Estalló el verano: cómo cuidar a las vacas del calor

En verano, el estrés térmico afecta a los animales en el tambo y baja el ritmo del ordeñe. Recomendaciones para mitigar el calor.

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Los espacios con sombra son claves para que los animales puedan descansar y reducir su temperatura corporal.

Los espacios con sombra son claves para que los animales puedan descansar y reducir su temperatura corporal.

12deEnerode2015a las08:11

En el comienzo del verano, las temperaturas máximas vienen siendo menos extremas que las sucesivas olas de calor que el año pasado, en este etapa, castigaron a los rodeos en los tambos de la cuenca lechera central, que atraviesa el centro de Santa Fe y Córdoba.

Pero no hay que bajar la guardia: el INTA estima que los errores de manejo y la falta de estrategias para mitigar el estrés que sufren los animales por el calor pueden costar hasta 300 millones de pesos en el período que va desde la primavera hasta el otoño.

En el mapa que generan los técnicos del INTA, a partir del índice de temperatura y humedad (ITH), en diciembre hubo muchos días con el semáforo en verde; es decir, con temperaturas máximas que los animales pueden tolerar sin que se generen pérdidas relevantes en la producción diaria de leche.

Es un fuerte contraste con la ola de calor del año pasado, la más importante en un siglo, que generó 22 días seguidos de condiciones de estrés térmico, un escenario que no sólo reduce el ritmo del ordeñe, sino que puede deteriorar el estado corporal del rodeo y hasta provocar mortandad.

Vacas necesitan una temperatura estable

Es que las vacas necesitan mantener una temperatura corporal estable, que se sitúa alrededor de los 38°, para mantener su ritmo de producción. Para lograr ese estado, ponen en funcionamiento distintos mecanismos regulatorios que se ven desbordados cuando la temperatura y la humedad relativa superan ciertos límites y el animal comienza a sufrir estrés.

Como el verano recién está arrancando, todavía hay tiempo para tomar algunas medidas de manejo sencillas que incrementan el bienestar animal y después rinden en la sala de ordeñe.

El INTA Rafaela viene advirtiendo que falta infraestructura en los establecimientos lecheros para amortiguar el impacto de las olas de calor. En este sentido, un estudio que elaboraron Miguel Taverna, Laura Gastaldi, Jorge Ghiano y Emilio Walter, precisó que menos del 20% de los tambos disponen de sombra natural suficiente para todas las categorías de animales y que no llega al 30% la cantidad de establecimientos que cuentan con sombra artificial en potreros o corrales de encierre.

Además, más de la mitad de los tambos no tienen sombra en el corral de espera de la sala de ordeñe y menos del 10% disponen de sombra y sistema de ventilación/aspersión (para duchar a los animales), a pasar de que es una instalación recomendada para reducir el estés calórico.

Analizar el impacto del estres térmico

Cuando un tambero o un veterinario observa un rodeo, hay varios indicadores que toman en cuenta para analizar el impacto del estrés térmico.

En primero lugar, las vacas agobiadas por el calor aumentan su ritmo respiratorio: el normal es de entre 35 a 50 movimientos por minuto y cuando están estresadas superan los 80 movimientos. Además, respiran con la boca abierta -jadean- y la lengua les cuelga de la boca. También es frecuente que la salivación sea excesiva y que pierdan saliva por la boca.

Otra cuestión que delata una situación de estrés térmico es la disminución de la rumia; y también el descenso de la actividad corporal y el menor consumo de alimentos.

Se debe tener en cuenta que los animales más jóvenes son más sensibles que los adultos a las olas de calor. Por su parte, las vacas en ordeñe sufren más que las secas y las vacas de alta producción se estresan a inferior temperatura y son más vulnerables al estrés térmico que las de menor potencial.

Para mitigar las consecuencias del calor en el tambo, los técnicos del INTA Rafaela dicen que es imprescindible invertir en sombras para corral de espera, potreros y corrales de encierro.

Como medida adicional durante las olas de calor, es una buena idea llevar las vacas al corral de espera de la instalación de ordeñe entre las 11 y 12. Allí, es necesario contar con un sistema de ventilación y aspersión. Si esto no es posible hay que mojar las vacas encerradas en el corral de espera durante 20-30 minutos utilizando la manguera de lavado de pisos.

Posteriormente llevarlas a un lugar con alimento, sombra y agua.

En cuento a la infraestructura, los productores deben preguntarse si cuentan con la suficiente sombra para sus animales (ya sea natural o artificial). En los potreros y lugares de encierre debería ser de 3,5 metros cuadrados por animal.

En relación a este punto hay varias alternativas disponibles, que van desde una adecuada forestación hasta inversiones en techos de chapa. También hay tambos que utilizan silobolsas viejas y media sombras como techo provisorio en los corrales de espera y en otros potreros.

El consumo de agua también debe planificarse con cuidado. Una vaca adulta necesita 120 litros de agua por día en verano y un buen acceso a las aguadas. Por eso es clave realizar las inversiones necesarias que garanticen a los animales el acceso a agua fresca, de calidad y en cantidad.

En cuanto a la nutrición, hay que adaptar la ración disminuyendo los alimentos fibrosos e incrementando los concentrados en energía (dieta fría). Y, por último, se deben evitar desplazamientos excesivos del rodeo bajo el rayo del sol.

INFORMACIÓN PARA TOMAR DECISIONES

El INTA elaboró una serie de indicadores que permiten medir el estrés térmico que están tolerando los animales.

El primer indicador que se utiliza para monitorear si las condiciones ambientales son estresantes es el índice de temperatura y humedad (ITH). Cuando oscila alrededor de 72, los animales ya padecen disconformidad térmica. La hora más crítica suele producirse alrededor de las 15, cuando se maximiza la temperatura ambiente.

La relación entre temperatura y humedad es clave, también, para definir la sensación térmica.

Una máxima de sólo 27,5°, por ejemplo, puede generar condiciones de estrés moderado cuando la humedad se acerca al 100%. Pero los riesgos más importantes comienzan cuando el termómetro supera la barrera de los 32,5°.

Otro indicador importante es el Índice de Ganancia de Calor (IGC), que considera, además de la temperatura y la humedad, la radiación solar y la velocidad del viento, dos variables climáticas que también inciden en el confort térmico del animal.

Para seguir de cerca esta información, el INTA Castelar y el INTA Rafaela emiten un boletín semanal con estos datos que se puede consultar en esta página web.

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