Carne y forrajeras en el Chaco árido cordobés

En mi carácter de ingeniero agrónomo, con 23 años desempeñándome en la zona noroeste de Córdoba, quisiera aportar mi visión sobre la nota “A las puertas de una nueva frontera”, publicada en La Voz del Campo del último viernes.

25deJuliode2003a las08:13

Por Enrique Seia Ingeniero agrónomo

En mi carácter de ingeniero agrónomo, con 23 años desempeñándome en la zona noroeste de Córdoba, quisiera aportar mi visión sobre la nota “A las puertas de una nueva frontera”, publicada en La Voz del Campo del último viernes.

He trabajado no sólo en la conducción técnica de distintos establecimientos sino también en el desarrollo de experimentación adaptativa, como la creación de un jardín de introducción de especies forrajeras megatérmicas; la primera implantación a gran escala de cencrus ciliaris (buffel grass), variedades Texas 4464, nueces y llanos, y la puesta a punto de la técnica de desmonte selectivo conjuntamente con la Estancia La Magdalena (Villa Dolores). Todo en compañía y de la mano de profesionales de prestigio internacional, tales como los ingenieros agrónomos Raúl Díaz, Ulf Ola Karlin y el ingeniero Ricardo Ayerza (h).

Caracterización

La región donde está situada la localidad de Serrezuela pertenece a lo que se denomina el Chaco Árido, un área caracterizada por un déficit hídrico marcado (menos de 790 milímetros anuales), una elevada evapotranspiración (1.500 milímetros anuales), un régimen de precipitaciones promedio normalizado de 400 milímetros anuales, con suelos clase VII. La vegetación pertenece a la región fitogeográfica del Chaco, empobrecida por la permanente presión antrópica (tala, sobrepastoreo, etcétera), en donde se reduce el número de especies arbóreas y aparecen las especies arbustivas indeseables, todo lo cual ocasiona una disminución de la receptividad ganadera de los campos (una receptividad modal sobre la pastura nativa del orden de la 16 a 20 has/EV).

Ello se traduce en una permanente expulsión de mano de obra hacia los cordones marginales de ciudades como Córdoba y Buenos Aires, y una continua desertificación.

Sin emitir un juicio de valor sobre los entrevistados en la nota, hubiera sido interesante recurrir a profesionales de reconocida solvencia técnica y con resultados evidentes en el quehacer pecuario, tales como los técnicos del Inta de Cruz del Eje o profesionales de la actividad privada que desde hace tiempo vienen “peleándola” con la falta de una política sectorial para el árido y los rigores ambientales propios, tales como los doctores Claudio Izzi G., Edgar Biole y José Laudin, y los ingenieros Miguel Pelliza, Ruth Campos, Javier Crespo, Javier Scheifemgraf y Miguel Barreda.

Régimen de lluvias

Es cierto que las precipitaciones de los últimos años fueron más que generosas y que hubo registros superiores a la media histórica normalizada, pero no se pueden tomar como registros pluviométricos reales los mencionados por Emilio Dequino, puesto que dichas precipitaciones no son generalizadas en toda la zona. Ésta se caracteriza por precipitaciones aisladas, con falta de homogeneidad territorial.

A lo dicho debe sumarse que los registros que se realizan son hechos con “pluviómetros” no homologados por el Servicio Meteorológico Nacional, que van desde un tarro de conserva de un litro, medidos con una regla, a pluviómetros plásticos.

Cuando se producen precipitaciones elevadas, éstas suelen tener baja eficiencia de absorción dado que son chaparrones breves e intensos y los potreros suelen tener un alto porcentaje de suelos desnudos, pendientes que oscilan entre 0,1 y 0,5 por ciento. Además, los perfiles edáficos poseen un bajo porcentaje de materia orgánica, todo lo cual hace que esas “elevadas” lluvias sean muy pocos eficaces, de no mediar adecuados manejos de los potreros, con bordes de absorción (Estancias La Esperanza, de Serrezuela, 1982)

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