Por segundo año consecutivo, baja la seguridad alimentaria en el mundo

Esto se desprende de un estudio presentado por la Unidad de Inteligencia Económica ante periodistas agropecuarios de todo el mundo que marcó por segundo año consecutivo una contracción de las condiciones globales.

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Por segundo año consecutivo, baja la seguridad alimentaria en el mundo
23deFebrerode2021a las07:38

A modo de anticipo, el pasado viernes la Federación Internacional de Periodistas Agropecuarios, representada en nuestro país por el Círculo Argentino de Periodistas Agrarios, facilitó la presentación de los datos más recientes del Indice Global de Seguridad Alimentaria 2020 (GFSI). 

Con su nombre en inglés, Economist Intelligence Unit (EIU) con el auspicio de Corteva Agriscience hizo público el noveno balance anual que mide desde 2013, cayendo entre 2019 y 2020 de 60,72 a 60,45 puntos, lejos de los 61,10 sobre 100 de 2018, contemplando los valores de la seguridad alimentaria en 113 países, según los factores económicos, de calidad y seguridad, recursos naturales y resiliencia, todos en baja, mientras que la disponibilidad fue la única variable que demostró un leve despegue en la comparación interanual 

Además el GFSI considera a la seguridad alimentaria en el contexto de la desigualdad económica y de ingresos, la desigualdad de género, desigualdad ambiental y de recursos naturales, destacando las brechas sistémicas, entendiendo que en un año atravesado por la pandemia de covid-19, se exacerba el impacto en los sistemas alimentarios.  

Sobre toda esta base se desprende la conclusión de una seguridad alimentaria global disminuida, por segundo año consecutivo.

Ver también: Un documento interno confirma que China apuesta a aumentar rendimientos de los cultivos en el período 2021-2025

"Con una seguridad alimentaria que vuelve a disminuir, todos debemos prestar atención al llamado urgente para renovar nuestro compromiso colectivo con innovación y colaboración. Nuestro futuro es tan seguro como nuestro sistema alimentario y la agricultura está en el corazón de ella. Juntos debemos apuntalarla mejor en todo el mundo”. 

Este año el Indice incluye formalmente “Recursos naturales y resiliencia” como una cuarta categoría principal, que marca un cambio significativo en la metodología, revelando la capacidad de recuperación de los sistemas alimentarios en cuanto a las contingencias climáticas. Los subindicadores de esta categoría incluyen a la dependencia de las importaciones de alimentos, riesgo de desastres gestión y crecimiento demográfico proyectado.  

En 2020 también se midió la desigualdad de género y los ingresos ajustados por desigualdad, por primera vez en este relevamiento. 

Por tercer año consecutivo, la región de América del Norte lidera el mundo en seguridad alimentaria. Europa está en un cercano segundo lugar, que representa ocho de los diez países principales.  

Usando la nueva metodología, Finlandia encabeza la lista, mientras que el líder del año pasado, Singapur, desciende al puesto 19. Irlanda conserva su segundo puesto, mientras que Estados Unidos pasa al undécimo lugar. 

La nueva metodología subraya la importancia de la gestión del riesgo climático y su vínculo con la alimentación.  

“Incorporar la categoría de Recursos Naturales y Resiliencia como parte del índice principal destaca el impacto de los factores relacionados con el clima en los sistemas alimentarios y la seguridad alimentaria”, dijo Pratima Singh, líder del proyecto para el Indice Global de Seguridad Alimentaria de EIU.  

“Es fundamental que el riesgo climático se convierta en un parte central del diálogo sobre seguridad alimentaria. Esperamos que esto impulse una acción muy necesaria para desarrollar políticas que puedan construir un sistema alimentario global más fuerte y sostenible”, agregó. 

Agricultura resiliente

El GFSI 2020 muestra que el aumento de las temperaturas y el calentamiento global tienen un impacto directo en el sector agrícola y el sistema alimentario, lo cual genera una producción agrícola altamente volátil en países como Australia, Noruega y Suecia, que demuestran el riesgo que representa el cambio climático para la agricultura y la alimentación. 

