La producción lechera en ajuste

El estadounidense Stephen Maddox instó a los productores a que busquen una mayor cohesión; desaparecen 250 tambos por año.

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La producción lechera en ajuste
16deJuniode2014a las07:55

Durante su participación en las Jornadas Lecheras Nacionales, organizadas por Todo Agro en Villa María bajo el lema “Puntos críticos, soluciones prácticas”, el genetista y productor estadounidense Stephen Maddox opinó que, tanto en su país como en el resto del mundo “las políticas de precios muchas veces no tienen sentido”.

“Nosotros tratamos de concentrarnos no sólo en el precio, sino que le damos mucha más importancia al margen de ganancia del establecimiento”, explicó ante un auditorio que congregó a más de 500 asistentes, según los organizadores.

Maddox relató que en su país, como en todo el mundo, desde la década de 1980 y hasta 2013 el aumento de la producción de leche ha sido inversamente proporcional a la cantidad de tambos: cada vez menos, más eficientes y con más vacas. “En los últimos 30 años hemos logrado duplicar la producción individual por vaca. Eso es una consecuencia directa de la disminución de los márgenes de rentabilidad”, enfatizó.

Luego destacó que la unión de los productores en las cooperativas, y de ellas entre sí, fue clave para lograr buenos resultados económicos para el sector lechero de California, estado donde tiene sus actividades. Han logrado una gran cohesión para ejercer mayor presión sobre la industria y lograr un precio justo. Al respecto, instó a los productores argentinos a caminar en ese sentido: “La confianza entre los productores lecheros es vital”, dijo, aunque reconoció que “cuando hay dos productores lecheros, hay cinco opiniones distintas”.

El gobierno, un árbitro

Sobre el rol del gobierno estadounidense en materia de precios, señaló que actúa como árbitro, que trata de mediar entre la industria y el productor. Lo hace colectando datos de costos de producción y de lo que puede valer la leche en polvo y sus derivados, y los coloca en una fórmula de la cual sale un precio mínimo que debe respetar la industria. “El gobierno no dice quién es el bueno y quién el malo, sino qué es lo más justo para ambas partes”, precisó.

El caso argentino

Sobre la Argentina, señaló que además de perder oportunidades de exportación a buenos precios, los consumidores pagan por un litro de leche valores iguales o mayores que en California. Maddox recordó que la leche es una commodity regulada por los mercados pero con alta volatilidad de precios, lo que hace que la brecha entre lo que recibe el productor y los valores al consumidor se amplíe cada vez más.

Dijo que aunque los gobiernos intenten poner topes, los precios en góndola siguen subiendo a raíz de esa volatilidad. Y sobre la participación en el precio final, dijo que en California los productores se quedan con el 40 por ciento del valor (en la Argentina, con el 17 por ciento).

El estado de California produce más del 22 por ciento de la leche de Estados Unidos y genera la mitad de las exportaciones, que alcanzan un 17 por ciento de la producción total de 100 mil millones de litros anuales.

De la producción lechera californiana, un 40 por ciento se exporta. Esto es fruto de un proceso iniciado en 1995, cuando se formaron consejos que integraron a productores para mejorar el negocio. Tras superar una serie de disputas internas y entre distintas cooperativas, especialmente respecto del precio de la leche en polvo, se dio la unión de tres cooperativas hasta entonces competidoras que formaron Dairy America, empresa originalmente creada para vender internamente y que cinco años después de creada se enfocó en la exportación; Estados Unidos despegó hacia 2001, cuando dejó de vender excedentes y comenzó a aplicar planes de exportación.

Desafíos locales

Poniendo el foco en la situación nacional, el ingeniero agrónomo Marcos Snyder, ex coordinador de Lechería de Aacrea, y asesor y administrador de empresas lecheras, recordó que el país es el quinto exportador mundial y el de mayor potencial de crecimiento. Junto con Oceanía y Europa Central, Argentina compone las regiones con los menores costos de producción del mundo, donde el sistema pastoril sigue siendo el más económico para producir leche.

No obstante, el país sigue la tendencia mundial de reducción de tambos, que pasaron de 30.141 en 1988 a 11.805 en 2008, con una proyección que indica que para 2018 tendría 9.165, según datos del Senasa. Señaló que la Argentina pierde unos 250 tambos por año, con lo cual se llegará a 2018 con unos mil tambos menos.

