Lo que la devaluación se llevó
La última crisis sepultó la confianza interna y externa de Argentina. ¿Qué puede pasar en el futuro?
La devaluación y la pesificación pasaron como tormentas por encima de nuestra sociedad, y se llevaron consigo muchas cosas, entre otras: el sistema bancario, la certeza en el futuro, la credibilidad en la justicia, nuestros ahorros, la pérdida de la confianza internacional y la solvencia del Tesoro Nacional.
No creemos más en los bancos, quienes acatando lo regulado por una legislación abiertamente inconstitucional que los favorece, no cumplen con los contratos que pactaron con los depositantes. Esta pérdida de la confianza, llevará años en recobrarse, y mientras tanto, la economía nacional se queda sin agentes financieros para intermediar entre ofertantes y demandantes de crédito. Es decir, nos quedamos sin bancos y sin créditos.
Perdimos la confianza en la moneda nacional, que vuelve a ser una unidad de cuenta de dudoso valor como tal, y casi nulo como reserva de valor, ya que los ahorristas temen acumular sus excedentes en pesos, más aun teniendo en cuenta que nadie o casi nadie está dispuesto a llevar sus ahorros a un banco ¿Quien ahorraría en pesos para guardarlos en un colchón o caja de seguridad?. Nos quedamos sin moneda
Perdimos la confianza en la justicia, que demoró treinta días en declarar inconstitucional al corralito cuando cualquier estudiante de escuela secundaria con Instrucción Cívica cursada entiende abiertamente que esa norma era alevosamente violatoria del artículo 17 de nuestra Constitución. Nos quedamos sin Justicia.
Perdimos poder adquisitivo, tanto sea para los pobres ahorristas, a quienes se les licuaron sus ahorros en dólares, como para los asalariados y jubilados, que mantienen su ingreso nominal en pesos, pero que a la hora de comprar, los precios se niegan en forma caprichosa a verificar que la inflación de enero fue del 2,3% como miente el Indec. Somos más pobres.
Plagados de incertidumbre
Perdimos la posibilidad de proyectar el futuro de nuestros destinos económicos familiares y empresarios porque no sabemos a ciencia cierta que valor tendrá nuestro dinero y nuestro trabajo. Si usted tuviese hoy que comprar un novillo a un ganadero para exportarlo ¿A que precio lo pagaría? ¿Cómo sabe que cuando cobre esa venta del exterior, la paridad a la que el BCRA le pagará esa divisa estará por encima o por debajo del precio que hoy usted debe pagar?. Nos quedamos sin certezas.
Perdimos totalmente la credibilidad internacional, declarando unilateralmente la moratoria en los servicios de intereses y de capital del endeudamiento público, cortando definitivamente el flujo de capitales internacionales hacia nuestro país, y ni siquiera en lo que va desde la alegre declaración de Rodríguez Saá de suspensión de los pagos, se han dado ningún tipo de señales al mundo de nuestro interés o voluntad de honrar nuestros compromisos. Somos cada vez más, un país no confiable del tercer mundo.
Perdimos la posibilidad remota, pero posibilidad al fin, de pagar nuestra deuda pública, porque la misma, que rondaba los 130.000 millones de dólares, está pactada casi en su totalidad en esa moneda, y a esa cifra hay que sumarle el alegre revoleo de bonos que se viene para compensar a los ahorristas que tenían garantía (¿garantía?) del BCRA por sus depósitos y para compensar a los bancos por el diferencial de pesificar 1 a 1 sus créditos y pagar 1 a 1,40 a los depositantes.
Dicen los que saben (¿saben?) que se sumarían unos 30.000 millones más de deuda. Mientras tanto, el Estado ahora cobra todos sus ingresos fiscales, tributarios y no tributarios en pesos.En buen romance, cuando alguien paga su jubilación de autónomo por unos doscientos pesos, ya no son doscientos dólares, son probablemente la mitad. Es decir, somos como sociedad, en conjunto, sensiblemente más
