Futuro carente de esperanzas

Precios bajos y retenciones complican la producción. Políticas en tiempos de crisis financiera.

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13deDiciembrede2008a las08:21

Recién esta semana, luego de un largo periodo de bajas desde que comenzó la crisis financiera en EE.UU. y se extendió al resto del mundo, los precios del maíz y la soja en Chicago cambiaron su tendencia. Al menos eso fue lo que sucedió al cierre de la jornada del jueves pasado.

No se trata de grandes subas pero al menos los mercados han dejado de bajar. El resto de los productores del mundo no están sufriendo las bajas como los productores de la Argentina que deben cargar en su mochila con el 35% de retenciones en soja; el 32% en el girasol, y el 20% en maíz. Con los precios agrícolas actuales este nivel de derechos de exportación hace inviable la producción de soja en el NOA y el NEA. Estamos hablando de más de 4 millones de hectáreas que no podrán tener márgenes positivos.

El girasol queda fuera del mapa productivo pues su rinde de indiferencia supera los 2000 kilos por hectárea y en muchas zonas del país no llegan siquiera a cubrir sus costos de producción. El maíz queda limitado a una estrecha franja en un radio de 150 kilómetro de los puertos y aun así su rinde de indiferencia llega a los 9000 kg/h, considerando producción en campo propio.

La bonanza del sector hasta el 11 de marzo se ha ido evaporando desde que comenzara la denominada crisis del campo y continuará con la peor crisis financiera mundial en toda nuestra historia.

Lo solución para el sector no solo pasa por reducir retenciones si al mismo tiempo se mantienen las restricciones a la exportación. Y esto sucede con el trigo, el maíz, la carne y los lácteos. En esta nueva campaña de trigo tendremos por primera vez en la historia reciente un saldo exportable menor que el volumen requerido para el consumo interno.

Lugar en riesgo
En maíz vamos camino a relegar nuestro importante rol como segundo exportador mundial a manos de Brasil. De continuar las restricciones a las exportaciones del cereal es muy probable que nuestro vecino y socio del Mercosur ocupe por primera vez en toda su historia el segundo lugar como exportador mundial de maíz.

Podemos decir que el plan agropecuario del Gobierno hasta el momento ha sido exitoso si se buscaba reducir las exportaciones de trigo, maíz, carnes y lácteos.

Mientras tanto han quedado en el camino muchos miles de productores y se ha perdido, además, la esperanza de poder construir un país mejor a partir de lo que sabemos hacer: producir alimentos de alta calidad y a precios muy competitivos para el resto del mundo.

Sin caer en el pesimismo y la desesperanza, no alcanza con bajar retenciones si las exportaciones siguen cumpliendo condena. Sólo aplicando una gran dosis de coraje y pragmatismo el Gobierno puede lograr que el sector agropecuario vuelva a ser lo competitivo que llegó a ser muy pocos meses atrás. De lo contrario, la única esperanza que tienen los productores es que los precios agrícolas recuperen por lo menos el 50% de lo perdido, en una batalla global que recién comienza y apunta a ser más prolongada de lo deseado.

Por Pablo Adreani

 

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