La economía global trae deflación y menos déficit comercial

El escenario.

29deDiciembrede2008a las07:36

 En dónde nos encontramos: tomando un planisferio, la marcha de la crisis sigue el sentido de las agujas del reloj. Esto no obedece a factores geográficos sino al rol de cada región en el tren económico mundial. EE.UU. es la locomotora indiscutible que lo impulsa: no tanto por su enorme peso relativo -algo así como el 30% del PBI mundial y unas cuatro veces China y la India sumadas- sino por su condición de importador neto, demandando actividad al resto del globo. La Unión Europea le sigue. Y, a continuación, los países que son exportadores netos de bienes y servicios, entre los que se destacan Japón, los gigantes asiáticos, Taiwán y Corea. La Argentina revista como furgón de cola de este convoy. Los vagones exportadores son traccionados por la locomotora demandante.

Depende, entonces, de dónde estemos ubicados para determinar qué página de la crisis nos encontramos recorriendo. Mientras los estadounidenses ya han avanzado en los primeros capítulos y se van acercando al nudo de la obra, el sudeste asiático se encuentra aún en el prólogo. Dato importante: América del Sur acaba apenas de retirar el libro del estante de la biblioteca. Falta mucho por ver.

La recesión global que habíamos previsto hoy ya está jugada. El desafío será hacer que el reacomodamiento -de eso se trata la crisis- dure lo indispensable y que no sean las acciones pensadas para recuperar la vitalidad las que pongan la economía en un coma prolongado.

Al tiempo que el déficit fiscal estadounidense se cuadruplicaba en octubre, paradójicamente el dólar registró la mayor suba mensual en 40 años. Los rendimientos de los bonos del Tesoro, en tanto, cayeron a mínimos de décadas. La sorprendente apreciación de la moneda y los títulos norteamericanos obedeció al masivo proceso de desapalancamiento global, la grave iliquidez en el sistema bancario y la consiguiente repatriación de capitales.

Las expectativas de deflación también inciden: los precios de los bonos asumen que la habrá durante los próximos cinco años y, por ello, son los de mayor duration lo que más han subido. Las tasas se encaminan a niveles insignificantes, a riesgo de caer en una trampa de liquidez y dejar a la Fed sin munición adicional para estimular la economía.

El déficit comercial ha comenzado a disminuir, de la mano de la revaluación y la caída del consumo. Pero el exorbitante déficit fiscal americano, con los recientes paquetes de rescate y estímulo a la economía, amenaza elevar la deuda pública al nivel del PBI.

Estados Unidos ha gozado de la ventaja de poder emitir deuda a gusto, con particulares extranjeros y bancos centrales de todo el mundo dispuestos a absorberla. Pero, aunque hoy parezca imposible, esa capacidad de colocación tiene límites.

La deuda total -pública, corporativa y de familias- equivale ya a cuatro veces el producto. Sin embargo, la reducción del déficit comercial está dejando menos divisas disponibles en el resto del mundo. Divisas que, hasta ahora, han estado en su mayoría dirigidas a comprar bonos y otros activos estadounidenses.

También la destrucción de riqueza a lo largo y ancho del globo ha devorado excedentes que se colocaban en esos papeles. La necesidad de fondear los diferentes programas de estímulo puede llevar a que los bancos centrales se desprendan de buena parte de sus tenencias de T-bonds.

En la medida en que comience a complicarse el financiamiento público, las tasas largas volverán a despegar y, en el marco de una severa depresión, la Fed podría verse obligada a monetizar deuda. Si eso ocurre, la percepción de dificultades para financiar el déficit fiscal y la emisión monetaria producirán una nueva desvalorización del dólar, lo que acelerará la reducción del déficit comercial.

Ese debiera ser el momento para el oro. Mientras hubiera deflación en dólares (c

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