"Santa Fe puede ser la Arabia Saudita de los biocombustibles": nació en el campo para resolver un problema y hoy produce el combustible que usan Tini, el Lollapalooza y va por la aviación

Juan Leguizamón, socio de Live Energy y Essencial Energy junto a Federico Pucciariello, explica cómo evolucionó la industria que busca posicionar a Santa Fe como referente de la transición energética

06deJuliode2026a las17:42

La historia de los biocombustibles en Argentina comenzó mucho antes de que la sustentabilidad ocupara un lugar central en la agenda pública. En realidad, surgió de una necesidad concreta del productor agropecuario: encontrar una alternativa frente a los altos costos y las dificultades de abastecimiento del gasoil.

Ese fue el punto de partida de un camino que, casi dos décadas después, dio origen a una industria que hoy produce combustibles renovables, desarrolla tecnologías para aprovechar residuos, abastece grandes espectáculos y proyecta fabricar combustible para aviación.

"El seno de nuestro grupo sale de la producción agropecuaria", resume Juan Leguizamón, socio de Live Energy y Essencial Energy junto a Federico Pucciariello, quien acompaña el desarrollo del proyecto desde sus inicios.

Según recuerda, la primera empresa del grupo nació en 2007 bajo el nombre de Rosario Bioenergy. Detrás de aquella iniciativa había productores agropecuarios interesados en producir su propio biodiésel para utilizarlo en la maquinaria agrícola.

"El campo empezó a evaluar este tipo de combustibles alternativos por las dificultades que tenía con el gasoil, tanto por costos como por abastecimiento. Así fue como nos fuimos involucrando", explica.

Con el paso del tiempo, ese emprendimiento inicial fue creciendo hasta conformar un holding dedicado al desarrollo de biocombustibles y nuevas tecnologías energéticas, siempre con un fuerte vínculo con el agro como proveedor de las materias primas.

Del poroto de soja al biodiésel: el valor agregado que nace en el campo

La soja sigue siendo el principal insumo del negocio. El proceso comienza con la extracción del aceite del grano, materia prima que luego se transforma en biodiésel mediante procesos industriales específicos. El resto del poroto continúa dentro de la cadena agroindustrial y se destina principalmente a la elaboración de harina y pellets para alimentación animal.

"La Argentina tiene una enorme ventaja porque posee una industria aceitera muy desarrollada. El aceite de soja prácticamente no se consume para alimentación humana y acá se transforma en un combustible renovable. Eso significa agregar valor dentro del país", destaca.

El grupo trabaja con grandes aceiteras, aunque también recibe materia prima proveniente de plantas más pequeñas distribuidas principalmente en la región núcleo. Además, utiliza aceite de soja certificado, lo que permite garantizar la trazabilidad del producto desde su origen en el campo hasta la producción del biocombustible.