De maestra jardinera a comprar uno de los tractores más grandes del mundo: por un hecho trágico se hizo cargo de la empresa agropecuaria junto a su hijo y siguen sumando hectáreas para producir

Mónica Mansilla dejó la docencia para tomar las riendas de RCM junto a su hijo Milton tras el fallecimiento de su esposo y continuar el crecimiento de la empresa familiar; fue reconocida entre las 50 mujeres líderes de Santa Fe en Agroindustria y Ruralidad

monica mansilla presidenta de rcm empresa agropecuaria
10deOctubrede2026a las06:00

La compra de un enorme tractor John Deere 9RX fue el motivo que puso a la empresa agropecuaria RCM en el centro de la escena. Sin embargo, detrás de la incorporación de una de las máquinas más grandes de su categoría hay una historia que empezó hace más de cuatro décadas, en Villa Minetti, Santa Fe, y que hoy tiene a Mónica Mansilla y a su hijo Milton al frente de la empresa familiar.

La firma nació en 1982, cuando Raúl Resconi, esposo de Mónica, comenzó a alquilar pequeñas parcelas para producir en la región. Por entonces, ella trabajaba como maestra jardinera y luego llegó a desempeñarse como directora de un jardín de infantes. A medida que el negocio creció, su participación también lo hizo.

“Cuando empezó a alquilar un poquito más de campos y ya después se pudo comprar un pequeño lote, me di cuenta de que necesitaba de la ayuda de la familia”, recordó. Así fue como decidió dejar la docencia, una actividad que disfrutaba, para incorporarse formalmente a la empresa y hacerse cargo de la administración.

Durante años, el trabajo se repartió entre ambos: Raúl estaba más vinculado con la producción y la parte comercial, mientras que Mónica llevaba adelante la gestión administrativa. Con el tiempo, aquella actividad de pequeños productores se transformó en una empresa que trabaja en el noreste de Santa Fe, el suroeste de Chaco y el noreste de Santiago del Estero, dedicada a la producción de cereales y oleaginosas.

Continuar con el legado familiar

En 2021, la muerte de Raúl en la pandemia, cambió el rumbo de la familia y de la empresa. Milton, que tenía 26 años y estaba estudiando en Rafaela, tuvo que regresar para incorporarse de lleno al negocio. Mónica, por su parte, debió asumir un rol que hasta entonces no había ocupado: ponerse al frente de la firma.

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“En un principio me costó muchísimo decidirme a seguir su legado, porque la vara estaba muy alta. Él era un visionario, una persona muy capaz, maestro de muchos en la zona”, contó.

La decisión de continuar no fue solamente una cuestión familiar. En ese momento, la empresa tenía alrededor de 100 empleados, por lo que también estaban en juego los puestos de trabajo y las familias que dependían de la actividad. Después de conversarlo, madre e hijo resolvieron seguir adelante.

El desafío implicó reorganizar responsabilidades y construir una nueva dinámica de trabajo. Mónica pasó a tener una mirada general de la empresa, mientras que Milton asumió la dirección y quedó a cargo de la maquinaria y las herramientas. Para ella, la experiencia que había adquirido en el ámbito educativo fue una herramienta importante para afrontar esa transición.

“Me sirvió un poquito el hecho de haber estado en una institución educativa con mucha gente a cargo. Reciclé esa función, si bien aquello era mucho más chiquito y esto es mucho más grande”, explicó.

También recurrió a asesoramiento externo para adaptarse a las nuevas responsabilidades y reorganizar el área administrativa. La parte técnica ya contaba con una estructura de trabajo que permitió distribuir funciones entre encargados e ingenieros agrónomos.

El comienzo no estuvo exento de dificultades. Mónica reconoció que en un sector que históricamente tuvo una fuerte presencia masculina, al principio percibía cierta desconfianza entre algunos trabajadores. Con el tiempo, el trabajo cotidiano y la consolidación del equipo fueron construyendo otra relación.

“Cuando empezaron a ver que, a pesar de todo, continuábamos, empezaron a confiar más en mí como mujer. Hoy es un equipo súper consolidado”, señaló.

Sobre el lugar de las mujeres en la actividad agropecuaria, Mónica sostuvo: “Yo creo que somos importantes tanto el hombre como la mujer, y que debemos complementarnos”. Y agregó: “Hay que buscar la idoneidad: ser idóneo y punto, no importa el género”.

Desde entonces, RCM no solo logró sostener la actividad, sino que también creció. La empresa incorporó más hectáreas, sumó campos alquilados y renovó su maquinaria, incluso en un contexto marcado por dificultades económicas y climáticas.

“Crecimos un poco más. Hemos comprado más hectáreas, alquilamos más campos, hemos comprado también más maquinaria”, resumió Milton.

