Con la soja, ojo al piojo

La seca del año pasado impactó en la calidad de la semilla. Cómo evitar problemas que luego se pagan caro.

24deOctubrede2009a las08:24

La campaña de soja ya arrancó. Los que se animan a las siembras más tempranas, ya pusieron primera en la Zona Núcleo. Y muchos se están encontrando con un problema no tan común en otras campañas, al menos para las condiciones promedio de Argentina: el de la calidad de la semilla.

Clarín Rural dialogó con algunos de los principales semilleros de soja, para conocer desde adentro cuál es la situación, en un año en el que la oleaginosa apunta a una superficie récord. Prestar atención a esta cuestión puede evitar desagradables sorpresas.

"La calidad de la semilla se hace en el campo", introdujo Ernesto de Estrada, gerente de producción de semillas autógamas de Nidera. Y, justamente, las condiciones climáticas de la campaña pasada no ayudaron a la hora de favorecer la obtención de semilla de calidad.

"La sequía generalizada, sumada a una humedad ambiente muy baja y temperaturas altas al momento de la cosecha fue una condición totalmente adversa", agregó Martín Mariani, gerente comercial de Bioceres Semillas, empresa que este año se lanza al mercado de soja.

Específicamente, el estrés térmico de marzo, sumado a la baja disponibilidad de agua en los suelos, y una elevada demanda atmosférica por baja humedad, fueron la combinación perfecta para que lotes de soja maduraran de forma totalmente despareja.

"Fue muy común encontrar lotes con 9% de humedad promedio en grano, compuestos por un mix de granos totalmente secos y susceptibles al daño mecánico junto a porotones verdes que no alcanzaron a madurar", agregó de Estrada.

La consecuencia "fue un elevado porcentaje de daño mecánico provocado a campo, lo cual es un mal punto de partida", afirmó Diego Marull, responsable de la semilla de Don Mario. Según Marull, el problema también se agrava por una cuestión de cantidad. "La sequía hizo caer sensiblemente los rindes en muchos lotes de producción de semilla, aun en ambientes de elevadísimo potencial como puede ser Chacabuco, en el norte de Buenos Aires".

Rendimientos de 1000 kg/ha, o aun menores, no sorprendieron a nadie la pasada campaña. En línea con esta visión, Mariani, de Bioceres, sostuvo que "tuvimos un descarte promedio de uno de cada tres lotes destinados a producción de semilla". Eso, sumado a la menor producción promedio, y a un descarte adicional a la hora de procesar las semillas en plantas de acondicionamiento, hacen que las cantidades de bolsas disponibles a la venta sean ajustadas.

Las malas condiciones a la hora de producir semilla se traducen no sólo en un mayor porcentaje de lotes que se descartaron, sino también a una importante caída del poder germinativo (PG) durante el almacenamiento.

"Análisis de PG superiores a 90%, al mes de la cosecha y en silo, puede que hoy se haya convertido -luego de procesado y embolsado- en apenas un 80%", precisó Mariani. Ese es el límite establecido por INASE para la comercialización de semilla fiscalizada.

A su vez, "el segundo aspecto que puede verse perjudicado es la prueba de frío o Cold Test", agregó Marull. Esta determinación mide la capacidad de la semilla de germinar con bajas temperaturas, "lo cual es muy importante en siembras tempranas", agregó el especialista de DonMario. Todo este proceso de deterioro en el tiempo "justamente se explica por el alto valor de daño mecánico que sufrió la semilla, el cual acelera el envejecimiento", precisó De Estrada, de Nidera.

Más allá de estas dificultades, está claro que el mejor refugio para el productor es la semilla fiscalizada. Es decir, aquella producida a campo con destino a semilla y que, por lo tanto, recibió un manejo y control específico a campo, transporte y procesamiento para cuidar su calidad.

"La gran sorpresa se la va a llevar aquel productor que guardó su semilla en el silo bolsa, le

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