La ganadería apunta a la alta tecnología en la cordillera

Los viñedos y bodegas de primera calidad son las vedettes de la región, pero no son las únicas que sacan provecho del agua de deshielos que llega por las acequias.

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El agua que baja de los deshielos permite sostener sistemas intensivos para hacer recría y terminación de bovinos.

El agua que baja de los deshielos permite sostener sistemas intensivos para hacer recría y terminación de bovinos.

15deJuniode2015a las08:41

En el Valle de Uco -en el centro oeste mendocino- llueven apenas 150 milímetros por año y la aridez es el estado natural del suelo. Pero la mano del hombre supo aprovechar la bendición líquida que baja de la cordillera para transformar el paisaje en un oasis productivo.

Los viñedos y bodegas de primera calidad son las vedettes de la región, pero no son las únicas que sacan provecho del agua de deshielos que llega por las acequias y se distribuye entre las fincas. Bien lo sabe José Moronta, dueño de una finca de 100 hectáreas en la localidad de San Carlos, que con una logística aceitada produce ajo, orégano, papa, pasto y maíz en la mitad de la superficie.

Recientemente, Moronta instaló un sistema para el riego por goteo en los lotes de ajo, uno de los cultivos más comunes en la zona, que rinde aproximadamente 25.000 kilos por hectárea.

La hortaliza se produce durante el invierno, y tras la cosecha Moronta quita todo el sistema de riego para ocupar el lote con maíz para picar, que tiene como destino final la alimentación de un rodeo de 300 cabezas Angus.

La otra mitad del campo, sembrada con alfalfa y verdeos, es destinada al pastoreo de la hacienda. Los animales llegan destetados con 100-120 kilos, provenientes de un campo de cría en San Rafael, al sur de la provincia.

En el establecimiento de San Carlos se hace recría y terminación de novillos, y las dietas varían según las etapas.Tras el destete se les brinda maíz más alimento balanceado.

Segunda etapa de la recría

Luego, al alcanzar los 150-170 kilos, pasan a una segunda etapa de recría en la que se alimentan de un silo de autoconsumo más alfalfa. Por último, cuando llegan a 300 kilos, pasan a un corral de terminación con maíz picado, rollo picado y alimento balanceado. Además, las vaquillonas en recría son suplementadas con orujo de tomate, un subproducto de la agroindustria de la zona que tiene hasta 17 por ciento de proteínas y es de muy bajo costo.

El esquema de Moronta es tan interesante que fue elegido por el IPCVA, hace pocos días, para realizar allí una jornada de capacitación para los productores de la zona.Muy cerca de lo de José Moronta está la finca que su sobrino, Enrique Moronta, maneja junto a su mujer Flavia Di Lernia.

Son 60 hectáreas bajo riego y los fundamentos básicos son los mismos: intensificación y uso racional del agua. Pero hay algunas diferencias en los objetivos finales.

Ellos también cuentan con un campo de cría más alejado de la cordillera, pero en esta finca prefieren, en materia ganadera, dedicarse exclusivamente a la recría, que si se hace con precisión resulta muy atractiva.El 70/80 por ciento de la recría se hace a corral, y se lleva a los animales de unos 120 kilos a 180-200 kilos. Luego son vendidos a feedlots de la zona.

Al igual que José Moronta, Enrique y Flavia producen su propio alimento para la hacienda como parte de una rotación intensiva con verdeos y hortalizas.

“Hacemos mucho maíz para picar, entonces en los meses en los que estamos produciendo papa, zanahoria, cebolla y ajo, como no se puede largar a la hacienda, la tenés en alfalfa y con silo de maíz. En verano se tiene a los animales en menos hectáreas y en el invierno al revés: los tenés en el 70%-80% de la finca comiendo todos los verdeos atrás de la cosecha”, explica Di Lernia.

Además, en la parte agrícola, la pareja hace semillas de girasol para Dow -1.200/1.800 kilos por hectárea-. “Después de trillar se mete verdeos, básicamente alfalfa, avena y triticale, y después se va poniendo zanahoria, papas… En 9 hectáreas de maíz obtuvimos 580.000 kilos de picado”, detalla la productora, y añade que también cuentan con rollos de alfalfa para suplementar.

“La rotación de cultivos te beneficia en que no infestás las tierras y las vas mejorando, tenés mejor calidad de tierra para hacer la chacra y los verdeos. Además, por ejemplo el ajo tiene una fertilización que va de los 800 a los 1.000 kilos por hectárea de abono, entonces ahí incorporamos el guano de vaca”, dice Enrique.

Y José agrega: “El ajo lleva 1.000 kilos de abono por hectárea, por lo que es muy beneficioso para el cultivo posterior”.Entre las claves, los productores destacan la posibilidad de integrar sistemas extensivos e intensivos, aprovechando las virtudes de cada región. “Acá, por producir bajo riego, tenés más volumen de comida por hectárea.

En campo natural necesitás unas 18 hectáreas para tener una vaca, mientras que bajo riego podés tener 8-10 vacas por hectárea”, indica Enrique. Y su mujer remarca: “Los productores han visto que se puede hacer una recría de terneros a corral para sumar valor agregado. Bajo riego, la recría tiene un rendimiento muy importante. La parte principal la tiene la genética; si no tenés genética te cuesta mucho más llegar al fin del negocio”.

Por su parte, José coincide en las bases, y explica por qué él apuesta también por la terminación de los animales. “El mejor sistema en este momento es hacer una recría corta, por los costos de mantenimiento. Ahora, si todos hacemos lo mismo nadie haría un gordo”, dice.

Y destaca: “Hay que tener buena genética, punto fundamental. En materia forrajera, hay que producirla uno por lo menos en un 70 por ciento, porque si no los números no te cuadran. Una hectárea de alfalfa te da 20.000 kilos en el año, y una de maíz para picado da 70.000 kilos en verde y 10.000 kilos en grano”.

De esta manera, conociendo el potencial del suelo y manejando estratégicamente los recursos, los productores mendocinos se animan a producir un menú completo para estar a la altura de los mejores vinos de la zona.

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