Para Mónica, continuar con ese crecimiento también significa cumplir con el proyecto que su esposo imaginaba para el futuro. Cuando la empresa dejó de ser una unipersonal y pasó a constituirse como sociedad anónima, Raúl expresaba su deseo de que el negocio perdurara a través de las generaciones.

“Yo quiero que esto perdure a lo largo de los años, con los nietos, los bisnietos”, recordó que decía. Hoy, después de su muerte, madre e hijo siguen trabajando para que ese deseo se concrete.

“Yo creo que sí, que si realmente existe la vida después de la muerte y puede vernos desde algún otro plano, hoy estará orgulloso, de que hayamos podido seguir, continuar con esto y haciendo lo que él quería”, expresó Mónica.

Tecnología para seguir creciendo: el tractor más grande del mundo

La incorporación del nuevo tractor se inscribe en una estrategia de renovación y mejora del equipamiento. Según explicó Milton, la empresa ya trabajaba con tractores de 400 HP, pero necesitaba una máquina con mayor potencia para operar con una sembradora de gran tamaño.

“Cuando la sembradora trabaja con los tachos de semillas llenos, el tractor consumía mucho combustible, tenía mucho patinamiento y se notaba el desgaste. Justamente por eso optamos por comprar este tractor”, detalló.

La máquina tiene 540 HP y fue adquirida a través de Castro, concesionario John Deere. La operación se concretó en marzo y, tras llegar al país desde Estados Unidos, quedó en la sucursal, en Rafaela, antes de su traslado al establecimiento. La empresa mantiene una relación comercial con la marca desde 1994.

La apuesta tecnológica, de todos modos, va más allá de la compra de maquinaria. RCM utiliza herramientas digitales para monitorear los equipos, registrar las tareas y controlar las actividades productivas. A través de plataformas como MyJohnDeere, pueden consultar el funcionamiento de los tractores y las máquinas, además de seguir el avance de las labores. También cuentan con sistemas para el seguimiento de plagas y las órdenes de trabajo se gestionan de manera digital.

“Siempre hemos sido un poquito los pioneros en ese tema. Mi marido también era muy de la tecnología; estamos siempre en todo lo último, pero no porque nos guste tener lo último, sino porque se optimizan tiempos y gastos. Es necesario”, sostuvo Mónica.

Esa capacidad de trabajo también fue importante frente a las dificultades climáticas de los últimos años, con sequías, problemas sanitarios y las inundaciones que afectaron a la región. Según contó, contar con un parque de maquinaria preparado les permitió completar la cosecha de soja y maíz en un escenario complicado.

La relación entre madre e hijo

La continuidad de RCM también se sostiene en el vínculo entre Mónica y Milton. Aunque tienen responsabilidades diferentes, mantienen un contacto cotidiano que combina las decisiones del negocio con la vida familiar.

“Tenemos nuestras discusiones, pero duran un ratito. Siempre mediamos todo y siempre se llega a buen puerto”, contó Mónica.

Una parte de esa dinámica transcurre durante el desayuno y también suelen compartir recorridas por los campos para controlar los cultivos, las labores y el estado de los silos bolsa. Milton procura acompañar a su madre en esas actividades y aprovechar el tiempo que comparten para seguir de cerca el funcionamiento de la empresa.

La reorganización que tuvieron que afrontar después de la muerte de Raúl terminó por consolidar una nueva forma de trabajar juntos.

Un reconocimiento que llegó sin buscarlo

Este año, Mónica también recibió un reconocimiento por su trayectoria. Fue distinguida entre las mujeres líderes de Santa Fe en el rubro Agroindustria y Ruralidad, en el marco de una iniciativa que reunió postulaciones de distintos sectores de la provincia.

Según relató, no sabía que había sido postulada. La iniciativa contempló una primera selección de 100 mujeres entre unas 1.000 participantes y, posteriormente, una votación del público. Mónica quedó entre las seleccionadas y recibió el reconocimiento en una ceremonia realizada en el Metropolitano de Rosario.

“Yo ni me lo imaginaba, porque realmente te tenías que postular o alguien te tenía que postular”, contó. La postulación llegó desde su localidad y, según recordó, la cantidad de votos que recibió también fue una sorpresa.

“Me llamó la atención que de mi pueblo, porque viste que nadie es profeta en su tierra, pero me votó un montón de gente”, señaló.

Milton la acompañó en la ceremonia. Para él, el reconocimiento también fue motivo de orgullo. “La verdad que el orgullo, no sé si es más grande el de ella, pero sí es mío”, expresó.

Mónica, en tanto, valoró que la distinción haya llegado como resultado de un trabajo que nunca tuvo como objetivo recibir un premio. “Cuando uno hace las cosas sin pensar en un premio, simplemente trabajando, llegan las mejores recompensas”, reflexionó.

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