipitaciones durante la actual campaña agrícola.

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07deNoviembrede2008a las07:28

El extremo sur del área agrícola nacional “continúa recibiendo precipitaciones inferiores a lo normal, lo cual podría representar el peligro que se reactive la sequía, perjudicando el desarrollo de la cosecha gruesa”, señalan los especialistas de la Bolsa de Cereales.

Debido al cambio estacional, el panorama de riesgos para la cosecha fina 2008/2009 “pasó a registrar el peligro de granizo y de tormentas intensas, que podrían complicar la maduración y cosecha”, sostiene el informe, al que tuvo acceso la agencia Noticias Argentinas.

También mencionan que “está generando un fuerte contraste en sentido latitudinal” y que en el norte del área agrícola “se está observando una creciente frecuencia de tormentas intensas, que amenazan con persistir durante lo que resta de la primavera y la mayor parte del verano”.

Entre los nuevos peligros que se ciernen sobre la vapuleada agricultura argentina se encuentran “fuertes excesos hídricos y desbordes de los ríos hacia comienzos del otoño de 2009”.

El fenómeno de la sequía, durante la campaña agrícola anterior, 2007-2008, fue producido por una combinación de varios factores negativos, entre ellos un intenso episodio de “La Niña”.

Pero a partir del inicio de la primavera, se produjo un cambio positivo, gracias al cual el agro-clima comenzó a evolucionar gradualmente hacia un estado cercano a lo normal, que favorecerá el desarrollo de los cultivos pero que no estará exento ciertos riesgos.

CAMBIOS. “La Niña” constituye la fase fría del fenómeno de “El Niño Oscilación del Sur” (“ENOS”), y consiste en un enfriamiento del Océano Pacífico Ecuatorial que reduce el aporte de humedad de la atmósfera y modifica la circulación atmosférica.
Por estas causas, la mayor parte de la Región Pampeana suele sufrir una disminución de las precipitaciones y una amplificación de su régimen térmico, que combina intensos fríos con fuertes calores.

“Paralelamente a La Niña, se produjo un enfriamiento del Océano Atlántico igual de intenso, debido a un vigoroso avance hacia el norte de la corriente marina fría de Malvinas, que desplazó casi totalmente a la corriente marina cálida del Brasil”, sostuvo el informe.

Además, se sumó la actividad solar que atraviesa el mínimo de su ciclo de 11 años, por lo cual la llegada de energía a la superficie terrestre procede a un ritmo inferior a lo normal, lo que determina un aumento de la intensidad de los vientos del sudoeste (Viento Pampero).
Estos vientos soplaron con gran frecuencia y vigor, causando fuertes tormentas cordilleranas y una sucesión de heladas.

La llegada de la primavera permitió que el régimen hídrico evolucione hacia un estado “cercano a lo normal.

El enfriamiento fue reemplazado por un leve calentamiento y el Océano Atlántico incrementó su temperatura debido al avance hacia el sur de la corriente marina cálida del Brasil, que desplazó a las aguas frías de la corriente marina de Malvinas.

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