Cómo hacer una buena recría en la zona semiárida

Con un buen manejo de la nutrición, también se puede sumar esta etapa del ciclo ganadero en La Pampa, San Luis y el NOA.

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La ganancia de peso diaria durante la recría, en la zona de Gral. Pico, debería ser de 750/900 gramos por animal.

La ganancia de peso diaria durante la recría, en la zona de Gral. Pico, debería ser de 750/900 gramos por animal.

21deSeptiembrede2015a las08:25

La ganadería argentina quiere afianzar las señales optimistas que ofrece el horizonte con decisiones que permitan multiplicar el potencial productivo. En la región central del país, donde predominan los ambientes semiáridos, el desafío es encontrar el eslabón que permita la inclusión de la recría.

“Lo que se necesita es mejorar la cadena forrajera, mejorar la producción de pasto y el manejo y aprovechamiento de ese pasto, e incorporar técnicas más agresivas en cuanto a sostener cargas más altas, como son la suplementación y demás”, resumió el asesor privado Juan Elizalde en un seminario realizado la semana pasada por el IPCVA en Gral. Pico, La Pampa.

En el evento también disertó Hugo Mario Arelovich, de la Universidad Nacional del Sur, quien mencionó algunas limitantes para los sistemas de recría en las áreas semiáridas y subhúmedas, remarcando en primer lugar el “permanente cambio de objetivos según la coyuntura”, y citando luego algunos indicadores sugerentes.

“No se pudo mejorar el porcentaje de parición, que todavía ronda el 60% y el potencial es del 90%. También impactan los baches forrajeros y el manejo de la alimentación. Deberíamos tener una ganancia de peso de 750/900 gramos por día en la recría”, dijo.

Otro escollo para el crecimiento de la recría, según Arelovich, es “la falta de respeto por la propia biología del animal. Si entendemos cuál es su curva de crecimiento, cuándo tiene la máxima eficiencia de conversión, podemos lograr una recría eficiente en zonas marginales”.

En esos ambientes, la producción de maíz suele estar reservada a los lotes bajo riego, lo que aleja una de las principales herramientas de suplementación. Pero Arelovich mencionó una alternativa factible. “A partir de unos estudios de calidad del grano de avena, encontramos que por la diversidad de genotipos generados en la región podemos tener granos de diferente composición lipídica y de contenido de aceite, lo que podría hacer que algunos granos puedan hacer aportes energéticos casi tan altos como el de algunos maíces y que, además, esos lípidos sean capaces de generar cambios en cuanto a la distribución de la proteína y la grasa en el músculo de la res”.

A su turno, Guillermo Pechin, especialista de la facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Pampa, remarcó la importancia de la calidad del agua en los sistemas de producción de carne, y advirtió que hay que analizarla tanto como la calidad de los alimentos. “El agua puede hacer grandes aportes nutricionales, sobre todo en materia de sodio y magnesio”, aseguró.

Luego añadió: “En las regiones semiáridas de Argentina existen problemas por aguas extremadamente dulces con muy bajos contenidos de sodio y de magnesio. Esto puede ser un problema porque muchas veces el aporte de sodio que realiza el pasto es insuficiente, y el agua podría ser la que cumpla ese papel. También es común en zonas de cría tener aguas extremadamente saladas, con alta carga de sulfatos”.

Queda claro que, si se dedica tiempo y estudio, existen alternativas para que también las zonas semiáridas dejen de ser llamadas marginales.

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