Abdel Hamid, el misterioso tuitero de los agronegocios que vive de sus anécdotas en África

Su verdadera identidad es un misterio; en los ratos libres deja volar su imaginación con una hoja y una birome

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Abdel Hamid, el misterioso tuitero de los agronegocios que vive de sus anécdotas en África
05deAbrilde2021a las18:14

En las afueras de Rosario, en un pueblito de la Pampa Gringa, vive Abdel Hamid, el argentino. Abdel adoptó ese nombre de un calculista africano con el que trabajó en Chad y su nombre real en absoluta reserva. Solo un puñado de íntimos conocen su verdadera identidad. El misterioso hombre trabaja con empresas del agro, pero por dentro hay un prosista que pide a gritos salir a la luz.

Abdel es un lector nato y escritor aficionado, tiene 47 años y es de los pocos datos de su vida que quiere aportar, por ahora. Así se mantiene en modo incógnito. Sueña con seguir así hasta cumplir uno de sus más grandes sueños: terminar su primer libro. En Twitter, cada tanto, cuenta de manera exquisita ideas, relatos y crónicas de viajes.

Abdel Hamid: "Soy un observador"

Trabaja con empresas de agronegocios, frigoríficos y feedlots para África, en las que gestiona proyectos de gran trascendencia. Vivió en Angola y Chad, dos años y medio. Allí gestionó empresas relacionadas con la agroindustria y ahora espera por el visado para volver a volar. 

“Si me dan a elegir entre armar un matadero en Córdoba o uno en África elijo África”, dice Abdel, sin dudarlo, del otro lado del teléfono. Las anécdotas de su vida en ese continente se le confunden en la memoria, y pese al miedo que significaría para algunas personas instalarse allá, él dice que se siente “más seguro en África que en el Conurbano”. 

“Es el miedo a lo desconocido. Pero si hay algo de lo que me puedo jactar es que resuelvo bien las cosas en situaciones límites”, asegura mientras relata una de las tantas anécdotas suyas que circulan por las redes sociales, donde tiene cierta popularidad por sus textos. “Estaba saliendo de un bar y, sin querer, llegué a un retén militar que estaba custodiando la casa del Presidente (de Chad, Idriss Déby). Los tipos me amartillaron el arma. Años atrás me hubiese dado miedo”, narra.

Si bien sus vivencias por ese país forjaron gran parte de su carácter, la que más lo marcó, recuerda, fue cuando se enfrentó a una tribu armada. “Ese día tuve un poco más de temor porque me enteré que había ido gente de una tribu con armas a la empresa a buscarme”, reconoce, y saca conclusiones de aquella anécdota, pero también de tantas otras. 

Parte de su relato y sus recuerdos terminan siempre en la red social, donde consigue la atención de decenas de internautas que se identifican con sus cuentos cortos. “Soy muy observador y me gusta compartir. Todo surgió a partir de contarle a mi familia y amigos vivencias, mandar mails desde África, donde les contaba la vida de allá desde el humor y el sarcasmo”, señala.

Abdel es un gran lector, de buena memoria, con tres carreras universitarias que no llegó a concretar, pero que al final, dice, todas lo complementan para hacer las tareas de un gerente de proyecto. Tiene dos vocaciones frustradas: una carrera en la Academia Militar -su primera pasión- y su deseo por dedicarse de lleno a las letras. Para esto aún tiene tiempo.

Por estos días trabaja en su primer libro, donde une anécdotas y retazos de sus vivencias. “En el libro tengo partes de ideas, crónicas de viajes y cuentos. Soy un observador. En Twitter escribo recuerdos de lo que viví y, a veces, le agrego metáforas para hacerlo entretenido, pero todo lo que cuento ocurre u ocurrió. No hago ficción porque no le veo la gracia. Me gusta ser bastante fiel a los hechos”, asegura.

“Me inspira más el papel y la birome”

Si bien su relación con la computadora es aceptable, dice, hay una conexión entre el cerebro y la mano que al escribir un texto de puño y letra hace que hacerlo con el teclado sea distinto. “Me gusta la usanza de los viejos dactilógrafos. No es un problema de velocidad, pero me inspira más el papel y la birome. En África, por ejemplo, tenía más tiempo para escribir: lo hacía de noche, porque tenía un lugarcito para hacerlo. Pero alguna vez que escribo, lo que hago es pasarlo a un borrador, porque si no se pierde”, explica. 

El libro por ahora es solo un proyecto. En él podrían incluirse historias, retazos e hilos que circulan por las redes socilaes y que le han dado un grado de reconocimiento entre sus lectores. “Quisiera vivir más vidas en una sola vida. Sé que tengo que vivir todas las etapas de mi vida y, a veces, me pregunto si me veo siendo escritor o no. La quimera está delante, pero puedo decirle a la pedantería que esto no me define o yo no soy eso. Lo cierto es que la escritura te da una libertad que hoy no tengo. Si escribís, vivís en cualquier lado. Escribir es libertad”, cierra. 

A continuación, una de sus historias:

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