Huerta: empezaron en el patio de una villa porteña y ahora venden sus verduras a un hotel 5 estrellas

14 mujeres se animaron a trabajar la tierra y crearon un vivero orgánico; producen bolsones de verduras para el barrio y kits de agricultura urbana para comercializar

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17deJuniode2021a las13:21

Hace 11 años cuando Elizabeth Cuenca pisó por primera vez Argentina nunca imaginó lo que le esperaba a futuro. Cuando decidió irse de Cajamarca, Perú para vivir con su hermana en la villa Rodrigo Bueno, no sabía que iba a terminar siendo encargada de un emprendimiento barrial, que no solo tiene impacto económico sino social.

“Fue una época muy difícil, era imposible conseguir un trabajo. Hay una palabra que dicen en el barrio que es ´recursiarse´, hacerse de recursos, buscar la forma de sobrevivir porque con lo que vas haciendo no te alcanza”, contó Elizabeth en entrevista con Agrofy News.

Huerta: el caso de la Villa Rodrigo Bueno

La villa está emplazada en Costanera Sur, a metros de la Reserva Ecológica. Para la mayoría de las mujeres que viven ahí, la vida consiste en ir a trabajar de casa en casa, de changa en changa: “Pasamos por muchas etapas en el barrio y llegó un momento en que el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) se acercó para llevar a cabo la urbanización. En una asamblea de vecinos les pedimos que nos dieran herramientas para trabajar, para aprender un oficio”, contó Elizabeth.

Fue así que comenzaron con varios talleres: serigrafía, cerámica, encuadernación y uno de Arte y Naturaleza, el cual le abrió una puerta enorme que nunca se cerró: “En ese momento nos enseñaban a hacer jardinería, para plantas ornamentales. Con el transcurso del tiempo aprendimos a curar nuestras plantas de decoración que se nos iban enfermando en casa. Un día se me prendió el foquito y le dije a las talleristas “Si tenemos tierra, si podemos conseguir semillas, ¿por qué no podemos cultivar hortalizas orgánicas?”. Así empezó todo.

Si bien Elizabeth no tenía conocimientos en ese tipo de producción, en Perú se crió en una familia que tenía un terreno bastante grande y se dedicaba a la huerta: “Mi madre lo cultivaba. Ella sabía exactamente qué hacer y yo no tenía idea, era muy chica”.

Pero eso no la frenó y junto a otras mujeres del barrio empezaron a hacer cajones de germinación: “Hicimos unos veintitantos y no teníamos dónde ponerlos. Era un patio de 2x2 de una vecina. Ahí se fue abriendo un sendero para buscar un lugar donde poner nuestras hortalizas. Hablamos con el IVC y nos prestaron un espacio por un mes y después un vecino nos dijo que no podíamos estar más ahí”, contó.

Finalmente consiguieron otro terreno, que todavía está, a espaldas del monumento de Rodrigo Bueno. Estando en ese último espacio, en una asamblea se enteraron que existía un vivero como parte del proyecto de urbanización del barrio. Elizabeth inmediatamente pensó: “Me gustan las plantas y acá tengo que estar”.

El proyecto de la Vivera Orgánica

Elizabeth encontró su lugar sin darse cuenta. Sabía que tenía que ser parte de ese proyecto y fue así que un sábado durante el taller de jardinería, convocó a sus compañeras a sumarse como voluntarias: “Muchas se me quedaron mirando y me decían ´Eli es un vivero, nosotras no sabemos nada de eso´, a lo que yo respondía ´Pero podemos saber”. Finalmente armamos un proyecto para presentar al IVC para que nos tuvieran en cuenta y lo que hice fue ir a la oficina personalmente y pedir una reunión”.

Ese empuje casi “inconsciente e impulsivo”, como describe ella, logró que finalmente les llegara la propuesta: Se sumó el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat y les pidieron que se hicieran cargo del vivero. Con conversaciones del Gobierno de la Ciudad con la Reserva Ecológica se pensó en un principio en cultivar plantas nativas, y luego a pedido de las mujeres se sumó la huerta orgánica.

“Invitaron a la ONG Un Árbol para mi Vereda para llevarlo adelante. Presentaron un diseño del proyecto del vivero huerta y nos dijeron que teníamos que pagar todos los impuestos nosotras. Es un emprendimiento autosustentable, por ende no íbamos a tener un sueldo, íbamos a tener que generar nuestros propios ingresos. Y dijimos que sí”, contó Elizabeth.

