Encontró la forma de ponerle un "segundo piso" al campo y ofrece un retorno del 15% en dólares: ya se sumaron 30 empresas de agro

Cómo funcionan los ecobosques ganaderos, el sueño de la carne carbono neutro en Argentina

Encontró la forma de ponerle un "segundo piso" al campo y ofrece un retorno del 15% en dólares: ya se sumaron 30 empresas de agro
15deNoviembrede2022a las08:28

Hace 10 años que Mayco Mansilla trabaja en temas de sustentabilidad e innovación. Su profesión de agrónomo lo llevó a interesarse por temas “fuera de la caja” y luego de realizar un Máster en Negocios Agroalimentarios, del cual se recibió con un proyecto de ecobosques ganaderos, continuó profundizando en Bioeconomía y Agtech, ya que considera que hay “un universo de oportunidades por explorar”.

Hasta hace un mes, se desempeñaba como gerente técnico en Valor Agregado en Origen en Aapresid y actualmente es gerente de Innventure, un fondo de inversión agtech surgido en la institución y director de Ecobosques Ganaderos, un proyecto donde participan más de 30 empresas del agro para llevar adelante módulos de integración foresto-ganadera con cero huella de carbono en el norte de la provincia de Santa Fe. 

Ecobosques ganaderos: un microclima para captura de carbono

“Desde el punto de vista productivo, combinar la ganadería con la forestación es como poner un segundo piso al campo”, así lo explica Mansilla y detalla que este sistema es super eficiente en la captación energía solar, tanto por los árboles como por la pastura. 

Con un buen diseño se genera un microclima que aporta bienestar a los animales y a la vez eso produce que la ganancia de peso sea mucho mayor, porque tienen menos requerimientos. “La vaca en el norte santafesino consume mucha energía para poder disipar el calor, porque son animales acostumbrados a climas fríos. Al poder generar ese microclima tenemos sistemas super eficientes. La agricultura en el mejor de los casos puede captar media tonelada de dióxido de carbono por hectárea por año y acá hablamos de casi 40 toneladas”, explicó el ingeniero. 

¿Cómo se combina la ganadería con la forestación?

Mansilla explicó que una forestación pura tiene mil árboles por hectárea. En este caso, se hace una plantación de árboles en hilera, combinando con callejones de pasturas: “Por hectárea tenemos 400 árboles. Entonces en el mismo campo estamos produciendo carne y madera”. 

Este sistema se puede aplicar en cualquier campo, solo se requiere lluvia: “Estamos trabajando con eucaliptos por una cuestión que es la especie más rápida. El eucalipto en 9 años lo podés cortar, mientras que el algarrobo lleva casi el doble”, detalló el ingeniero. 

El ingeniero aclaró que son árboles mejorados genéticamente: “Mucha gente te dice que ´debajo del eucalipto no crece el pasto ́. Nosotros trabajamos con árboles distintos a los que se ven normalmente. Son todos parejos, rectos y cilíndricos y se le hace mucha poda. Es una especie australiana, muy resistente al estrés hídrico, pero cuando la combinás con pasturas, ahí es cuando necesitás agua. En el centro norte de Santa Fe llueve entre 1000 y 1200 mm anuales que es una lluvia justa. Del lado de Entre Ríos tenemos más lluvias pero tenemos suelos más pesados. Por eso elegimos esa zona, porque reúne las condiciones de lluvia, suelo, mercado, de contar con servicios”. 

Además de las pasturas perennes, el proyecto considera incorporar leguminosas que están adaptadas a la zona: “Eso te fija nitrógeno en el suelo”, contó Mansilla.

Carne con sello Carbono Neutro

Frente a la ganadería o forestación pura, los ecobosques ganaderos brindan un montón de beneficios al combinar las actividades. Esto tiene que ver con tener ingresos permanentes de ganadería mientras crecen los árboles, que no sufren prácticamente riesgos climáticos. 

“Un árbol tolera muy bien un período de sequía y de anegamiento por lluvias. En el caso de los animales uno contempla 10 ciclos productivos, entonces por más que un año haya poco pasto, puede lograr una producción media de 200-250 kilos de carne por hectárea al año”, expresó el director del proyecto. 

Esta alternativa productiva brinda la posibilidad de atacar las dos demandas principales que tienen los consumidores de carne en el mundo: el bienestar animal y las emisiones de gases de efecto invernadero: “En Brasil desarrollaron el sello de Carbono Neutro, que permite obtener un precio diferencial de la carne y de la madera. Nosotros podemos tener eso en Argentina. Por ejemplo, si un novillo genera una tonelada y media de carbono por hectárea al año, pero los árboles generan una captura de 40 toneladas por hectárea, entonces el balance es positivo. Por cada hectárea por estación podés mitigar el efecto de unos 20 animales. Con esto se obtiene una carne más ecológica”, contó Mansilla.

