Los banqueros locales piensan que lo peor ya pasó pero lo mejor todavía está lejos

Reír o llorar: para quienes conducen las principales entidades financieras del país, el dilema no es nuevo, si bien ha ido in crescendo en las últimas semanas; para el resto de la humanidad, la disyuntiva tiene 2.500 años y ni siquiera la soberbia griega pudo adjudicarse su invención.

26deNoviembrede2009a las07:41

Entre los banqueros que sonríen aliviados, hay una advertencia dictada por ellos mismos (circa 2001): ser optimista en Argentina es sólo para pesimistas recalcitrantes. En rigor, la ortodoxia del negocio financiero exhorta a otras actividades –menos riesgosas y más lucrativas–, como hacer buches de nafta en la esquina del Obelisco mientras se escupe fuego líquido montado en zancos, o dedicarse al bungee jumping y atado de los tobillos lanzarse al vacío desde el Puente Zárate Brazo-Largo.

Es que los números que hoy tienen sobre el escritorio los bancos hablan de un-buen-momento (no Mariano Closs). El sistema financiero local va camino a los $ 70.000 millones en plazos fijo en pesos (nivel superior al del 2008), la dolarización de carteras es un mal recuerdo (aunque la pesificación de las mismas se ralentice), las colocaciones en dólares a plazo fijo están congeladas y la salida de capitales del sistema ha mermado en forma considerable. Incluso el veranito financiero ha dado a luz verdaderos hallazgos políticamente correctos, como las flamantes líneas de créditos hipotecarios a tasa fija con plazos que van de los 2 a los 15 años y un costo financiero que, ¡ay!, ronda el 20% anual. Ergo, la apuesta sigue en pie: mientras en 2007, el sistema financiero prestaba 7 de cada 10 pesos que recibía en depósitos, hoy, 8 de cada 10 pesos han sido volcados a préstamos. Hay más: después de 11 meses de caída, septiembre y octubre consolidaron, según el BCRA, la disminución de la morosidad. La sobreoferta de pesos ha derivado en que las tasas de interés que pagan los bancos a los inversores ya hayan descendido y hoy estén cerca de llegar al dígito (rondan el 10%) aunque en el último mes han descendido más de 1%.

Es más: la perspectiva tampoco retacea entusiasmo y en los bancos estiman que Argentina crecerá en torno al 3% en 2010, aunque acotan que este crecimiento podría ser superior si se mantuviera el comportamiento de los últimos meses de 2009 con un proceso de dolarización nulo y crecimiento de los depósitos. En esta línea, creen que el balance comercial y la cuenta corriente del país se ubicará en niveles récord, y hasta algunos de ellos tienen en carpeta (pero no lo muestran) que el año 2010 mostraría cierta recuperación en materia de actividad agroindustrial –hoy un sector en mora creciente– lo que se transformaría en un factor de impulso sumado a la explosión de la economía brasileña.

Una más grande de arena

Sin embargo, la contracara de tanto calor cortoplacista, la hora del “chalequito”, la furtiva lacrima, es que los problemas centrales que enfrenta la banca no han adelantado. Las cifras que intranquilizan hablan de que hoy, sólo 5 de cada $ 100 del PBI argentino están depositados a plazo fijo (la mayor parte entre 30 y 60 días) mientras que, por ejemplo en Chile, $ 50 por cada $ 100 están depositados en el sistema. El escenario del crédito tampoco le va en zaga, donde sólo $ 11 por cada $ 100 del PBI argentino tienen como destino la financiación, mientras en Chile, el 70% del PBI está en créditos. En esta línea, hay quienes han sacado factor común: 8 de cada 10 países de la región tienen economías con investment grade y ostentan, en promedio, 40% de sus respectivos PBI en crédito, mientras que Argentina no supera el 11%. El deseo que acunan los banqueros es ambicioso: si Argentina lograra reinsertarse en los mercados voluntarios, estiman que no sería imposible lograrlo. Esto provocaría una caída formidable del riesgo, alentaría el ingreso de capitales y normalizaría el mercado del

Temas en esta nota

    Cargando...