Se especializaron en una raza que marcó un hito en carne y cuentan los detalles: es uno de los primeros animales registrados para ganadería y llegó a la Argentina en 1823
El establecimiento familiar El Campito logró sostener y mejorar una base genética diferencial del Shorthorn, una raza que perdió protagonismo en el país
El origen de El Campito Bordenave se remonta a 1940, cuando el padre de la familia adquirió el campo que marcaría el inicio de todo. Más allá del valor productivo, el establecimiento carga con un fuerte peso simbólico: “Esto tiene un gran valor para nosotros porque fue un gran sacrificio de mi padre y porque fue el inicio”, destaca el Dr. Héctor Montero, del establecimiento "El Campito".
Esa carga sentimental explica también el nombre de la cabaña, que busca honrar ese legado.
El Campito Bordenave
Desde sus comienzos, el rodeo estuvo conformado por animales de raza Shorthorn, con una característica distintiva: uniformidad y consistencia. “Teníamos un rodeo compacto muy bueno”, recordó en el marco de una jornada del IPCVA. Sin embargo, la evolución de la ganadería y los cambios de criterio en selección impactaron de lleno en la raza.
Te pueden interesar mangas para ganado
Durante años, el Shorthorn atravesó decisiones que buscaron modificar su genética: “Por modas, quisieron hacerlo más chico para que fuera más gordo, después más grande para corregir ese error”. Ese proceso, lejos de ser neutro, tuvo consecuencias: “Cuando en biología cambiás algunos parámetros, normalmente se empiezan a quebrajar otras cosas”. Así, se vieron afectados atributos clave como la fertilidad y la calidad, lo que abrió la puerta para que razas como Aberdeen Angus y Hereford ganaran terreno hasta desplazarla en gran medida del sistema productivo.

Lejos de abandonar el camino, en El Campito decidieron apoyarse en lo que tenían: una base genética sólida. Tras el fallecimiento del fundador, un veterinario que recorrió el rodeo fue contundente: “Este rodeo no existe en el país. Es tan compacto y consistente que no lo veo en otros lados. Cuidalo y llevalo adelante”. Ese fue el punto de inflexión.
Sin posibilidad de incorporar toros de alto valor, la estrategia fue apostar a la inseminación artificial. En la búsqueda de genética superior, dieron con un ejemplar que, según especialistas, tenía condiciones de campeón. A partir de allí, el trabajo fue claro: multiplicar esa genética dentro del rodeo y potenciar sus atributos sin perder la base original.
El sistema productivo se organizó en dos líneas: el rodeo general, heredado, y la cabaña, que comenzó a tomar forma con la incorporación de una vaca preñada de pedigree en 2017 y el aporte de semen de toros destacados. Bajo el esquema de “Shorthorn abierto”, fueron absorbiendo genética de pedigree sobre la base comercial, logrando hoy un plantel con fuerte respaldo genético propio.

