La directa hace pie en los campos ganaderos.

Una vez más, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) apeló a su poder de convocatoria y a su trampolín tecnológico como herramientas de persuasión (y convicción) para fomentar el desarrollo de sistemas mixtos e integrados...

13deMayode2005a las09:30

Rosario. Una vez más, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) apeló a su poder de convocatoria y a su trampolín tecnológico como herramientas de persuasión (y convicción) para fomentar el desarrollo de sistemas mixtos e integrados, en los que la ganadería forme parte del esquema de rotación con siembra directa.

Con la presencia en la apertura del secretario de Agricultura de Santa Fe, Daniel Costamagna, casi 700 productores y técnicos participaron entre el miércoles y ayer en la Bolsa de Comercio de Rosario del segundo Simposio Nacional de Sistemas Ganaderos en Siembra Directa. Los ejes fueron el ya “clásico” uso eficiente del suelo, pasturas y verdeos, la necesidad de diagnósticos precisos, el despegue de zonas marginales y la incorporación de nuevos paradigmas en la mentalidad del productor. “Es importante el desarrollo del criterio agronómico, porque hay que diagnosticar en función de cada situación”, remarcó Jorge Romagnoli, al frente de Aapresid, en la apertura del encuentro.

Al fin y al cabo, tal como menciona Juan Elizalde (EEA Inta Balcarce), en un trabajo sobre la inserción de la tecnología en la ganadería, “la integración de la siembra directa a los sistemas ganaderos no cuenta aún con evidencias experimentales sólidas”.

Es por ello que los productores prestaron especial atención a los desarrollos realizados en diversas regiones del país, como es el caso de la incidencia de la siembra directa en las reservas para producción lechera, que expuso el cordobés Carlos Oddino, o los ciclos completos de ganadería en el nordeste de Santiago del Estero que relató Oscar Melo.

De todos modos, quedó claro que ninguna experiencia es extrapolable por sí sola, y que es imprescindible conocer cada centímetro de la propia explotación, ya que los límites no pasan por la tecnología, sino por las posibilidades de aplicación.

Agrolandia

Como un cuento de un país imaginario llamado “Agrolandia”, el productor Carlos García Ferré (Rojas, Buenos Aires) apeló al recurso de la fábula para contextualizar su situación. Y contrastó las experiencias de personajes verosímiles bautizados como Glifoseto Sojales, monocultor de soja; Hortensio Quintachauchas, agricultor de rotación; y Tiléforo Areco, un productor mixto.

Según García Ferré, la historia le reserva mejores resultados a este último. Y casi en la piel de ese personaje, relató su propia experiencia en campos de la zona núcleo bonaerense con ganadería intensiva. “Es una idea viable, porque la siembra directa no es un sistema de producción, sino una técnica que permite un mejor uso del suelo y ayuda a las pasturas”, expresó.

El productor aseguró que el esquema mixto le quita menos nutrientes al suelo (excepto calcio), y que si bien obliga a una mayor inversión, genera una rentabilidad interesante, además de convertir al ganado en “una especie de caja reserva financiera”, tal como apuntó Romagnoli.

En la “Agrolandia” de Melo, en cambio, la experiencia está en zonas de menor injerencia agrícola, como Quimilí y Otumpa (Santiago del Estero), cuyo escenario productivo se asemeja a las condiciones que imperan en el norte cordobés.

Los establecimientos cuentan con un 90 por ciento de pasturas (en sistema silvopastoril) y un 10 por ciento destinado a soja y sorgo granífero y forrajero. Sin la aplicación de fertilizantes ni herbicidas, los campos trabajan con siembra directa (permitió aumentar la materia orgánica) en un sistema integrado de ganadería para ciclo completo. “Tenemos 150 kilos de producción de carne por hectárea, con una tasa d

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