"A la Argentina le costará más que al resto salir de la crisis"

Segun el economista jefe del Itaú, Tomás Málaga. Para el especialista, el cambio “administrado“ hará sentir más la caída en los precios de las exportaciones. Y poner trabas a la salida de capitales “complicará aún más las cosas“

12deDiciembrede2008a las07:39

La administración del tipo de cambio “a lo Redrado” podría terminar siendo un pesado lastre para salir de la crisis, y dejar a la Argentina aún más rezagada en la carrera por la recuperación frente al resto de sus competidores. En una charla que mantuvo en San Pablo con los principales medios de prensa de Chile, Uruguay, Paraguay y Argentina, el economista jefe del Itaú, Tomás Málaga, advirtió que, sólo por este manejo monetario, a nuestro país le resultará más difícil adaptarse a los cambios que precisan las economías en el contexto actual. Y que las recetas más adecuadas para evitar el impacto deben estar vinculadas a políticas contracíclicas como, por ejemplo, “devaluaciones” significativas que compensen los efectos de la caída que hoy sufren en los precios de sus exportaciones. Algo de eso ya se vio en Brasil, en Chile y en Uruguay; pero no tanto en los países con flotación más “sucia”, como Venezuela y la Argentina.

“Las economías que tienen el cambio flotante, obviamente, van a sentir menos el impacto de la caída de los precios de las exportaciones. Porque, en parte, éstas están siendo compensadas por monedas más devaluadas. Es el caso del dólar en Brasil, que salió de 1,6 reales y ya está en 2,40. Eso, en parte, compensa los márgenes de rentabilidad del exportador, y es una propiedad deseable, bastante favorable, de los sistemas de cambio flotante. Del otro lado, los países que administran el cambio va a tener más dificultades para adaptarse a esta situación”, consideró Málaga.

Desde la semana pasada, en el Gobierno argentino empezaron a sugerir la idea de una nueva “banda de flotación” para el dólar doméstico, que podría ubicarse en torno a los $ 3,50. Eso dejaría al país bastante más rezagado en términos de competitividad cambiaria, frente a los ajustes que permitieron los países vecinos que defienden el cambio flotante: la depreciación del peso argentino fue de apenas el 8% en los últimos tres meses, mientras que la del real brasileño fue del 43% en igual período; la del peso mexicano, 30%; la del peso chileno, 26%, y la del peso uruguayo, 22%.

¿Cuáles son, para Málaga, los países que hoy tienen este gran obstáculo en términos de competitividad? Sólo tres: Argentina, Venezuela y Ecuador (“dolarizado” pero, al fin de cuentas, con tipo de cambio “fijo”). “Ciertamente, a éstos les va a ser más difícil adaptarse. El cambio se ajusta muy rápidamente en Brasil, Chile y Uruguay... pero es más difícil en Argentina. Hay un montón de cosas que pueden hacer para contrarrestar esa situación, como por ejemplo la reducción de impuestos, que la Argentina tendría que administrar con bastante cuidado para no empeorar mucho la parte fiscal. Tiene instrumentos, pero es más difícil”, explicó.

Otra las recetas que recomendó para evitar la desaceleración en la economía es la baja de tasas de interés. Un instrumento que, a esta altura, le resulta bastante más inaccesible a Brasil, que debe sufrir un mayor nivel de inflación doméstica (este año cerraría en 6,3%). “Es probable que cuanto más rápido converja la inflación a un nivel de seguridad, el banco central comience a actuar para reducir las tasas de interés”, opinó. Con todo, el economista del Itaú descalificó medidas que parecen menos ortodoxas, pero que suelen ser más comunes en la Argentina: “Otras recetas, como proteger más a la industria, o poner trabas a la salida de capitales, pueden complicar más las cosas. Los países que pueden usar la política fiscal, deberían usarla en gastos de infraestructura, programas sociales, etcé

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