La horticultura, ante el reto de aumentar el consumo y la exportación

Agrofy News conversó con el doctor Claudio Galmarini, sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta la horticultura en Argentina.

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Se destinan 600 mil hectáreas a la horticultura.

Se destinan 600 mil hectáreas a la horticultura.

03deOctubrede2018a las08:22

En el marco del 40º Congreso Argentino de Horticultura, organizado por la Asociación Argentina de Horticultura (ASAHO), que se lleva a cabo del 2 al 5 de octubre en Córdoba, Agrofy News dialogó con  el Doctor Claudio Galmarini, uno de los oradores de la jornada.

Galmarini es Coordinador del Programa Nacional Hortalizas, Flores y Aromáticas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), y conoce mejor que nadie el mundo de las hortalizas. Para entrar clima y tomar dimensión de lo que implica el sector, desde La Consulta, una localidad ubicada al oeste de Mendoza, brindó algunas cifras al respecto.

Actualmente en Argentina, se destinan 600.000 hectáreas a la horticultura considerando además, legumbres como el poroto, el garbanzo, la lenteja y la arveja. El 10% se industrializa y el 90% se comercializa en fresco.

“Si bien esta proporción no llega al 2% de la superficie destinada a la agricultura en el país, representa casi el 11% del producto bruto interno agrícola dado que es una actividad intensiva que tiene valor agregado y ocupa gran cantidad de  mano de obra, se calculan 10 millones de jornales al año en la actividad”, resaltó Galmarini.

Según comentó, el 93% de lo que se produce se comercializa en el mercado interno, y el 7% se exporta. De lo que se exporta, los principales rubros son cebolla, ajo, poroto y garbanzo, lo cual alcanza US$ 400 millones anuales.

Duplicar el consumo

Un tema que merece un párrafo aparte es la incorporación de hortalizas en la dieta. Al respecto, Galmarini fue claro y contundente: “Desde el Programa Nacional de Hortalizas del INTA, hemos  estimado que se consumen en el país aproximadamente 140 gramos por habitante por día, y de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se deberían comer 400 gramos por habitante por día y ahí radica una de las oportunidades de la horticultura”. Al respecto, advirtió que esta tendencia de aumentar el consumo no sólo de hortalizas sino también de frutas es a nivel global, por el vínculo que tienen con la salud”.

Según precisó, la ingesta de hortalizas previene la incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles. “Si nos planteáramos duplicar el consumo, llevarlo a 280 gramos por habitante por día sería una oportunidad importante para el sector porque también habría que duplicar la producción para abastecer la demanda del mercado interno”.

¿Por qué el argentino no consume hortalizas?

Son varias las causas. Para el especialista se trata de una cuestión cultural, y argumentó: “Hay que educar a las personas desde pequeñas en el consumo de hortalizas. Además, no sólo consumimos escasa cantidad sino que es poca diversidad, ya que el grueso del consumo normal del habitante en Argentina se concentra en especies como papa, cebolla, tomate, lechuga, y hay más de 50 hortalizas”. Por otro lado, se refirió al precio, y reconoció: “En general no es barato comer hortalizas, y otra variable  es el acceso a hortalizas  producidas con criterios que garanticen su inocuidad”.

Más mercados

Entre alguna de las oportunidades que se presentan para el sector de hortalizas en Argentina, Galmarini subrayó: “Incrementar la exportación de hortalizas diversificando los mercados, porque fundamentalmente nuestro principal comprador es Brasil, casi el 80% de lo que exportamos se dirige a ese destino”.

Al ser consultado en qué otros destinos se podrían colocar las hortalizas argentinas, analizó: Depende de la macroeconomía argentina, con el tipo de cambio actual volvemos a ser competitivos para el mercado europeo por ejemplo con hortalizas como ajo y cebolla; con garbanzo hay posibilidades en el mercado mexicano, y también  es factible exportar otras legumbres como arvejas a la India y a los países vecinos varias hortalizas, como papa, zanahoria, zapallo, entre otras”.

En la misma línea añadió: “Hay exportación de zapallos a Inglaterra, si bien en volumen es poco, pero se puede incrementar siempre que tengamos estabilidad económica y continuidad en la oferta”.

Hacia la formalidad

De acuerdo al ingeniero mendocino, uno de los desafíos es reducir la informalidad del sector. En este sentido, explicó: “Es difícil que el verdulero facture y de ahí para atrás en la cadena.  Hay que mejorar lo que se refiere al registro de los productores”.

Según Galmarini quien cuenta con una amplia trayectoria en el mundo de las hortalizas, hay un esfuerzo desde hace años para formalizar el sector porque tiene grandes ventajas, y al respecto expresó: “Como acceso al crédito, también permite conocer la trazabilidad de lo que consumimos, por ejemplo, saber el origen de una planta lechuga que compramos al minorista, conocer quien la produjo, podría garantizar, si se produjo correctamente, la  inocuidad del producto al consumidor; esto guarda relación directa con la posibilidad de aumentar el consumo porque genera más confianza sobre lo que se compra”.

Otro problema grave es la falta de mano de obra. “Se requiere mano de obra intensiva para algunas labores como la implantación y la cosecha, y en muchas regiones no se consigue, entonces allí aparece como alternativa un  proceso de mecanización acelerada”, aseguró Galmarini.

Pérdida y desperdicio

Actualmente, en el mundo se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos al año que aún se encuentran aptos para el consumo, mientras que en Argentina se desechan 16 millones. Al realizar un desglose de las diferentes cadenas, según Agroindustria, el 45% de las frutas y hortalizas se pierde o desperdicia.

Ante este escenario, Galmarini aclaró: “Las pérdidas son importantes no sólo a nivel de residuo del consumidor sino a través de toda la cadena, hay falta de logística, hay mucha pérdida desde el productor hasta llegar al mercado concentrador y de ahí hasta el minorista, eso explica en parte, la diferencia de precio que se observa entre el productor hasta el verdulero”. Para el experto, las pérdidas en el proceso dependen mucho del tipo de hortaliza, y ejemplificó: “En las perecederas como las hortalizas de hoja, las pérdidas son mayores que en una hortaliza de mejor post cosecha como una papa o una cebolla, pero claramente hay que mejorar la logística, entre otros factores”.

Hacia el final de la entrevista, Galmarini, concluyó: “Aumentar el consumo de hortalizas diversas y producidas siguiendo normas de buenas prácticas, es el camino a transitar en el futuro”, y enfatizó: “Esta vía permitirá no solo mejorar la rentabilidad del productor, de los diferentes actores de la cadena, sino también contribuir a mejorar la salud de la población, por la acción que tienen las hortalizas en prevenir enfermedades crónicas no transmisibles”.

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