Decisiones

Ante este panorama, Snyder señaló que la única opción es producir más y mejor. Para ello, tomando como ejemplo una encuesta realizada entre 189 empresarios lecheros Crea –entidad cuyos asociados producen el 10 por ciento de la leche con el tres por ciento de los tambos argentinos– surge lo siguiente: para lograr ese objetivo, el 74 por ciento de los consultados aumentaría la carga, 95 por ciento la producción individual por vaca y 86 por ciento su escala, siendo sólo un 11 por ciento quienes no harían modificaciones en su esquema productivo.

Además, la mayoría se mantendría en el sistema pastoril, ya que sólo un seis por ciento se pronunció a favor del realizar encierre a corral y ninguno en hacerlo a galpón.

También sobre datos del movimiento Crea, Snyder señaló como tambos de baja productividad a aquellos que producen un promedio de 6.000 litros/hectárea/año y de alta productividad a los que promedian los 17 mil. Los productores que logran este número trabajan en rotaciones más productivas de maíz, sorgo, soja o trigo para grano –como reserva o suplementación– o para pastoreo, junto con verdeos y pasturas. 

Logrado esto, ponen el foco en una fertilización adecuada para maximizar el potencial genético de esos cultivos. Y por último, en el mejor aprovechamiento del forraje, que está íntimamente ligado al aumento de la carga animal. 

Para Snyder, los desafíos para mantener competitivos los tambos, además de la eficiencia en producción de forraje que dé sustento económico al aumento de la escala, incluyen el orden financiero, por la volatilidad de precios y política hacia el sector y mantener bajos los costos. Porque si bien habrá buenos precios para el productor, el encarecimiento de los alimentos obligará a una mayor eficiencia, por el aumento de los costos de alquileres, concentrados y energía.

“Para mantener el mismo nivel de rentabilidad, será necesario crecer un 20 por ciento en volumen de leche producida para el 2020”, destacó. Y agregó que el clima más agresivo achicará las “ventanas” para los laboreos y presionará sobre el bienestar animal y la operatoria general.

Por último, Snyder señaló que la inversión industrial y las políticas apropiadas para inducirlas definirán lo siguiente: si el país se perfila como exportador o se queda abasteciendo el mercado interno y exportando excedentes.

Bienestar animal y agua

Qué hacer para no seguir perdiendo dinero por falta de bienestar animal fue el tema abordado por Emilio Walter y Jorge Ghiano, del Inta Rafaela. Recordaron que dando confort a las vacas aumenta la producción y bajan las pérdidas que –por este concepto y sólo considerando la producción– son de 500 millones de pesos anuales en la lechería argentina. 

Ambos detallaron la influencia del estrés calórico (EC) –un problema crítico– y la forma de mitigarlo a través del manejo del agua, la sombra, la ventilación y la aspersión de las vacas en los corrales de espera y la sala de ordeño. 

Explicaron su medición a través del índice de temperatura y humedad (ITH) que, si supera el valor 68, implica que se registra el fenómeno entre los animales. 

Detallaron que menos del 20 por ciento de los tambos argentinos tiene sombra natural suficiente para todas sus vacas; menos del 30 por ciento, sombra artificial en potreros y corrales; menos del 50 por ciento en los corrales de espera, y menos del 10 por ciento sombra, sistemas de ventilación y aspersión combinados para reducir el EC. 

El costo de inversión de techo de media sombra, ventiladores, picos aspersores y bombas es 660 pesos por vaca, considerando 1,5 metros cuadrados por animal en corral de espera; con lo cual, calculado para 100 vacas, insumiría unos 70.000 pesos.

Producir más

El movimiento Crea califica tambos de baja productividad a aquellos que producen un promedio de 6.000 litros/hectárea/año, y de alta productividad a los que promedian los 17.000. Los productores que logran este número trabajan en rotaciones más productivas de maíz, sorgo, soja o trigo para grano –como reserva o suplementación– o para pastoreo, junto con verdeos y pasturas. Logrado esto, ponen el foco en una fertilización adecuada para maximizar el potencial genético de esos cultivos. Y por último, en aprovechar mejor el forraje, ligado al aumento de la carga animal. 

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