Bolsones de verduras y kits de agricultura urbana

En julio de 2019 se comprometieron con el proyecto y el 5 de diciembre hicieron la primera siembra en la Vivera Orgánica. “En ese momento empezamos 16 mujeres, ahora somos 14. El 25 de enero de 2020 ya teníamos producción de la huerta orgánica, entonces al ser un proyecto barrial pensamos en hacer algo que contribuya al lugar. Así fue que se nos ocurrió hacer bolsones de verduras con precios diferenciales, uno para el barrio y otro para afuera. Esos fueron los primeros ingresos económicos”.

Cuando empezó la pandemia no había posibilidad de seguir vendiendo de esta manera entonces se les ocurrió crear kits de plantines para vender online. “La gente estaba en la casa y empezó a interesarse por las huertas en los balcones, patios”, contó Elizabeth. 

Al principio fue duro ya que muchas mujeres se quedaron en la casa porque eran de riesgo, o por miedo a salir, y entre pocas tuvieron que encargarse del mantenimiento y la producción, pero los resultados fueron muy buenos: “Hicimos una plataforma y lo lanzamos por las redes sociales. Todos los sábados hacemos entregas. Además de las hortalizas, fueron sumando kits de arbustos nativos que atraen mariposas, polinizadores”, detalló.

Más de 7 mil familias orgánicas

Elizabeth se transformó en la referente y encargada de comercialización de la Vivera Orgánica que en poco tiempo logró capacitar y proveer productos a más de 7 mil familias de Buenos Aires para hacer su propia huerta.

“Las personas que nos compran pasaron a ser nuestra familia orgánica. Llegar a un domicilio, tocar el tiembre y que salga una familia con los brazos abiertos para recibir un kit de plantines que era una terapia para ellos y un ingreso económico para nosotras, es algo que no tiene nombre”, expresó conmovida.

El espacio de la Vivera tiene 800 metros cuadrados y allí se producen todo tipo de hortalizas así como plantas nativas. No utilizamos ningún agroquímico. "Hacemos muchos biopreparados, usamos mucho el ajo, la ortiga, la cola de caballo, incluso el aji picante. Si algo nos ataca una producción,la levantamos para que no afecte al resto". 

 “Hasta diciembre de 2020 vendimos aproximadamente 500 kits, pero ahora tenemos miles de familias que nos compran diariamente los productos”, contó.

Un salto al estrellato

Por la alta demanda de bolsones de verduras tuvieron que limitarlo sólo a las 14 familias de las mujeres que trabajan y 25 para familias del barrio con deficiencia alimentaria. 

Hace unos meses llegó una propuesta del Hotel Hilton para proveerles verduras orgánicas para la elaboración de sus platos. Desde ese momento la Vivera les vende dos bolsones cada 15 días: “No solo nos sirve mucho económicamente sino que nos da visibilidad y nos permite seguir creciendo”, contó Elizabeth.

La Vivera se maneja como una cooperativa. Al principio Elizabeth era quien se encargaba de prácticamente todo, pero ahora se fueron dividiendo las tareas entre las mujeres: tesorería, secretaría, encargada de producción, logística, etc. “Respecto a las ganancias, lo que hacemos es anotar un banco de horas de trabajo para la remuneración, pero la producción de la huerta se reparte por partes iguales y si hay algún extra también”, detalló. 

Sin embargo y a pesar del crecimiento del proyecto, ninguna pudo todavía dejar otros trabajos. La mayoría divide su tiempo entre la Vivera y el trabajo doméstico: “Yo trabajo en dos departamentos de Puerto Madero. Hay algunas compañeras que tienen tiempo limitado para la vivera y solo se dedican los fines de semana, hay compañeras que van todos los días de 8 a 11 y de 15 a 18, alternado”. 

Talleres de huerta

La Vivera no tiene límites y ahora apuntan cada vez más al asesoramiento: “Nos venimos capacitando mucho y lo que tenemos pensado ahora es dar talleres y acompañamiento, servicio de huerta urbana, hacer capacitaciones de paisajismo para trabajar con plantas nativas”. 

“Una familia que vive en Salta vino a visitarnos hace tres meses y ahora replicaron la Vivera allá. Les está yendo muy bien.Uno de los propósitos nuestros es ese; que la gente sepa que este proyecto se puede hacer en cualquier espacio; concientizar sobre las huertas y el aporte al medioambiente”, concluyó.  

 

 

 

 

 

 

 

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