Una nueva tecnología para controlar enfermedades en cultivos

La FAUBA desarrolló una técnica física que permite controlar el 100% de los patógenos más importantes en semillas de soja.

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Esta tecnología se está aplicando a cultivos de interés agronómico para la inactivación de microorganismos, la aceleración de la germinación de semillas y el crecimiento de cultivos.

Esta tecnología se está aplicando a cultivos de interés agronómico para la inactivación de microorganismos, la aceleración de la germinación de semillas y el crecimiento de cultivos.

27deDiciembrede2016a las15:06

La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) desarrolló una tecnología innovadora en conjunto con la Facultad Regional Venado Tuerto de la Universidad Tecnológica Nacional (FRVT–UTN), que a partir de un método físico permitiría mejorar el poder germinativo y el vigor de semillas de soja y otros cultivos, y controlar hongos patógenos de semilla de gran impacto sobre la producción, como Fusarium. Los investigadores destacaron que esta herramienta es amigable con el medio ambiente y adelantaron que podrían comenzar a implementarse en la actividad frutícola.

El proyecto, denominado “Plasma no térmico”, ya llamó la atención de empresas de semillas, aceleradoras de proyectos y otras entidades como la Unión Industrial Argentina (UIA). Además, recientemente obtuvo el segundo premio en la categoría Agrobiotecnología de la Competencia AllTec, organizada por la Fundación Innovación y Tecnología (Funintec), la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB) y el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas – Instituto Tecnológico Chascomús (IIB-INTECH), de la Universidad Nacional de General San Martín (UNSAM) y el CONICET.

El proyecto obtuvo el segundo premio en la categoría Agrobiotecnología de la Competencia AllTec 2016“La competencia nos permitió descubrir que podemos llevar adelante nuestro proyecto no sólo desde una visión científica sino también desde un punto de vista emprendedor”, dijo Karina Balestrasse, profesora de la cátedra de Bioquímica de la FAUBA e investigadora independiente de Conicet, quién está a cargo del proyecto.

Patógenos en semillas

Al tratar de aplicar esta tecnología en semillas, los científicos primero se plantearon el objetivo de controlar patógenos. “Tenemos resultados muy interesantes”, afirmó Balestrasse, y apuntó: “En semillas de soja que estaban infectadas en un 65%, logramos un 100% de recuperación del poder germinativo y el vigor”.

En semillas de soja infectadas en un 65% con fusarium, lograron un 100% de recuperación del poder germinativo y el vigor.

¿Cómo actúa el plasma sobre los patógenos? La presencia de electrones energéticos produce diferentes agentes activos en el plasma (iones, radicales libres, meta-estables y radiación UV, entre otros) sin generar un calor excesivo que pueda dañar a los sustratos. Debido a estas características, en los últimos años los plasmas pudieron aplicarse en disciplinas como la biología y la medicina.

“Estos agentes activos del plasma reaccionan con las biomoléculas destruyéndolas, lo que convierte a las toxinas y microorganismos patógenos en inofensivos. Por otro lado los plasmas no térmicos debilitarían la membrana celular de los hongos, lo que resulta en la inactivación de los mismos”, dijo Ballestrase.

Otros ensayos realizados en 2014 en la Universidad de Pekín, China, demostraron que el tratamiento con plasma aumenta la resistencia de tomate a R. solanacearum (marchitez bacteriana) con una eficacia del 25%, aumentando significativamente la germinación y el crecimiento de la planta en comparación con el tratamiento control.

Hasta el momento, los investigadores encontraron un efecto diferencial sobre los patógenos y la semillas, y siguen estudiando cómo funciona este de acción, para comprender por qué el plasma sólo daña a los hongos.

Apuntan a utilizar la tecnología para tratar diferentes frutos, como los arándanos.

Balestrasse también subrayó que el plasma no térmico sería una tecnología amigable con el medio ambiente, porque luego del tratamiento no quedarían efectos residuales sobre las semillas, como sucede con los fungicidas. Asimismo, adelantó que están comenzando a evaluar la posibilidad de tratar diferentes frutos, como por ejemplo arándanos: “Sería muy fácil de aplicar, porque no es un fruto de gran tamaño y podríamos tratarlo con el prototipo que ya finalizamos. Sólo habría que adaptar la temperatura y las distancias o tiempos de exposición y analizar patologías que puedan disminuir su producción o durabilidad”.

 

 

 

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