En cuanto a la ganadería, “las pasturas elegidas son de Gramma rhodes+melilotus y serán manejadas con pastoreo regenerativo para sostener una invernada liviana (300 kg) y al mismo tiempo maximizar la captura de C del sistema”, comentó el referente. La idea es ingresar con terneros (Brangus - Braford) de 160-180 kg a partir del 2º año de la forestación. 

Invertir en verde

El proyecto está respaldado en un fideicomiso. Actualmente son más de 30 empresas de agro interesadas: “Tenemos la inversión para comenzar en 2023 con el primer módulo de 300 hectáreas. Lo que estamos viendo es la posibilidad de tratar de conseguir un campo para alquilar y no para comprar”, adelantó el director del proyecto. 

¿Cómo funciona? El armado de un fideicomiso específicamente para esto, le da la posibilidad a los inversores que puedan comprar una cuota aparte, que de forma individual no podrían hacerlo porque se necesita una determinada escala: “Es como comprar acciones. Por ejemplo, invertís el equivalente a dos hectáreas y el ciclo productivo dura 10 años. Podés quedarte todo ese tiempo e ir percibiendo los ingresos parciales, pero si a los tres años decidís irte, vendés tu cuota con lo que vale en ese momento. Actualmente la forestación es un negocio de largo plazo y lo estamos transformando en uno de corto plazo”, explicó el ingeniero. 

El fideicomiso brinda la posibilidad de armar un proyecto de forma asociativa, que cada uno pueda poner lo que quiere o tiene y cuando se reparten los beneficios van proporcionalmente para cada inversor, sin correr riesgos legales: “Desde el punto de vista económico es muy bueno porque se puede hacer volúmen. Una persona con 20 mil dólares no podría armar un proyecto de este estilo por sí mismo. Cuando se juntan 10 personas que ponen 20 mil dólares te arman un módulo”, contó Mansilla. 

La inversión contempla la incorporación de mucha tecnología para poder hacer mediciones de parámetros y trazabilidad: “Queremos que sea un sistema superador al que está, teniendo la tranquilidad que los mercados ya están y los números cierran bien. Estamos hablando de una TIR anual en dólares del 15 %. Son muy pocos los proyectos que llevan una rentabilidad de estas características”, detalló el director del proyecto.

Desarrollo local e impacto ambiental

Uno de los fuertes del proyecto además es el involucramiento con la comunidad y el desarrollo económico local: “Hoy la mitad de los aserraderos de la zona están con capacidad ociosa porque antes vivían de lo que era el bosque nativo y cuando empezaron a protegerlos empezó a faltar madera. Hay una oportunidad muy buena, de hecho la madera vale más que en otros lugares como en Corrientes, Entre Ríos, Misiones donde está concentrada la producción forestal”, contó Mansilla. 

Al ser una actividad intensiva demanda arraigo, personal fijo y mano de obra especializada para las tareas ganaderas y forestales: “Estamos combinando las dos actividades que más empleo generan a lo largo de la cadena en lugares donde se necesita la creación de puestos de trabajo”. 

El agrónomo sostiene que están generando una alternativa sustentable real para los campos ganaderos del norte: “Por un lado tenemos una captura de carbono inmensa pero también se mantienen todos los servicios ecosistémicos. Si generamos madera de los bosques cultivados evitamos la presión sobre los bosques nativos, todo lo que tiene que ver con la cobertura del suelo, la protección de los recursos hídricos y la diversidad”. 

A su vez, todos los residuos de la poda y el raleo, van con destino a biomasa energética: “En la zona centro norte de Santa Fe, como no hay gas natural, casi todas las industrias funcionan con este tipo de energía. Entonces también estamos generando energías renovables”. 

Un token de árboles

Mansilla resalta que detrás del proyecto hay un buen equipo conformado por emprendedores que conocen el negocio, la parte legal y contable y lo técnico, tanto lo forestal como lo ganadero.  

“El proyecto está validado, tenemos 30 inversores interesados para arrancar. Ahora estamos en búsqueda de campos que quieran alquilarse o un productor que tenga ganadería y quiera asociarse”, contó y adelantó: “A futuro queremos generar un token que sea respaldado en árboles. Ahí es donde tenés financiamiento infinito pero para eso tenés que hacer girar la rueda primero”. 

Temas en esta nota

Cargando...