El maíz carga con su roya.

Jorge Romagnoli, titular de AAPRESID, afirma que las enfermedades son el nuevo desafío a superar en maíces de alta productividad.

22deOctubrede2005a las07:57

El cultivo de maíz es, de los cultivos tradicionales, el que mayor respuesta productiva muestra a la mejora del ambiente productivo. En este contexto, hablar de lotes con rindes por encima de 15.000 kg/ha en zona núcleo no parece tan descabellado.

La clave pasa por ofrecerle al cultivo ambientes que permitan expresar su potencial, lo cual viene de la mano de la siembra directa, la rotación de cultivos y una adecuada estrategia de nutrición, entre los factores más destacados.

Sin embargo, como siempre se manejan sistemas biológicos, aparecen nuevas limitantes que no eran consideradas en otros contextos productivos. Y este es el caso de las enfermedades.

Al respecto, Jorge Romagnoli —actual presidente de AAPRESID— en una nota sostuvo que hace dos años él ya planteaba a las enfermedades como el nuevo desafío a superar en maíces de alta productividad.

"Dejando de lado errores de manejo —como escapes de malezas, mala nutrición o ataques de plagas como Diatraea— existen algunos problemas como enfermedades fúngicas en raíces, vuelco, aparición de plantas de escaso desarrollo y roya, como nuevos desafíos a resolver", destacó Romagnoli.

Y específicamente, la roya es una de las enfermedades que de manera creciente viene preocupando a muchos productores.

Se trata de una enfermedad producida por el hongo Puccinia sorghi, "comprobándose en Argentina al menos la existencia de 4 razas distintas", destacó el fitopatólogo Marcelo Carmona.

Al respecto, el profesional de la UBA agregó que a nivel mundial "los daños oscilan entre el 10 y el 30%, siendo en Argentina una enfermedad frecuente pero con ataques severos esporádicos".

Sin embargo, coincide con la percepción de "que es un problema creciente en las últimas campañas". Es más, el uso de fungicidas para el control de la enfermedad es una práctica habitual para los criaderos para proteger a las línea parentales utilizadas en la producción de híbridos.

También se está difundiendo la utilización de fungicidas en maíces pisingallo (para pop corn) debido a la susceptibilidad mostrada por muchos de estos materiales.

El hongo causal de la enfermedad es clasificado como "organismo biotrófico" (absoluto). "Lo que implica que extrae nutrientes única y exclusivamente de tejidos vivos, significando la muerte del huésped el final del parasitismo", aclaró Carmona. Un dato interesante es que el hongo cumple su ciclo de vida completo en Argentina, parte sobre maíz y parte sobre malezas del género Oxalis. (ver El ciclo).

Una vez que las esporas del hongo (específicamente las uredosporas) se depositan en las hojas de más, germinan y penetran en la planta a través de unas pequeñas abertura de las hojas, llamadas estomas. Posteriormente, se produce la infección que normalmente se localiza muy próxima al lugar en que se produjo la penetración.

Al tiempo, aparecerá la sintomatología visible a campo. "Se trata de pústulas, que son más abundantes en las hojas, de forma circular a alargada, inicialmente de color marrón—dorado a canela", afirmó Carmona.

Estas lesiones, con la madurez de la planta se torna más oscuras, y en casos graves "puede producir clorosis y muerte de láminas y vainas de las hojas", agregó el especialista.

Estrategias de manejo

Hasta el momento, la herramienta principal para el manejo de la enfermedad ha sido, y sigue sien do, la búsqueda de resistencia genética. Es decir que, a nivel productivo, la decisión pasa por la selección de un material u otro.

Sin embargo, hay varios híbridos con excelente potencial de rinde y adaptabilidad a buenos ambientes, que muestran susceptibilidad a la roya. En estas situaciones, la aplicación de fungicidas aparece como una alternativa que va ganando espacio.

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