¿Recuperar el stock o aumentar la producción de carne vacuna?

De cara al futuro, mejorar la productividad será clave para la sostenibilidad de la empresa ganadera y la reinserción competitiva de la actividad en el mercado internacional, con beneficios concretos para la sociedad.

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No hay que pensar que el nuevo entorno económico traerá por añadidura la mejora, de manera mágica.

No hay que pensar que el nuevo entorno económico traerá por añadidura la mejora, de manera mágica.

18deJuniode2016a las11:07

Desde que se produjo la gran liquidación de 2008-2009, cuando se perdieron más de 10 millones de cabezas o casi la quinta parte de las existencias ganaderas, impulsada por las políticas en boga con el agravante de una sequía histórica, ha sido un lugar común en el sector plantear el objetivo de recuperar el stock.

Ahora que se han modificado los aspectos centrales de la política anticarnes, unificación y liberación del tipo de cambio, eliminación de derechos de exportación y de trabas administrativas para las exportaciones (ROEs), es un buen momento para pensar en el tema que titula esta nota.

Desde mi punto de vista, y tal como han señalado diversos especialistas desde hace tiempo, no caben dudas de que hay que priorizar la producción por animal. Un solo ejemplo basta, EE.UU., con un stock que es 1,8 veces el argentino, produce 4,25 veces más carne vacuna. Es decir, tiene una productividad 2,4 veces mayor. En otras palabras, la Argentina podría producir, con el actual stock, 6,5 millones de toneladas en lugar de las 2,7 millones de hoy.

Este potencial de crecimiento apoca el debate sobre si hay que volver o no a las 60 millones de cabezas que una vez tuvimos. Además, claramente no se puede llegar a semejante nivel de eficiencia de un día para el otro. Por otro lado, en el afán de aumentar la producción de carne, necesariamente el stock crecerá en alguna medida.

Para avanzar en ganadería se requiere progresar en cuatro pilares: alimentación, sanidad, manejo y genética. Con la participación del Estado, en sus niveles federal y provinciales, y del sector privado, empresas y ONG, se pueden articular acciones y planes que ayuden a difundir conocimiento y prácticas que lleven al objetivo, en cada uno de esos cuatro aspectos. El involucramiento de instituciones financieras, públicas y privadas, será esencial para afrontar las inversiones necesarias; aunque hay numerosas prácticas provechosas que no requieren una gran inmovilización de capital.

Las condiciones externas son favorables a esta iniciativa, con un mercado mundial creciente, con precios que no han sufrido como el de otras commodities en los últimos dos años y cuyos pronósticos de largo plazo son muy estimulantes para los pocos países que están en condiciones de cubrir el aumento del consumo mundial.

No se ignora que restan otros pasos para darle al sector una estructura regulatoria que favorezca las inversiones, como el acceso sanitario a todos los mercados del mundo, el impulso a los acuerdos de libre comercio, la lucha contra la evasión impositiva y sanitaria y el mejoramiento de la estructura tributaria. En tanto, para el corto y mediano plazo, será crucial la forma de mantener la competitividad de nuestra moneda frente al ingreso de capitales por inversión directa y blanqueo de capitales.

En síntesis, no hay que pensar que el nuevo entorno económico traerá por añadidura la mejora, de manera mágica. La experiencia argentina en la década de 1990 y el lento avance en los indicadores productivos de nuestros socios del Mercosur muestran que la eliminación de la discriminación negativa a las carnes, que rigió por décadas en los países de la región, no basta por sí sola para asegurar el objetivo, a buen ritmo.

De cara al futuro, mejorar la productividad será clave para la sostenibilidad de la empresa ganadera y la reinserción competitiva de la actividad en el mercado internacional, con beneficios concretos para la sociedad.

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