Alta tecnología se mete de lleno en el negocio ganadero

El engorde a corral de José Luis Triviño, en Magdalena, Buenos Aires, incorpora a fondo la tecnología para ganar en productividad.

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Incluyen drones para diversas tareas y equipos de riego.

Incluyen drones para diversas tareas y equipos de riego.

18deMayode2015a las08:11

La mayor competitividad que exige el negocio agropecuario estimula la adopción de tecnologías orientadas a aumentar la eficiencia del manejo. Y cuando ésta depende de la precisión, son clave las herramientas innovadoras, que reduzcan la variabilidad.

Así lo entendió el feedlot Tajsa. En la estancia Santa María, en la localidad de Magdalena, provincia de Buenos Aires, tiene base este interesante engorde a corral que, con un manejo ajustado, engorda y termina 22.000 cabezas por año. Y que está incorporando hasta los drones para darle una interesante vuelta de tuerca al manejo del sistema.

Además de Santa María, el campo propio, también trabajan en la estancia La Armonía, un campo de cría alquilado de 1.500 hectáreas, a 40 kilómetros del primero, al que sueñan con monitorear con cuadricópteros (drones).

“El objetivo principal de la empresa es transformar todo el alimento que producimos, o compramos, en carne. Para nosotros es muy importante, ya que dependemos exclusivamente del valor agregado que le damos a ese alimento y principalmente porque la comercialización de hacienda es nuestra única fuente de ingresos”, le cuenta José Luis Triviño, dueño y gerente general de este planteo familiar, a Clarín Rural, mientras camina entre los corrales.

Triviño es ingeniero civil y se inclinó a la producción ganadera cuando los negocios familiares, ajenos completamente al agro, atravesaban una fuerte crisis en el 2.000. Su puerta de entrada fue la ganadería, y el engorde a corral el nicho que ocuparon.

El productor todavía recuerda sus primeras visitas al Mercado de Liniers para comprar hacienda. En esos momentos, sin tener todavía un animal pero con la firme intención de dedicarse a la ganadería a corral, fue uno de los emprendedores que se anotaron como integrantes de la Cámara Argentina de Feedlot, cuando esta entidad daba sus primeros pasos. Esta semana, Triviño fue reelecto como presidente de la Cámara.

La historia de este feedlot cuenta que en el año 2001 comienza a funcionar con 1.000 cabezas terminadas por ciclo. “Rápidamente -apunta Triviño-, nos dimos cuenta que el engorde a corral es un negocio de escala y dimos un nuevo salto en la cantidad de cabezas terminadas, pasando a las 2.000 por ciclo”. En el 2004, llegan a 4.000 animales, en el 2007 alcanzan los 6.000 animales y, finalmente, desde el 2008, se estabilizan en la terminación de 8.000 cabezas, que es la cantidad que terminan actualmente en cada ciclo.

Desde entonces, destaca el productor, “todo el año y todos los años, contamos con un 70% a 75% de ocupación de los corrales”. Al respecto, consideró: “Estamos llegando a nuestro techo productivo. Contamos con 1.400 madres y por nuestra superficie no podemos sostener más de 1.500. Por eso, estamos buscando otra superficie para alquilar e incorporar otras 1.500 hembras”. Esos son los desafíos de mediano y largo plazo, explicó, y agregó que hoy compran el 85% de los animales que engordan.

Como se dijo, el feedlot es una actividad de manejo preciso. Por eso, el apoyo de la tecnología es clave y en este campo vienen apostando a la incorporación de diferentes herramientas que favorezcan al crecimiento y el manejo de escala.

Triviño explica así las innovaciones: “En marzo terminamos de instalar el equipo de riego que regará tres círculos de 50 hectáreas cada uno. Fue un proceso que demoró un año y queríamos que se terminase en diciembre, para regar los cultivos de verano. Como no pudo ser, las primeras pruebas con el riego las haremos con verdeos de invierno, que luego ensilaremos”, comenta.

Otra de las incorporaciones al equipo de trabajo (la más llamativa) fue la compra de un cuadricóptero, un dron de cuatro hélices.

“Con esta herramienta también estamos haciendo las primeras pruebas. El objetivo es que complemente la tarea de los operarios. Por ejemplo, para el conteo de la hacienda, o para que sirva en el control de labores agrícolas”, detalló.

Y agregó que “si las pruebas son satisfactorias, el objetivo es adquirir otro dron más sofisticado, que recorra mayor distancia, para llegar a la otra estancia. Así, podremos hacer monitoreos sin tener que viajar hasta allí”, se entusiasma.

El aparato, ahora, realiza múltiples tareas, y hasta controla el picado de maíz o la confección del silo (ver fotos más arriba).

Otro de los temas en los que ya está trabajando la firma es en la Cuota 481 (o cuota Feedlot), que abarca a los animales engordados a corral que se exportan con destino a la Unión Europea. Para ello ya compraron las primeras cabezas y, tal como indica la norma, deberán estar cien días en un corral y consumiendo una dieta con alto contenido energético.

En el mercado interno, la firma comercializa de terneros gordos de 310 kilos a novillos de 450 kilos.

Triviño conoce a fondo el desarrollo de su campo y el negocio del feedlot. Por eso puede destacar fortalezas y debilidades. “Es clave el factor humano, porque requiere de ajustes constantes. También es decisivo lograr el máximo valor agregado por kilo de alimento. En este sentido, tenemos la gran ventaja de estar muy cerca de quienes nos proveen todos los insumos. Sin embargo, nuestra pata más débil es la lejanía al núcleo maicero, que nos demanda altos gastos en flete”, concluye el productor.

Cuando el manejo requiere de ajustes precisos y constantes, la tecnología es clave, y aumenta la competitividad. Por eso, esta firma, en plena Cuenca del Salado, está andando (o volando) sobre el camino de la máxima eficiencia.

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