Hacia los tambos de carne

El autor sostiene que en la situación actual de la ganadería argentina, que tras varios años de retroceso ahora cuenta con precios favorables, los productores deben aprovechar los conocimientos brindados por la agricultura y la gestión de los tamberos para lograr una producción más eficiente de forraje y más kilos por hectárea. Una intensificación inteligente.

24deSeptiembrede2011a las08:02

Le llegó el momento a la ganadería. Los que hemos podido aguantar los últimos años por ser productores mixtos, tener más espalda o lo que fuere, nos encontramos en un momento de buenos precios que posibilitan encarar la actividad con otro espíritu y hacer las inversiones que tan retrasadas teníamos.

En todos estos años, la brecha tecnológica entre la agricultura y la ganadería se amplió mucho más, se avanzó en agricultura por ambientes, balance nutricional, agricultura de precisión, variedades e híbridos, biotecnología y maquinaria, mientras que en ganadería se redujo fuertemente la siembra de pasturas y además le sacamos a las vacas el poco campo de regular calidad que les quedaba para sembrarlo. La actividad no daba renta y todas las inversiones en ganadería se frenaron esperando “hasta que aclare”.

Mientras que en la agricultura la gente se especializaba en las nuevas tecnologías con gran afluencia de jóvenes entusiastas a la actividad, la cría y recría mantenía un ritmo de trabajo más calmo con gente de mayor edad, de prácticas tradicionales y con muy poco recambio, por ser empleos peor remunerados y con poco atractivo para la juventud.

Todos los analistas nos dicen que vamos a tener muy buenos precios por unos cuantos años más, pero como estamos en Argentina todo puede cambiar, y por eso pienso que este es el momento de hacer los ajustes que los modelos ganaderos necesitan, aprovechando la buena relación de los precios relativos.

Todo lo que se avanzó en agricultura en estos años hoy va a poder ser aprovechado por la ganadería intensificando sus verdeos y sus reservas. Estamos en un período seco y vemos en lugares donde en algún momento hubo un metro de agua, sorgos que dan cinco comidas o maíces de 1.100 raciones o más por hectárea.

Pero el agua puede volver, entonces tenemos dos opciones: no hacemos nada por si viene la inundación, o limpiamos canales y hacemos las obras chicas de sistematización interna, tratando de aumentar el reservorio en los bajos naturales. Los que más velozmente cambien “el ritmo” van a ver aumentar su producción de carne por hectárea, a un mayor costo, pero tendrán mayor renta.

Llegó la hora de la intensificación. Debemos ser cautos con esta palabra, intensificar no es comprar maquinaria (mixer, enrolladora, picadora) o hacer instalaciones de encierro con piso y comederos. La primera intensificación se logra en ser más eficientes en cada hectárea o metro cuadrado de campo. Una vez que seamos muy buenos produciendo forraje habrá llegado la hora de invertir en maquinaria o instalaciones más adecuadas al nuevo modelo diseñado.

Cuando uno recorre campos ganaderos se encuentra con campos bajos, salinos, pelo de chancho, pero también hay algunas zonas con cardos, pasto miel, gramón, bordes de lagunas o lomas chicas perdidas. Estas zonas pueden ser aprovechadas para producir mucho forraje para los momentos de escasez en los que con 2-3 horas diarias de comida (almuerzos) la vaca tiene para todo el día.

La siembra temprana de verdeos (cebadas, avenas o mejor rye grass anual) en otoño y en primavera de sorgos forrajeros y maíces de pastoreo o para silo puede aumentar la carga en estos campos.

Es verdad, hay que trabajar más: dibujar mejor los campos con eléctricos dividiendo lo sembrable del resto, conseguir el sembrador y fumigador que trabaje 40 hectáreas en 5 lotes distintos, entrar y sacar las vacas todos los días, casi como un tambo. Hoy hay que tener el ritmo de los tamberos, ya que en realidad se trata de

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