Cómo hacen maíz de altos rindes los farmers

En Iowa, John Maxwell armó un esquema integrado para producir maíz, soja, leche y tres tipos de carne. Los efluentes, claves en la fertilización.

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Cómo hacen maíz en el corazón del corn belt.

Cómo hacen maíz en el corazón del corn belt.

16deSeptiembrede2016a las08:32

El pueblo de Donahue (Iowa), unos 280 kilómetros al oeste de Chicago, apenas llega a los 350 habitantes, pero es un punto de atracción turística para los productores en el corazón del “corn belt”, el cinturón maicero del Medio Oeste de Estados Unidos. En los últimos años, más de 6.000 personas vinieron a conocer cómo se hace maíz y también a mirar de cerca un tambo robotizado que logra un promedio de 32 litros de leche por vaca y que llegó a ser considerado el segundo en eficiencia en el país de los farmers.

Al timón de esta “granja” de punta está John Maxwell, que recibió a Clarín Rural y a una delegación de más de 150 productores, contratistas y concesionarios de maquinaria agrícola, en el marco de una gira que organizó John Deere Argentina.

En el living de su casa, que construyó él mismo sobre una de las lomas de su campo -también hizo la oficina postal de Donahue-, contó cómo hace agricultura y respondió las preguntas de sus colegas argentinos, a quienes conoce bien porque viajó dos veces a la Argentina. El establecimiento se llama Cinnamon Ridge Farms, algo así como la Granja de la Cresta Canela. Eligió ese color porque es el de las vacas Jersey que conforman su rodeo lechero, de 220 cabezas.

Pero hay que arrancar hablando de la agricultura, en una zona en la que la producción está marcada a hielo por un invierno de entre 20 y 30 grados bajo cero, que dura unos cinco meses y que congela el primer metro de suelo. “La ventaja es que descompone la vida vegetal y la convierte en materia orgánica. También mata todos los insectos, pero nos obliga a usar el arado para que una vez que se va la nieve el suelo se caliente más rápido”, explicó el farmer.

Maxwell siembra el maíz en familia (se turna con su mujer Joan y sus hijos para manejar los fierros) entre el 10 de abril y el 10 de mayo. Cuando termina sigue con la soja, cuya ventana de siembra se extiende hasta el 10 de julio. Como mínimo implanta unas 2.000 hectáreas, de acuerdo a lo que arriende.

El maíz lo siembra a 76 centímetros y distribuye unas 90.000 semillas por hectárea. La soja, a 38 centímetros y con un stand de 360.000 semillas por hectárea. La sembradora está equipada con GPS y trabaja con dosificación variable.

“En maíz, el promedio que logramos es de 15.000 kilos por hectárea. Hace unos años alcanzamos nuestro pico productivo: 20.000 kilos. La soja nos da unos 4.000 kilos por hectárea”, precisó.

Un tercio de la producción de maíz la usa para autoconsumo. El resto se procesa para obtener etanol o baja por el río Mississippi, que está a muy pocos kilómetros, hacia la terminales portuarias del Golfo de México.

La fertilización es un modelo de sustentabilidad: se basa en aprovechar los efluentes y residuos del tambo, la granja porcina y el feedlot. Maxwell tiene medido que aportan todos los requerimientos de potasio, fósforo y micronutrientes que necesitan los lotes. Y en el caso del maíz, el 50% del nitrógeno. El resto se aplica en forma líquida al momento de la floración.

Maxwell apuesta en serio a esta forma de fertilización, al punto que armó dos granjas porcinas totalmente automatizadas, con un crédito blando a siete años, sobre todo para aprovechar los fertilizantes orgánicos que en otros países, incluido la Argentina, son un problema de contaminación y un conflicto con los núcleos urbanos.

Dice que con los efluentes que producen 4.600 cerdos puede fertilizar 200 hectáreas y los animales que engorda ni siquiera son de él. Maxwell los “hospeda” y paga la energía, y el dueño de los cerdos pone el alimento y le da un porcentaje por el costo del alojamiento.

El tambo robotizado sorprende en cada rincón. En primer lugar porque el sábado que lo visitó Clarín Rural se estaba celebrando un casamiento al lado de los “galpones” en los que están estabuladas las vacas en prolijas camas de arena.

La fiesta se pudo hacer porque no hay olor y todo está limpio y ordenado. Desde un salón vidriado se observan las dos alas del tambo. Hay rodillos que “rascan” a las vacas y un robot, que es más enano que un secarropas kohinoor, que les va acomodando el alimento. Con un cebo las atraen cada vez que hay ordeñarlas.

Cada vaca se ordeña entre 3 y 5 veces por día en forma automática. Utilizan semen sexado, para lograr que en las pariciones el 96% de los nacimientos sean terneras. En promedio cada vaca Jersey dura unas 7 lactancias.

Los números están al límite, como en las principales cuencas lecheras argentinas. “Hasta hace un mes estábamos perdiendo plata. Ahora, con una media de 0,45 centavos de dólar por litro (unos 6,70 pesos), salimos hechos”, reconoció Joan.

Es para que un tambero argentino se vuelva loco. Si en este tambo ultraeficiente “salen hechos”, que queda para un productor de la cuenca lechera central de Santa Fe y Córdoba, que cobra 4,20 pesos por litro y encima todavía lucha para superar las secuelas de las inundaciones del otoño.

Maxwell tiene una ventaja más: logra que las vacas Jersey rindan como si fueran Holando y encima con un tipo de leche que tiene un mayor porcentaje de grasa y proteína, lo que le suma valor para las industrias lácteas de su zona.

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