Claves para potenciar la ganadería del árido

El INTA San Luis recomienda el manejo del pastizal para mejorar la eficiencia de los rodeos en la llanura árida cuyana.

Con más de 2 millones de cabezas bovinas, esta zona recibe menos de 450 mm de precipitaciones anuales.

Con más de 2 millones de cabezas bovinas, esta zona recibe menos de 450 mm de precipitaciones anuales.

11deNoviembrede2015a las16:21

El 60% de la región cuyana pertenece a la llanura árida, un área donde las lluvias no superan los 450 mm anuales y que, pese a las condiciones de sequía, la producción ganadera fue en crecimiento durante los últimos 50 años y hoy supera las 2 millones de cabezas. Técnicos del INTA destacan el potencial de la zona y recomiendan el manejo del pastizal como estrategia para aumentar la productividad de los rodeos y asegurar la sustentabilidad del sistema.

“El manejo de los pastizales tiene un rol estratégico para la ganadería bovina de cría y permite ajustar la carga animal para que el sistema sea sustentable y rentable en el tiempo”, afirmó Oscar Terenti, especialista del INTA San Luis.

En Cuyo, la llanura árida –cálida– abarca el oeste de San Luis y las provincias de La Rioja, San Juan y Mendoza y tiene precipitaciones concentradas en verano, las cuales aumentan de oeste a este con registros que oscilan entre los 150 y 450 mm anuales. “En línea con las lluvias, la producción de forraje constituye un sistema estival y exige una planificación para el invierno”, explicó el técnico.

Terenti sugirió planificar los lotes en pastoreo y en descanso a fin de asegurar la disponibilidad de alimento a lo largo de todo el año con una adecuada carga animal. “Es conveniente dividir el establecimiento en lotes de uso estival e invernal, donde el crecimiento acumulado de forraje está seco y se utiliza en estado diferido”, acentuó.

Según datos publicados por el Senasa, el stock ganadero en la región cuyana se duplicó entre 1947 y 2013 hasta alcanzar las 2,1 millones de cabezas en el último año. Por su parte, la participación en el stock nacional registra un promedio histórico del 3 %.

Según datos publicados por el Senasa, el stock ganadero en la región cuyana se duplicó entre 1947 y 2013 hasta alcanzar las 2,1 millones de cabezas en el último año.

Un pastizal más eficiente

Para las zonas más favorables –la franja ubicada entre las isohietas de 350 a 450 mm–, Terenti recomendó adoptar un esquema de ocho hectáreas compuesto por dos hectáreas implantadas con buffel grass o Cenchrus cilliris y seis de pastizal natural. Sumado a una buena distribución de las aguadas a fin de evitar un sobregasto energético por parte del animal, este esquema permite lograr 120 kilos de carne al año y, por ende, un promedio de 15 kilos de carne por hectárea.

“Esta pastura perenne tiene un profundo sistema radicular que le ayuda a resistir el déficit hídrico, no tolera las inundaciones y sobrevive a temperaturas de hasta -5 °C”, describió Terenti. Se trata de un pasto originario de África, India e Indonesia y adaptado a regiones tropicales, subtropicales y templadas con variedades que se ajustan a lluvias desde 250 a 900 mm anuales.