Recomiendan programar las compras de alimentos

Es para disminuir el impacto de la volatilidad en los precios de los ingredientes de la dieta. Este año se registraron aumentos de 30 a 40 por ciento en el costo del engorde.

21deNoviembrede2003a las08:52

“En esta época del año, me refiero a noviembre y diciembre, podemos planificar la cantidad de suplementos que necesitaremos para el próximo ciclo de engorde, como ser afrechillo de trigo o raicilla de cebada, y no esperar a comprarlos cuando lleguen los meses de mayo a junio, sino entre diciembre y febrero, cuando estos subproductos se convierten en un ‘tapón’ de las agroindustrias que los generan”, explicó Aníbal Fernández Mayer, un ingeniero agrónomo especializado en nutrición animal, y que trabaja en la agencia que el INTA posee en Cnel. Pringles, en el sudoeste bonaerense.

El profesional destacó el caso de dos subproductos muy utilizados localmente para la formulación de dietas: el afrechillo de trigo y la harina de girasol. Esta última se conseguía a menos de 60 dólares entre enero y marzo de este año. En junio, ya se había colocado en la banda de los 85 y 90 dólares por tonelada, aunque, como ya se mencionó recientemente en Infochacra, la suba del precio continuó hasta el presente, para ubicarse en valores de 140 dólares.

“En el caso del afrechillo, a comienzos de año valía entre 120 y 140 pesos por tonelada y no había quién lo comprara. Para junio o agosto cotizaba en $200, y lo que no había era oferta”, señaló el profesional.

Para él, la conclusión es muy clara. El productor ganadero puede estimar cuál será su demanda de suplementación, pero no en el otoño sino en el verano, y planificar la compra anticipadamente, con ahorro en los costos de la alimentación que le puede representar hasta un 30 o 40 por ciento del total.

“Muchos tamberos preparan un lote de animales para sacar a la venta, al solo objeto de financiar la compra de los alimentos. Los engordadores podrían hacer algo similar”, comentó el técnico.

Caro, el kilo ganado

Fernández Mayer desarrolló un programa de computación para el cálculo de los costos de alimentación en función de los ingredientes de la dieta, el tipo de animal, el objetivo de la ganancia de peso y, por supuesto, el precio de los ingredientes.

Con los valores actuales, un novillo de tipo británico, que gane un kilo por día, y que es llevado a un peso de terminación de 450 kg (tipo exportación) requiere $2,39 en alimentos, para cumplir ese objetivo. Esto, sobre la base de una dieta con 40 por ciento de silaje de maíz, 40 por ciento de grano de maíz y 20 por ciento de harina de girasol. “Si en vez de estos ingredientes utilizamos rollo de pastura, maíz y raicilla de cebada, el costo de ese kilo ganado se nos va a $2,80, lo cual es claramente antieconómico”, manifestó el profesional.

En cambio, un sistema basado en verdeos y suplementado con silaje, grano y una fuente de proteína reduce el costo del kilo ganado a $1,30 o 1,35, explicó Fernández Mayer. El encierre a corral, en tanto, le da el grado de terminación adecuado para el mercado, lo cual valoriza el conjunto de los kilos que posee el animal.

El técnico hizo referencia a la importancia de mantener una misma dieta durante el ciclo de engorde. Por ejemplo, en un campo en Salliquelló se utilizó una dieta de terminación con 30 por ciento de harina de girasol, 20 por ciento de grano de maíz y 50 por ciento de silaje, que logró ganancias de peso de 1,3 kg/día. Sin embargo, faltando treinta días para finalizar el engorde -previsto en 70 a 80 días- se terminó la harina de girasol y no se la podía reponer. “La dieta se reformuló, utilizando un trigo sin valor comercial que tenían en el campo, lo cual hizo bajar la ganancia de peso en 300 gramos, porque el trigo deprimió el consumo de los animales”, refirió el profesional.

De ahí la importancia de prever las compras de los ingredientes de las dietas, co

Temas en esta nota