Matías Morcos, el enólogo revelación que con 24 años busca reivindicar la uva criolla

Encontró hectáreas de viñedos casi de abandono a las que le aplicó amor y trabajo. Asegura que son vinos "totalmente diferentes a los que estamos acostumbrados a tomar".

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Matías Morcos, el enólogo revelación que con 24 años busca reivindicar la uva criolla
14deAgostode2020a las12:05

Con solo 24 años, Matías Morcos se puso una meta muy clara: reivindicar la uva bonarda, criolla y moscatel. Así nació su línea de vinos, que le valió la mención de “enólogo revelación del año” en la Guía Descorchados 2020.

Matías es de la zona este de Mendoza, que se diferencia claramente de la región del Valle de Uco y Luján de Cuyo, los lugares que clásicamente se dedican a los vinos más premium. “La zona este es cálida y se dedica desde siempre a la elaboración de vino a granel, que es el que sale embotellado en tetra, como el Toro, Michel Torino y el Termidor. Somos la zona que más vino elabora en toneladas, pero de gamas baratas”, explica Matías a Agrofy News.

A pesar de que su emprendimiento no le permite ganar dinero, lo hace con un objetivo claro. “Tengo interés en revalorizar la zona para que se entienda que Mendoza tiene más para ofrecer que solo malbec”, añade.

Matías es licenciado en Enología y pertenece a una familia de enólogos. Hace 50 años su familia vino del Líbano a la Argentina, donde organizó una cooperativa de trabajo. “Todos juntos abrieron una bodega, así que vengo de una tradición familiar que elabora mucho vino a granel que es el que otras marcas ponen en su botella”, aclara.

Hasta que un viaje a Chile con un amigo le cambió la vida. “Vimos que había una revolución en una zona antigua con la cepa país. Ellos producían vino más naturales y orgánicos, así que quisimos conocer cómo lo hacían y qué era esa cepa país”, cuenta. Cuando le mostraron la uva, se dio cuenta. “Vimos que a lo que ellos le dicen cepa país, nosotros le decimos criolla chica y que acá nosotros tenemos millones de hectáreas de esta uva, en el este de la provincia”, confiesa. En ese momento pensó en que quería revalorizar lo que tenía la zona este para ofrecer.

Cuando volvió al país, comenzó a mirar la zona este de Mendoza de otra manera, en especial San Martín, donde incluso su familia tenía ya viñedos de criolla. “Entendiendo que no era una zona sin futuro, antigua y descartable, sino que tenía una riqueza y tradición con cepas históricas y gigantes que no veníamos viendo”. Entonces se decidió y comenzó a trabajar con uva moscatel y uva criolla, y luego, con la variedad bonarda.

En el este había innumerables fincas descuidadas y deshabitadas por sus dueños, que en vez de arrancar la vid, simplemente dejaron de producirla cuando el vino “barato” fue perdiendo mercado. “Nosotros fuimos a buscar esas fincas abandonadas y encontramos hectáreas de viñedos casi de abandono a las que sólo tuvimos que ponerle amor y trabajo. Son tierras muy antiguas, con tradición e historia y queríamos respetar esta ancestralidad que tiene el vino”, clarifica.

Algunos de los viñedos hasta tienen plantas de 100 años. La forma de trabajar es simple y natural: riega, poda y cosecha. “No le agregamos agroquímicos y el trabajo es muy manual. Dejamos fermentar lo más naturalmente posible sin agregados. La idea es reinventarnos como lugar”, sintetiza.

Ver también: Inédito: un productor se lanzó a armar un viñedo en la provincia de Santa Fe

Cuatro tipo de vinos

Todo inició en 2016, con una etiqueta que ya no realiza, dado que en la actualidad produce cuatro tipos: criolla, moscatel rosado, bonarda tinto y bonarda blanco. “Intentamos reinventar una variedad y queremos ofrecer nuevas formas de mostrar una uva y la versatilidad que tiene”, revela. De cada etiqueta hace solo 1000 botellas por año, aunque espera duplicar el número para fines de 2020. “Para los volúmenes de la industria es poco, pero lo entiendo como un proyecto personal a mano, que cuido como si fuera un chiche para que no se escape ningún detalle”, destaca.

Matías insiste en que es un proyecto al que cuida mucho: “No quiero hacer una bodega a partir de esto, sí quiero hacer crecer las etiquetas y mostrar distintas historias”. Sus vinos se venden en el circuito gastronómico de la Ciudad de Buenos Aires, aunque también exporta a Brasil y a Miami, en Estados Unidos. “No tenemos estructura comercial para vender más a otros países, porque no hacemos tantas botellas”, indica.

Según afirma son “vinos totalmente diferentes a los que estamos acostumbrados a tomar, que son malbec del Valle de Uco”. Sin embargo, busca que no se pierda la calidad. “Mi desafío personal fue hacer vinos que me permitan entrar en un restaurant premium y que sean halagados por los críticos, pero que al mismo tiempo mis amigos, que tienen 23 años, los puedan tomar porque les gusta”, afirma. Quiere que la misma botella sea elegida por jóvenes en bares y que a la vez cumpla con estándares internacionales. “Es unir el consumo. Para nosotros no hay un consumidor vip y otro que no sabe del tema”, propone.

Algo que llama la atención de las botellas de su marca son las etiquetas. “Tratamos de hacer un packaging amable, alegre, revolucionario y atractivo, que tenga un espíritu joven, pero que mantenga la tradición”.

Los vinos “Matías Morcos” son su emprendimiento personal, pero además participa de otros. Junto a su padre, Sharbel, forma parte de Familia Morcos y Guanaco West. A su vez, tiene otro emprendimiento con un socio y amigo, Franco Massi, con quien impulsa Black Magic y Don Argentino.

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