Dejó su departamento y se mudó al campo para salvar caballos

Sin saber nada del mundo rural sse animó a empezar de cero rodeado de naturaleza; hoy, Pablo Francovig es el alma de “Pampa y la Vía”, una casa de campo ecológica en Mercedes que recibe huéspedes… y sus caballos

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29deJuniode2025a las20:30

¿Qué lleva a una persona a dejar el ritmo acelerado de la ciudad, con todas sus comodidades, para mudarse al campo sin saber nada de la vida rural? En el caso de Pablo Francovig, la respuesta está en los caballos. Pero también en algo más profundo: el deseo de vivir en armonía con la naturaleza y construir una vida auténtica.

La emocionante historia de Pablo: de la ciudad al campo

La historia de Pablo fue retratada en una emotiva entrevista publicada por el canal de YouTube Viajar en Foco, donde se lo ve en su casa de campo, "Pampa y la Vía", ubicada a pocos minutos del centro de Mercedes, en la provincia de Buenos Aires. Un lugar donde el verde se impone, el silencio es protagonista, y los caballos se pasean con libertad entre visitantes y árboles.

Hasta hace algunos años, Pablo vivía en un séptimo piso del barrio porteño de La Paternal. No tenía contacto con la vida rural ni con animales. “Mi mamá no puede creer que me haya adaptado al campo”, cuenta entre risas, mientras recuerda cómo lo tildaban de "mala onda" sus nuevos vecinos simplemente porque no tenía el hábito de saludar al pasar, algo que en la ciudad casi no se practica, pero que en el campo es una regla de oro.

El cambio comenzó cuando soñó con tener una casita cerca de la naturaleza. Inicialmente pensó en la costa, pero finalmente eligió el campo. Su primer contacto con Mercedes fue a través del famoso Festival del Salame Quintero. Le encantaron la limpieza del lugar, el folclore, los caballos. “Quedé enloquecido con la ciudad”, dice. Poco después, encontró su lugar ideal: un campo a 15 minutos del centro de Mercedes, en plena zona rural.

En ese terreno, Pablo construyó su nuevo mundo. Así nació "Pampa y la Vía", un alojamiento turístico que se define más como un refugio que como una estancia. El lugar tiene un enfoque ecológico: cuenta con paneles solares, pozo de agua, y un uso muy consciente de los recursos naturales. “Acá aprendés a valorar cada gota de agua, cada rayo de sol. No es magia que salga agua de la canilla”, explica.

caballos ciudad

Pero más allá de las comodidades o la tranquilidad del campo, lo que hace único a este lugar son los caballos. Pablo comenzó con cabalgatas en distintos puntos del país, hasta que finalmente decidió comprar los suyos. Primero los mantuvo en un pensionado cerca de Luján, donde aprendió todo: desde ensillar hasta reconocer dolencias. Su sueño, sin embargo, era abrir la ventana de su casa y verlos ahí, convivir con ellos a diario. Y lo logró.

Hoy, su manada está compuesta por caballos criollos y caballos rescatados, animales que llegaron flacos, enfermos o abandonados y que él cuida con dedicación. Los más sanos se usan para las cabalgatas con los huéspedes, mientras que los rescatados viven en libertad, sin exigencias. “No los usamos para trabajar, los dejamos ser. Esa fue la intención del rescate: que puedan tener una vida en calma”, explica.

Además de abrir sus puertas a turistas, Pampa y la Vía tiene una propuesta singular: hospedarte con tu propio caballo. “Muchos tienen caballos en pensionados y quieren compartir tiempo con ellos. Acá pueden venir, convivir, salir a recorrer el campo. Todo está armado para que el caballo pueda estar al lado tuyo, o más alejado si lo necesitás”, cuenta.

En la entrevista, Pablo se emociona al hablar de Sarita, su abuela, que nació en el campo pero huyó de él apenas pudo. “Ella renegaba de todo: del salame colgado, de las gallinas… pero había algo de amor en esa queja. A través de sus historias, me transmitió la pasión por esta vida, aunque ella no la quisiera”, relata con la voz quebrada. En una vuelta del destino, Pablo terminó abrazando la vida que su abuela tanto rechazó.

También cuenta lo que significan las tormentas en el campo, la incertidumbre de la sequía, los árboles caídos, el trabajo de cada día. Pero lo que más destaca es la comunidad: vecinos con los que comparte valores, recursos y hasta animales. “Acá aparece un chancho en el campo y ya sabemos de quién es. Nos cuidamos entre todos”, dice.

“Esta casa es el resultado de la confianza en mí y en la naturaleza”, resume Pablo. Y esa confianza, combinada con pasión, hizo que su historia hoy inspire a miles. No solo por lo que logró, sino por la forma en que lo comparte: con humildad, compromiso y un enorme amor por los animales.

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