Japón, Canadá, los EE.UU. y la lección de la BSE

Los importadores asiáticos exigen a los EE.UU. que les aseguren el origen de la carne que les envían. Es a raíz del caso de vaca loca en Canadá

04deJuliode2003a las08:32

La aparición de un vacuno con BSE en Canadá, en mayo pasado, está socavando el sistema de seguridad alimentaria, no tanto en Canadá como en los EE.UU.

Tras la confirmación del caso, los EE.UU. cerraron la frontera al ingreso de ganado y carne vacuna canadiense, país con el que mantienen un comercio muy intenso.

El punto es que Japón, a quien los EE.UU. le venden carne vacuna por u$s2.000 millones al año, exige a los exportadores de ese país que les aseguren que en los envíos cárnicos no hay cortes provenientes de animales canadienses.

En la práctica, esto significaría identificar el origen de la hacienda y luego implementar un sistema de trazabilidad o rastreabilidad para preservar esa información a lo largo de la cadena comercial, cosa que aparentemente el sector de ganados y carnes en los EE.UU. no tiene desarrollado.

Los ganaderos canadienses esperaban que el 1º de julio sus vecinos americanos levantaran parcialmente las restricciones, pero la presión de sus pares al otro lado de la frontera lo impidieron. La American National Cattleman’s Beef Association le envió una nota a la secretaria de Agricultura Ann Veneman diciéndole que la reapertura de la frontera debería tomar en cuenta los efectos en otros socios comerciales de los EE.UU., en alusión a los importadores japoneses.

Terry Stokes, gerente de la asociación, le sugería a la funcionaria que permitir el ingreso de una cantidad mínima de carne canadiense puede comprometer el mercado japonés, dado que su país no cuenta con un sistema de trazabilidad de carnes.

Tiras y aflojes

Japón tuvo su propio brote de vaca loca en septiembre de 2001 y tanto los EE.UU. como Canadá prohibieron el ingreso de carne vacuna japonesa, a pesar de que sólo ingresan en esos mercados volúmenes mínimos del producto oriental.

A raíz del brote, Japón desarrolló un esquema de trazabilidad interno y quiere exigírselo a sus proveedores internacionales. “La aparición de BSE en Canadá proveyó el argumento ideal para que Japón exija a sus proveedores que comiencen a implementar sistemas de trazabilidad”, sostienen los productores canadienses. En una reunión de la canadiense Alberta Beef Producers, realizada a mediados de junio, el vicepresidente de la consultora Sparks Companies, Richard Anderson, dijo al auditorio que más tarde o más temprano, tanto Japón como Corea del Sur iban a terminar por exigir trazabilidad.
Es más, Gary Sargent, gerente general de esa asociación, dijo que era entendible que los japoneses presionaran por ello, dado que ninguno de los dos países han reabierto sus fronteras a las compras de productos vacunos japoneses.

Etiquetar el origen

Desde Buenos Aires, Agustín David, director de Orgainvent Argentina SRL, explicó que si bien los sistemas de control de procesos en los EE.UU. son muy avanzados, el país carece de un sistema que permita conocer el origen del producto. “Industriales y productores se oponen a la identificación de origen porque eso les supondría mayores costos, que terminarían trasladando a los consumidores, lo cual podría resentir el mercado”, explicó el empresario, cuya empresa se dedica a la auditoría de sistemas de trazabilidad.

“Sin embargo, son las asociaciones de consumidores las que promueven el etiquetado, para poder saber qué es lo que están comiendo”, agregó. Precisamente, los mismos canadienses admiten que el lobby que hicieron en el parlamento norteamericano para trabar los proyectos de etiquetado y denominación de origen se les ha vuelto en contra.

“Irónicamente, si el etiquetado hubiera estado vigente en los EE.UU., posiblemente la frontera podría ya estar abierta a las exportaciones de ganado y carne”, dice un art

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