¿Se puede producir maíz en la Patagonia? Lo logró y cuenta los secretos para llegar a 17.000 kilos por hectárea

En el Alto Valle de Río Negro, una región históricamente marcada por la fruticultura, el ingeniero agrónomo y productor agropecuario Francisco Pili impulsa un sistema diversificado que combina maíz bajo riego, ganadería, fruticultura y vitivinicultura

¿Se puede producir maíz en la Patagonia? Lo logró y cuenta los secretos para llegar a 17.000 kilos por hectárea
10deAbrilde2026a las17:42

La historia de Esperanza SRL comenzó en 1992, cuando la familia de Francisco Pili adquirió una pequeña chacra en el Alto Valle de Río Negro dedicada a la fruticultura. En ese entonces, la actividad principal del grupo familiar estaba vinculada a otro rubro: la construcción y la producción de hormigón elaborado. Años más tarde, tras recibirse de ingeniero agrónomo en Buenos Aires, Pili regresó al Alto Valle alrededor de 2008 con la decisión de sumarse a los proyectos productivos de su familia en la zona de General Roca.

Hasta ese momento, la chacra mantenía su perfil tradicional, centrado en la producción de peras y manzanas. Con su incorporación comenzó un proceso de transformación. A partir de 2010, la empresa empezó a explorar un esquema agrícola-ganadero que permitiera simplificar el uso de mano de obra y apoyarse en la mecanización.

Así surgió la producción de forrajes —como alfalfa, verdeos de invierno y maíz— con el objetivo de integrarlos a un sistema ganadero.

Los primeros pasos se dieron en campos alquilados en la zona de Cervantes y Mainque. Con el tiempo, la familia logró adquirir propiedades en Cervantes y consolidar la estructura productiva actual: tres chacras que suman cerca de 300 hectáreas, de las cuales más de 200 están en producción.

Hoy, Pili está al frente de un sistema diversificado que se desarrolla en un radio de unos 30 kilómetros alrededor de General Roca, abarcando localidades como Cervantes, Mainque y Coronel Juan José Gómez. El establecimiento combina distintos rubros: fruticultura con manzana y pera, viñedos de Malbec y Pinot Noir, y agricultura orientada principalmente a maíz y forrajes.

maiz en la patagonia

Además, en los últimos años incorporaron una nueva apuesta productiva: una línea comercial de vinos llamada Dama Juanita, un Malbec elaborado en el Alto Valle de la Patagonia.

El maíz como eje de la diversificación productiva

En este esquema, la cadena forrajera ocupa un rol central. Según explicó Francisco Pili, en Esperanza SRL realizan todo el proceso productivo con maquinaria propia. Cuando un lote deja la fruticultura, primero se desmonta y luego se nivela con tecnología láser para prepararlo para la producción agrícola.

Después, los cuadros se diseñan con una leve pendiente que permite el riego por manto. “Los cuadros los regamos de 260 metros de largo por 60 de ancho, y eso nos permite mejorar los tiempos operativos de la maquinaria”, señaló.

Luego, según la aptitud del suelo, avanzan hacia el cultivo que se convirtió en el eje de la diversificación del sistema: el maíz. Allí trabajan con planteos de 90.000 semillas por hectárea y logran rindes máximos de hasta 17.000 kilos en los mejores lotes, con pisos productivos que buscan mantener entre 9.800 y 11.000 kilos por hectárea.

maiz en el alto valle

“El objetivo no es tanto aumentar los picos de rendimiento, sino elevar el piso productivo”, explicó el roquense. “Teníamos lotes que apenas alcanzaban los 6.000 kilos y el desafío fue llevarlos a niveles cercanos a los 10.000”, admitió el ingeniero.

Todo el maíz producido se integra al propio sistema ganadero del establecimiento: se cosecha, se almacena con maquinaria propia y luego se utiliza como alimento en el corral de engorde.

picado de maiz

Del valle frutícola a la producción de maíz y carne en la Patagonia

Según explicó Francisco Pili, el Alto Valle de Río Negro fue históricamente una región frutícola que creció al ritmo de la producción de peras y manzanas. Sin embargo, con el paso de los años distintos factores —como las crisis del sector, los cambios generacionales y las dificultades vinculadas a la mano de obra— llevaron a muchos productores a replantear los sistemas productivos. “El Alto Valle fue frutícola toda la vida, el valle creció gracias a esa actividad”, señaló el productor.