Trigo y soja: la clave para combatir las pérdidas es actuar en el momento justo - fyo.com desde la 1° Jornadas de Fungicidas.

Primeras Jornadas Regionales de Fungicidas y Tecnología de Aplicación del Cono Sur

14deSeptiembrede2005a las14:50

Los efectos negativos de las patologías sobre el rendimiento y la calidad de los cultivos se incrementaron notablemente en los últimos años. Por eso, el Ing. Agr. Ms. Sc. Marcelo Carmona de la FAUBA, reveló cual es la estrategia para combatirlos

El panorama sanitario del cultivo de trigo en la Argentina y en el Cono Sur es diferente al de diez años atrás. "El monocultivo, la difusión de genotipos susceptibles, el uso de semillas infectadas, los cambios climáticos y la poca diversidad de cultivares sembrados, contribuyeron al aumento de la ocurrencia e intensidad de enfermedades". Así lo afirmó el Ing. Agr. Ms. Sc. Marcelo Carmona, de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), en su exposición "Ecofisiología de trigo y soja, daños por enfermedades y ubicación estratégica del uso de fungicidas".

En el marco de las Primeras Jornadas Regionales de Fungicidas y Tecnología de Aplicación del Cono Sur, organizadas por Technidea -empresa dedicada a la capacitación agropecuaria- y que se realizan hoy y mañana en la Bolsa de Comercio de Rosario, Carmona señaló que "las pérdidas ocasionadas por daño en el cultivo de trigo en América del sur, oscilan entre el 20 y el 30 por ciento, valores que pueden ser mayores, según el genotipo, las características del patógeno y las condiciones ambientales".

Al referirse a los principales procesos biológicos afectados por los patógenos, mencionó "la fotosíntesis, la respiración, la translocación de agua y nutrientes, y la reproducción, y pueden expresarse en una disminución del contenido de clorofila, mal funcionamiento o destrucción de cloroplastos, cambios energéticos, hormonales, bioquímicos e hídricos".

Las enfermedades foliares afectan la generación del rendimiento por tres motivos. Uno de ellos es que "los patógenos ejercen su parasitismo aprovechándose de la energía producida por el cultivo. Así -según puntualizó Carmona- los parásitos colonizan, crecen y se reproducen exclusivamente a expensas de la planta, generándole pérdidas de carbohidratos y nutrientes, que se podrían haber destinado a la reproducción. Por otra parte, la mayoría de las enfermedades foliares producen clorosis, necrosis, afectan la fotosíntesis, disminuyen la intercepción de radiación y aumentan la reflectancia. Además, suelen generar senescencia y desfoliación, afectando la intercepción lumínica".

Carmona afirmó que "la enfermedad, debe estudiarse en función de su agente causal (biotrófico-necrotrófico), momento de aparición en el ciclo ontogénico del trigo, su intensidad de ataque (incidencia-severidad) y del tipo de órgano más comprometido".

El patógeno no sólo afecta el rendimiento sino también la calidad de la semilla cosechada. Por eso, para evitar los daños y pérdidas, "el productor dispone del Manejo Integrado de Enfermedades (MIE) que jerarquiza tácticas y estrategias que aseguran la sustentabilidad".

En los últimos años, en la Argentina, se destinaron recursos para el uso de fungicidas con el objetivo de maximizar los rendimientos. "Determinar el momento oportuno de la aplicación química -dijo Carmona- es una tarea crucial que define el éxito o fracaso de la tarea. Un fungicida no es una poción mágica sino una herramienta. Para controlar enfermedades foliares debe aplicarse en el momento en que el cultivo pueda beneficiarse por el aumento del área fotosintéticamente activa. Un fungicida no aumenta el rinde ni es una panacea por si mismo, sino que, permite expresar el potencial de rendimiento del genotipo, eliminando el factor enfermedad".

De acuerdo con lo expuesto por Carmona, en algunos cultivos de granos se determinaron períodos fenológicos y fisiológicos denominados "críticos" por

Temas en esta nota