Aftosa: la vigilia debe continuar

15deDiciembrede2000a las08:23

Alejandro Rollán

César Lábaque es un productor ganadero de la zona de Jesús María. Hastaagosto, su modelo de invernada estaba integrado por un plantel de alrededor de600 animales. Hoy, su rodeo apenas supera los 400 novillos y las dificultades dereposición cada vez son mayores. Su situación —que se multiplica por cientosen toda la provincia— es una de las tantas que generó la reaparición delvirus de la aftosa y las restricciones impuestas por el Senasa para elmovimiento de hacienda.

A cuatro meses de que el Gobierno nacional dispusiera la prohibición deltraslado de tropas de invernada y su concentración en feria, la medida deemergencia comenzó a gestar efectos negativos: los criadores no pudieroncomercializar sus terneros a tiempo, el pequeño productor se vio obligado amalvender sus animales, los invernadores disminuyeron su capacidad dereposición y los consignatarios vieron resentido su negocio.

Desde la resolución adoptada el 11 de agosto, sólo en el área deinfluencia de Jesús María se dejaron de comercializar mensualmente alrededorde cuatro mil animales para invernada y cría. “Es un gran perjuicioeconómico para la región”, diagnosticó Pedro Martínez, de la firmaconsignataria Raúl J. Romanutti.

La empresa tenía programado para el sábado 12 de agosto un remate especialde invernada y cría que debió suspender, además de devolver a destino losanimales en un plazo de 24 horas. Aquellas tropas, que por distancia no pudieronser remitidas, debieron ser alojadas en campos de la zona. Las ventas recién seprodujeron hace un mes. Durante este lapso, el costo de la manutención debióser afrontado por el dueño de los animales y la firma vendedora.

Más allá de los perjuicios individuales, la opinión generalizada es que,ante la aparición de síntomas de la enfermedad, la determinación del Senasafue la correcta. La Voz del Campo reunió en la sede de la Sociedad Rural deJesús María a productores, consignatarios de hacienda y técnicos con lafinalidad de analizar las consecuencias que dejó este período de veda.

La decisión de fijar una zona de vigilancia en la frontera con Paraguay y deinmovilizar la hacienda con destino a invernada en el mercado interno fue laprimera medida de control adoptada.

“Los métodos implantados a partir de la aparición de animales infectadosfueron los adecuados”, aclaró Miguel Angel Picat, presidente de la SociedadRural de Jesús María.

Posteriormente —el 29 de agosto—, la autorización para concentraranimales de consumo únicamente con destino a faena fue un síntoma deflexibilización en las restricciones sanitarias impuestas por el Senasa. Lamedida se complementó el 3 de octubre con la liberalización del movimiento dehacienda para los destinos de cría e invernada y todo tipo de concentracionesen las provincias de menor densidad ganadera del país.

La restricción todavía está en vigencia en Formosa, Chaco, Misiones,Corrientes, Entre Ríos, Buenos Aires, La Pampa y Santa Fe y Córdoba. En estasjurisdicciones, el traslado sólo se puede hacer entre establecimientos previamuestra de sangrado de la tropa.

En Córdoba, sólo en los departamentos Pocho, San Alberto, San Javier, Minasy Cruz del Eje está autorizado el libre movimiento de la invernada y laconcentración en feria.

La prolongación en el tiempo de la prohibición y la falta de fiscalizaciónha generado en la provincia —a juicio de los productores y corredores dehacienda— un mercado de comercialización por fuera de los controles.

“Lamentablemente, al no existir controles estrictos en la ruta con eltránsito de los camiones, los movimientos marginales se dan lo mismo”,indicó Juan Carlos Tay, de La Ganadera de Jesús María. Para el tránsito deanimales con destino a invernada o reproducción, las oficinas locales delSenasa tienen que otorgar el Documento para Tránsito Animal (DTA).

“Lo que ocurre e

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