Huevos pastoriles: dejó la facultad en la ciudad y apostó todo a un exitoso sistema en el campo

Maca Etcheberry, una incipiente productora, vislumbró junto a su hermano Pablo el negocio que comenzó a repuntar hace unos años en la Argentina

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"Hoy no me imagino dedicándome a otra cosa que no sea el campo, acá encontré un lugar”, sintetiza, feliz.

"Hoy no me imagino dedicándome a otra cosa que no sea el campo, acá encontré un lugar”, sintetiza, feliz.

29deOctubrede2021a las15:43

A principios de 2020, Maca Etcheberry, de 27 años, jamás se imaginó trabajando y produciendo en el campo. La vida de la ciudad la atrapó desde muy pequeña, a diferencia de su familia, que tiene una historia ligada con la producción agrícola en Pellegrini, en la provincia de Buenos Aires. Pero el desafío que le propuso su hermano Pablo para poder emprender e iniciarse como productora la impulsó a dejarlo todo y trasladarse permanentemente a la estancia familiar. Hoy está a cargo de una novedosa iniciativa de huevos pastoriles y provee los productos a otros emprendimientos gastronómicos. 

“Yo no sabía diferenciar un gallo de una gallina. Lo mío era el arte y no me interesaba el campo. Ahora no me imagino trabajando en otra cosa que no sea esto”, relata la joven, que abandonó la carrera de arte dramático en la Universidad del Salvador para volcar su energía en una granja que comenzó con Pablo, un experto en el sistema de pastoreo. “Tener a mi hermano fue fundamental. Él, al principio, tenía miedo de hacer la inversión y yo tenía miedo de a los dos meses cansarme. Empezamos a invertir y la construcción del gallinero movible fue un envión tremendo. Para mí fue un voto de confianza, a partir de ahí arrancamos con otro aire”, expresa. Su hermano es Pablo Etcheberry, fundador de Pens Agro.

El sistema de huevo pastoril implica que las pollitas tengan que pasar un periodo de adaptación y crecimiento hasta que son trasladadas a un módulo techado en el medio del campo, donde se alimentan y pueden moverse con total libertad. El proceso de emprender no era fácil. Sin embargo, Maca sabía que el impulso de venir de una familia en la que todos se dedican a la agricultura podía empujarla. “Este campo fue de mi bisabuelo. Después pasó a mi abuelo y ahora a mi mamá. Somos seis hermanos. A ellos siempre les gustó, pero yo me fui a estudiar artes y después volví a Pellegrini a poner un taller”, relata. 

Producción de huevos: iniciativa novedosa

Su hermano, que siempre está en la búsqueda de nuevas formas de producción, le propuso desarrollar este sistema de huevo pastoril, que se utiliza en varias partes del mundo porque beneficia los suelos, pero que no está tan explotado en la Argentina. “Hicimos una sociedad en la que pusimos el 50 y 50. Si perdía uno, perdíamos ambos. La idea empezó en julio del año pasado: construimos el gallinero que tiene una red eléctrica de 1,50 metros para evitar”, cuenta.

Los hermanos invirtieron inicialmente alrededor de $500 mil para comprar las 1000 Lohmann Brown de recría con las que arrancaron el emprendimiento. Adicionalmente a esto, debieron desembolsar otros 100 mil pesos para la red eléctrica, que es fundamental para este sistema de producción, más el módulo del gallinero movible, que hicieron a mano. 

Explica la flamante productora que las gallinas fueron criadas en una cabaña en Chacabuco y llegaron de 14 semanas a la estancia Santa Marta. A la semana 17, dice, empezaron a romper postura e iniciaron el proceso productivo. “Comenzamos a juntar 980 huevos de un momento a otro, fue el pico máximo de postura que tuvimos hasta ahora”, asegura. El huevo pastoril, de acuerdo con los expertos, tiene mejor calidad, mayor cantidad de proteínas y omega 3. Esto se debe a la dieta que reciben los animales, a través de un balanceado a base de maíz, soja y un complemento de vitaminas, el pasto, la alfalfa y los insectos del campo donde se crían. La gallinaza también funciona como fertilizante para el suelo. “El sistema de pastoreo lo usamos porque la gallina ayuda a fertilizar el suelo de forma natural. Nosotros movemos el gallinero continuamente y se ve la diferencia en el pastoreo del suelo”, relata.

Lo que les jugó en contra hasta ahora para continuar con los picos de producción es que en el medio del campo, los animales no tenían sombra. El clima caluroso Pelegrini puede ser un problema para el proyecto.

Y hay otro problema: más allá de los depredadores comunes, los hermanos tienen que lidiar a diario con la agilidad de las gallinas para traspasar la cerca. “Hay muchas que se vuelan la red. Nosotros en el gallinero trabajamos hasta las 17, cuando cae el sol. Las gallinas que se volaron sabemos que son una pérdida por los bichos que andan alrededor. La que salió a las 17.30 no la vimos más. Pero nunca tuvimos un problema por una muerte masiva de enfermedad. Ahora, con el gato montés perdimos 50, y después las que se volaron”, relata.

Desafíos de la producción avícola

En los últimos días se hizo viral un video en el que cuenta cómo atraparon a un “gato pantera” que había matado alrededor de 50 gallinas. La productora sostiene que el animal fue liberado a 150 kilómetros de la zona donde está la explotación, después de generarles pérdidas por $45.000. Por otro lado, en este primer año todavía no consiguieron analizar si el emprendimiento es rentable o no y califica el desafío como “una montaña rusa” y de constantes aprendizajes. “Los primeros meses trabajamos para pagar los alimentos, pero ahora empezamos a ver una diferencia”, afirma pese a haber una merma en el lote de animales a causa de los predadores. 

A través de este sistema pastoril exponen durante 16 horas diarias de luz a los animales, aunque en el invierno se dificulta la postura junto con la temporada de desplume. La parcela se cambia cada seis días y el gallinero se mueve cada tres, dentro del mismo espacio. “Es cuando el precio del huevo sube y hay menos posturas. En verano, cuando los días son más largos es cuando el huevo tiene menor valor en el mercado”, explica. 

Actualmente, los emprendedores destinan la producción de huevos a dos clientes que los usan en la panadería y productos orgánicos, debido a la calidad del alimento. “Yo no había pisado nunca el campo para trabajar. Iba, pero no era una actividad que me gustaba y ahora estoy trabajando sola desde diciembre cuando arrancamos con el sistema. No hay empleados, yo misma me encargo. No sé bien por qué no me gustaba. Si bien el arte me había gustado mucho, hoy no me imagino dedicándome a otra cosa que no sea el campo, acá encontré un lugar”, sintetiza, feliz.

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