En esta edición, el Indice encuentra que la producción agrícola se ha vuelto más vulnerable en 49 países, en comparación con el período anterior. Si bien el cambio climático está creando nuevos desafíos, los agricultores todavía deben anticipar la demanda en cuanto al volumen de alimentos. Con el impacto creciente de las condiciones climáticas extremas y de la expansión de la demanda, existe una gran necesidad de cultivos básicos que sean más tolerantes a sequías, inundaciones, temperaturas extremas y adaptables a todo tipo de suelos. 

Aquí se combinan los avances de la ciencia en este sentido donde además de la climatología, se puedan resistir malezas y plagas. El aporte de la tecnología a partir de la agricultura de precisión apunta a un mejor uso de los datos y las variables, adaptables a todas las condiciones de cada explotación, para conseguir una mayor seguridad a lo largo de todo el sistema alimentario. 

La GFSI 2020 muestra que las soluciones creativas de la cadena de suministro impulsadas por nuevas tecnologías pueden ayudar a aliviar los desafíos para la seguridad alimentaria y el bienestar de los agricultores. Un programa de tecnología móvil exitoso puede ayudar los agricultores a anticipar las demandas del mercado y responder a tiempo, así como conectarlos con los recursos, proveedores y mercados. 

Sin dudas, las vulnerabilidades existentes en el sistema alimentario mundial han tenido una exacerbación a partir de la pandemia y los diferentes aislamientos de un impacto desproporcionado en las personas que viven por debajo del umbral de pobreza con limitaciones, más allá de la solución ínfima que pueden haber aportado los auxilios sociales. 

Los pequeños agricultores, que en su mayoría residen en zonas rurales, han sufrido una pérdida significativa de ingresos ya que los bloqueos impidieron el acceso a los mercados, e incluso llegaron a interrumpir siembras.  

El GFSI muestra que la agricultura sostenible es esencial para la seguridad alimentaria y la productividad de los agricultores. El Indice muestra que los sistemas alimentarios globales han estado bajo presión incluso antes que se desatara la pandemia, con muchos países luchando por aumentar la productividad, adaptarse a un clima que empeora y reducir el daño ambiental.  

En 2020, tanto Australia como Estados Unidos se vieron afectados por los altos niveles de degradación de la tierra, ocupando el puesto 81 y 63, respectivamente, en el indicador de degradación de la tierra.  

América Latina sufrió lluvias irregulares y temperaturas superiores a la media entre junio y julio de 2019, dio lugar a un segundo año consecutivo de malas cosechas en el "Corredor Seco" que abarca Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. 

Argentina

Con más debilidades que fortalezas, el Indice destaca que nuestro país con casi 45 millones de habitantes y 2.736.690 kilómetros cuadrados de territorio, está por debajo del resto de los países en cuanto a la presencia y calidad de programas alimentarios, los estándares nutricionales, la seguridad alimentaria, la proporción de la población por debajo de la línea de la pobre en referencia a los márgenes mundiales, el bajo acceso a financiamiento por parte de los productores, el impacto negativo de los costos de los alimentos, la pérdida y desecho de alimentos y los altos costos en la importación de alimentos.  

La prevalencia de desnutrición ronda el cinco por ciento, mientras que la diferencia de energía mínima y la ingesta energética media de la población desnutrida se aproxima a las 30 kCal/persona/ día.  

El margen que queda a poco de entrar en una columna positiva es la diversidad en la dieta, que se da por la cantidad de alimentos producidos a nivel nacional. 

Los desafíos están puestos en incrementar la inversión pública en I+D (investigación y desarrollo), además de precisarse un crecimiento en la relación del Producto Bruto Interno en relación con la población. 

En la comparación internacional los alimentos aparentan ser económicos medidos en dólares, aunque en la moneda nacional y su relación con los salarios sea cada vez más complejo el acceso. Con oscilaciones en cuanto a la disponibilidad de productos en los últimos años, es la calidad y la seguridad en los productos lo que destaca al país y lo eleva en el ranking internacional. 

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