Los dilemas que afligen a productores y mercados - Por Flavia Rossi (*)

El productor necesita vender sus granos para poder invertir. Si no reclama, no podrá mejorar el clima para hacer negocios. Pero si protesta, pierde la oportunidad de concretarlos. Mientras tanto, sólo la soja parece dispuesta a mantener el precio.

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28deAgostode2009a las07:30

El campo volvió al paro, empujado por un contexto hostil para los negocios. A diferencia de lo que sucedía en marzo del año pasado, esta vez la comercialización ya había parado. El mercado de maíz cámara está prácticamente congelado desde mediados de junio.

La demorada implementación del acuerdo para extender los permisos de exportación hizo retirar a este sector del área de negociaciones. Al no poder cerrar ventas afuera, las empresas no se esforzaron por comprar internamente, dejando sin referencias de precios no sólo al que quería vender su disponible, sino también al que estaba pensando en implantar el maíz nuevo. Sin poder cubrir los costos y sabiendo que es muy probable que la venta a puertos se vuelva a complicar en el 2010, el productor está pensando en hacer un importante recorte en el área a sembrar este año.

Al no saber cuál será la producción, no se puede estimar el saldo exportable; se demora la asignación de ROE (permisos de exportación) y se sigue retroalimentando así el círculo vicioso. El productor quiere producir pero no sabe a qué precio va a poder vender. El exportador quiere hacerlo pero no se sabe cuánto se va a producir.

La demanda es doméstica. Con poca competencia, los consumos aprovecharon para abastecerse. Compraron la materia prima sin recalentar al mercado, preparándose para el regreso de la exportación o para el retorno del conflicto.

Con el trigo sucedió algo parecido. Como la exportación se mantiene retirada, los molinos se estuvieron abasteciendo tranquilos y pagaron por la materia prima menos que las paridades de la exportación; ahora se preparan para trabajar con una semana sin nuevas compras.

El mercado de soja es el que más dinamismo conservaba. China sigue comprando en Estados Unidos, la molienda en ese país se está recuperando y la comunidad internacional teme que el retraso del desarrollo de los cultivos estadounidenses los deje vulnerables frente a las primeras heladas del otoño.

Debido a que Argentina tiene sus propios problemas de escasez, los precios lograron volver a la zona de los mil pesos por tonelada, manteniéndose como uno de los pocos productos del que podían comercializarse lotes grandes.

Nuestro país todavía puede abastecer al mundo, aunque la oportunidad se pierde si nos mantenemos fuera del mercado. En pocas semanas entrará la cosecha estadounidense al circuito y los precios tenderán a aflojarse. El mercado se encuentra así en medio de distintos dilemas: si no reclama, no podrá mejorar el clima para hacer negocios. Si reclama, pierde la oportunidad de hacerlo.

(*) Analista de mercados de fyo.com

La Voz del Interior

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