Toda la potencia de las ideas

Con lluvias de apenas 450 milímetros por año, la estancia Los Venados logró triplicar la carga por hectárea.

22deOctubrede2011a las07:59

Con el corrimiento de la frontera agrícola, poco a poco comieza a descubrirse cómo se hace ganadería eficiente desde los distintas zonas productivas de la Argentina, que quizás antes estaban un poco olvidadas.

Aunque no se tenga en cuenta lo suficiente, al momento de pensar en los principales factores para la producción, uno de los insumos fundamentales para la ganadería es el agua. En la estancia Los Venados, en el sur de San Luis, justamente queda demostrado que la eficiencia puede estar asociada a una administración eficiente del agua, aunque no necesariamente haya una abundante oferta hídrica en el año.

En el campo de cría Los Venados, de 12.600 hectáreas, ubicado en Alto Negro, a 160 kilómetros al sur de la ciudad de San Luis, hay 3.500 madres, sobre 90% de la superficie praderizada con pastos adaptados. El establecimiento cuenta con altísimos índices de preñez, de un promedio superior al 90% y producen su propia semilla forrajera para sembrar en estos ambientes. Una demostración del alto potencial de la región.

El sur puntano es una zona de pastizales, de tipo sabana, que forman el tapiz natural de un relieve levemente ondulado. Estos pastizales, pocos palatables y de baja digestibilidad para el ganado, crecen sobre suelos muy arenosos y con un acumulado de lluvias de solo 450 milímetros por año, concentrados en la estación cálida. Estas características constituyen un ambiente íntegramente ganadero.

Carlos Bossi, asesor responsable de Los Venados, contó a Clarín Rural que esta estancia está formada por tres campos: el primero de ellos, de 7.000 hectáreas, fue adquirido en 1999; el segundo, de 3.800, se compró en 2003, y la última incorporación fue hecha hace tres años, y son 1.800 hectáreas más.

Bossi comentó que antes que la firma La Ñata -que llegó desde Buenos Aires adquiriera esta estancia, él ya asesoraba campos en la provincia de San Luis. Por ello, consideró que el campo tenía un enorme potencial para el desarrollo forrajero. Se trata de una experiencia que vale la pena conocer.

El especialista técnico relató que el primer paso, luego de la compra del campo, fue un convenio de vinculación tecnológica con la estación experimental Villa Mercedes, de INTA, para la introducción de especies exóticas (Ver La siembra...). De esta interacción surgió la incorporación de digitaria eriantha, una especie de origen sudáfricano, que representa el 75% de cada uno de los tres módulos de producción en Los Venados. El restante 25% es de pasto llorón, otra gramínea que ya estaba adaptada a estos ambientes. Con la persistencia, la longevidad y la resistencia al frío de la digitaria, junto a las virtudes del pasto llorón, lograron un salto productivo, dado por el aumento de la carga.

A partir de las pasturas, la carga pasó de 0,1 vaca/ha con pastizal natural a 0,28 vacas/ha, de promedio, con la pradera. Además, Bossi subrayó que el ambiente, estabilizado, tiene un mayor potencial. En un módulo de producción, el más antiguo, la carga alcanza las 0,43 vacas/ha, subrayó.

Otra de las tecnologías que ayudó al cambio productivo fue el pastoreo rotativo. Mediante esta técnica, la hacienda comienza la rotación concentrada sobre lotes de pasto llorón en la primavera, que rebrota antes que la digitaria. Sobre esta pastura se producen las pariciones y las vacas con el ternero al pie comen hasta que el pasto pierde calidad. Luego, la hacienda pasa al módulo de digitaria, entre enero y febrero, hasta el destete del ternero y con las vacas, supuestamente, preñadas. En ese momento, la hembra, con menores requerimientos que el binomio vaca-ternero, regresa al pasto llorón que, a pesar de la caída de la calidad, permite mantener esta categoría en gestación.

Así, durante el otoño, Bossi explica que se recuper

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