Urge un mecanismo contra concentración de mercados

La Junta de Granos evitará las deformaciones de la estructura productiva

08deJuliode2003a las08:20

Por Ricardo Taffarel (*)
Columnista de Ambito Financiero

Con el fin de promover la actividad agropecuaria en la Argentina y defender los intereses de los productores del sector, presenté semanas atrás un proyecto de ley, para que sea tratado en la Cámara de Senadores, que plantea la creación de una Junta Nacional de Granos.

En general es unánime la postura de la ciencia económica sobre la inconveniencia de dejar librado totalmente al mercado el funcionamiento de una actividad, que no responda a los requisitos de una sana competencia. Desde los economistas clásicos, fundadores de esta ciencia, hasta las vertientes liberales más ortodoxas como los neoclásicos, se reconocen las virtudes autorreguladoras de las fuerzas del mercado, en la medida en que éste no presente «imperfecciones». Pero el propio Adam Smith es consciente de que cuando el egoísmo empresario no tiene los topes naturales de la competencia, el resultado puede ser desastroso en términos de asignación de recursos y de distribución de la riqueza.

El caso del mercado de granos es un ejemplo típico de una elevada concentración, ya que históricamente, en la Argentina y en el mundo, ha sido manejado por un reducido grupo de grandes empresas comercializadoras, que llevaron adelante prácticas de manejo de precios que perjudicaron a los productores de los países periféricos. Es ilustrativa de este mercado concentrado la información sobre los 50 principales exportadores de nuestro país, donde figuran algunas grandes firmas cerealeras mayoritariamente extranjeras, en un ranking en cuyo tope aparece Cargill.

¿Qué diría la teoría económica sobre este mercado tan concentrado? Que la famosa «mano invisible» de Smith deja de funcionar porque ya no existe la libre competencia. Desde una de las partes, la más fuerte, hay posibilidades de acordar precios e imponerlos a la parte más débil (no hay negociación posible).

El comercio de granos en nuestro país ha demostrado un grado superior de concentración a raíz de varios factores, dentro de los cuales la falta de regulación ha provocado que los pequeños y medianos productores se encuentren desprotegidos y a merced de las grandes empresas comercializadoras.

Observando el comportamiento de los países más desarrollados, podemos comprobar una tendencia histórica, que se mantiene y profundiza en los momentos de crisis y recesión. Aunque pregonan las ventajas del libre comercio, en la práctica es muy fuerte la intervención del Estado, que busca beneficiar a sus productores a través de diferentes mecanismos, como el proteccionismo, los subsidios, la regulación y hasta la intervención directa en la comercialización (en algunos casos en forma monopólica, como sucede con Canadá).

• Competitividad

Si bien el agro argentino mostró su potencialidad en los últimos años, no debemos esperar que la sola producción de granos vaya a llevar al desarrollo del país y del grueso de los productores del campo. Hoy el mundo tiende a la generación de nuevas ventajas competitivas, que no pasan por la venta a granel, sino por agregar valor a la producción, diversificar la oferta, agregarle inteligencia, promover el efecto multiplicador en nuevas actividades agroindustriales, y de esta manera hacer que los beneficios lleguen al conjunto de los productores.

En el caso de la Argentina, vemos con preocupación cómo el Estado fue abandonando su rol de orientador y promotor, sin políticas activas para el desarrollo integral de la actividad, lo que en el sector granario tuvo consecuencias graves. La mencionada concentración de la comercialización golpeó especialmente a los más débiles de la cadena productiva, pero también el abandono de las responsabilidades del Estado le quitó la visión estratégica que necesita cualquier proceso de des

Temas en esta nota