Fuerte dinamismo en el mercado de forrajeras

De la mano del desarrollo varietal, la producción argentina de semilla fiscalizada creció más del 60% desde la campaña 2000/01.

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Hoy las exportaciones de semillas forrajeras superan a las importaciones, un hito. Ampliar la demanda, el gran desafío de una industria estratégica para la ganadería.

Hoy las exportaciones de semillas forrajeras superan a las importaciones, un hito. Ampliar la demanda, el gran desafío de una industria estratégica para la ganadería.

01deNoviembrede2014a las08:42

“El mercado argentino de semillas forrajeras cambió en los últimos años. Aumentó mucho la producción fiscalizada de variedades de clima templado e incluso, desde hace dos años, la balanza comercial es positiva a raíz del incremento de las exportaciones. Pero esto no quiere decir que se haya agrandado el consumo local, por el contrario, éste acompañó los vaivenes de la ganadería. Para seguir avanzando, necesitamos ampliar los mercados internos y externos”, planteó el Ing. Agr. Joaquín González Bonorino, Gerente de Gentos y directivo de la Cámara de Semilleristas, en el Congreso de la Asociación Argentina de Producción Animal, realizado la semana pasada en Buenos Aires. 

La cámara está integrada por 50 empresas que significan el 90% del mercado nacional. “Todas empezamos comercializando semillas identificadas de cultivares públicos y, hoy, para un importante número de firmas, las variedades privadas certificadas, de mayor valor agregado, representan del 50 al 75% de la facturación”, reveló. Y detalló que “el avance fue producto de la inversión en mejoramiento genético y la capacitación de nuestros técnicos para llegar a los ganaderos con tecnologías asociadas a cada material”.

EL MERCADO

La producción de semillas bajo fiscalización del INASE alcanzó en 2013/14 a 16.500 mil toneladas, un crecimiento del 68% con respecto al promedio de las últimas catorce campañas. El dato incluye todas las variedades de alfalfa, lotus, trébol, agropiro, cebadilla, festuca, pasto ovillo y raigrás.

“El incremento está influenciado por el hecho de que algunas especies fueron ingresando al sistema de certificación obligatoria en los últimos tiempos. Por ejemplo, el raigrás anual se incorporó a partir de 2010/11. Pero las que más crecieron fueron el agropiro y el lotus, que no tienen esa exigencia, por lo que su avance está relacionado con el desarrollo de nuevas variedades”,  indicóBonorino.

En cuanto al comercio exterior, la importación siempre estuvo por delante de la producción nacional, algo que comenzó a cambiar en los últimos cuatro años. “Una explicación es que la Argentina solía importar semillas identificadas y, hoy, sí o sí deben ser certificadas, por lo que las compras en el exterior han caído. La otra mirada es que nos supimos adaptar a las reglas de la política económica del país”, explicó el empresario.

En ese sentido, las importaciones se retrajeron de 14 mil a 4 mil toneladas desde 2000/01, lo que significó pasar del 33/36% de la oferta doméstica al 14/17% en nuestros días. “Esta caída no sólo tiene que ver con el crecimiento de la producción nacional, sino con el retroceso del consumo, por cierto, algo negativo”, subrayó.

Mientras tanto, las exportaciones se incrementaron nueve veces a lo largo de la serie bajo análisis, alcanzando actualmente a 6.400 toneladas, de las cuales el 62% corresponde a  raigrás anual.

“Lo más importante es que al principio embarcábamos semillas identificadas y, ahora, hay un mix de cultivares públicos y privados certificados. La mejora genética nos está permitiendo posicionarnos en mercados de valor, algo que nos enorgullece”, dijo Bonorino. En tal sentido, el 50% del total embarcado en 2013/14 se destinó a Brasil y Uruguay, el 24% a la Unión Europea y el 6% a China.

El directivo de la Cámara de Semilleristas piensa que “si las condiciones macroeconómicas volvieran a ser favorables para las importaciones, estás se limitarían a aquéllos materiales para los que la Argentina no tiene aptitud agroecológica. La sustitución vino para quedarse”.

En tanto, el consumo promedió las 22 mil toneladas anuales de semillas durante el período analizado, pero desde hace siete años se ubica por debajo de ese nivel. “De cara al futuro, esperamos expandirnos de la mano de la mejora de los precios de la hacienda. Estamos preparados para ello, siempre trabajamos con stocks abundantes”, apuntó Bonorino.

LOS DESAFIOS

La adopción de tecnología ha permitido que la industria de semillas crezca también en productividad, históricamente baja en el país. Por ejemplo, el raigrás anual, arancó con 400 kg/ha y hoy se llegó a 1.200 kg/ha, aunque en el mundo se obtienen 3.000 kg/ha. “Los conocimientos para alcanzar los niveles internacionales están disponibles, sólo falta adaptarlos al ambiente local. Tenemos la ventaja de producir en predios de mayor escala que nuestros competidores, para aprovecharla hay que lograr la intensificación que este tipo de cultivos requiere”, esbozó.

En síntesis, para Bonorino el consumo de semillas está muy bien abastecido por la creciente producción nacional y por la importación, en disminución. “Tuvimos muchos avances, pero necesitamos agrandar el negocio para mejorar la competitividad. Debemos expandirnos en zonas del país con limitantes productivas, desarrollando semillas y paquetes tecnológicos adecuados. También en el exterior, con variedades argentinas de buen comportamiento agronómico en mercados de valor”, finalizó.

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