La crisis obliga a los tamberos a atrasar el pago de insumos

En plena cuenca lechera del centro de Santa Fe este dato no pasa por alto para las empresas de insumos básicos, como el alimento balanceado para las vacas.

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Turri, de la cooperativa Lehmann, y el productor Pietrobón. Foto: LA NACION / Marcelo Manera.

Turri, de la cooperativa Lehmann, y el productor Pietrobón. Foto: LA NACION / Marcelo Manera.

27deJuniode2015a las10:57

La crisis de los tamberos, que recrudeció con el cierre de establecimientos y un fuerte endeudamiento de quienes aún siguen produciendo, se puede ver en otro indicador: los atrasos en los pagos de insumos, que se cancelan a plazos más largos de lo habitual.

En plena cuenca lechera del centro de Santa Fe este dato no pasa por alto para las empresas de insumos básicos, como el alimento balanceado para las vacas. Los tamberos están desfinanciados. Cobran precios que no cubren los costos, tienen problemas que arrastran de las últimas inundaciones -donde perdieron producción y pasturas- y no pueden pagar a tiempo sus compromisos.

En pueblos vinculados con la actividad, como el caso de Pilar, a 80 kilómetros de Santa Fe, además, se ven más productores en los bancos que hace unos meses. Aquí, donde hay tres bancos, dicen que van a solicitar más plata para cubrir sus necesidades financieras.

"El productor está totalmente desfinanciado. Lo notamos por algunos atrasos en los pagos habituales en las facturas de, por ejemplo, el balanceado. Están con una demora de 30 a 35 días sobre los plazos normales", expresó Gonzalo Turri, gerente general de la cooperativa Guillermo Lehmann.

En la región, esta cooperativa realiza actividades como consignación de hacienda, remates, acopio, venta de semillas y planta de alimentos balanceados para los animales.

"El productor no puede pagar en tiempo y forma la compra de insumos. Por otra parte, cuando vende la hacienda no puede esperar a los plazos de cobro, sino que a los pocos días viene a buscar el cheque. Le anticipamos el cheque. Esto tiene una dimensión que no se veía en los últimos seis meses", indicó.

En esta cooperativa afirman que remataron cuatro tambos en los últimos cuatro meses, dos de ellos de personas que dejaron la actividad y otros dos por motivos de una reorganización.

"Notamos más consultas para evaluar una venta [del tambo], qué decisión tomar, si vender o no y cómo acompañar la gestión", explicó.

Cuando se cierra un tambo, las vacas en producción se venden y suelen ir a establecimientos más grandes. El cierre de tambos y la concentración en establecimientos más grandes se da en todo el mundo, pero aquí en la Argentina esa tendencia se profundiza por la coyuntura de bajos precios y la falta de políticas para la actividad.

En tanto, las herramientas del tambo se venden y el personal debe ubicarse, si logra hacerlo, en otro campo.

El gerente de la cooperativa sostuvo que se endeudan productores que antes no lo necesitaban por su mayor escala. "Esto es un indicador de la coyuntura económica de los tambos", subrayó.

Éste es un momento en que los productores que quieren hacer un maíz para hacer reserva de forraje suelen consultar por la oferta de semillas. Sin embargo, según el ejecutivo, las consultas hoy son "cero".

"Hay un parate en la precampaña de maíz", apuntó.

Para ayudar a los productores, la cooperativa ideó un plan de refinanciación de los saldos deudores y ventajas para la compra de insumos.

Luciano Pietrobón, productor tambero de la zona, contó que está buscando "ajustar los costos internos". Ya paga a más plazos las reservas de forraje. "Antes las pagaba en 30 o 60 días y ahora las postergué a 90 días", detalló.

En su caso, comenzó a armar un tambo nuevo, pero lo frenó "un poco", dijo, porque "el momento es de incertidumbre".

"Necesitamos que la leche vuelva a valer y el productor tenga una mayor participación en el reparto del precio", dijo.

Según la Sociedad Rural Argentina (SRA), por la crisis de la actividad y el desincentivo oficial para el sector en los últimos quince años la producción lechera creció a una tasa anual del 0,23%, diez veces menos que el 2,3 por ciento anual de los últimos cien años.

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